Detrás de cada movimiento en escena de Javier Martín no hay solo un afán estético. Cada gesto, cada posición, cada quietud atesora una razón esencial y una profunda reflexión conceptual que lo conecta con el alma, que es lo que verdaderamente interesa al coreógrafo y bailarín coruñés. «Trabajar las coreografías desde el cuerpo es una manera muy superficial de actuar», comenta. En su nuevo espectáculo, «Control», se encarga de demostrarlo
Carlos Crespo