La ciudad se enfrenta a sus primeros días con la nueva ubicación de la estatua de Franco, tras décadas en la entrada de la urbe Entró por el mismo lugar de donde había salido hacía treinta y cinco años, pero con una expectación totalmente diferente. Aquel tiempo le valió a una ciudad para acostumbrarse -a la fuerza unos, con cariño otros- a la presencia de Franco recibiendo a cuanto visitante se acercaba a Ferrol. Ayer el pedestal amaneció vació; y los vecinos, descolocados. Había caído la referencia de una ciudad en apenas unas horas, a ritmo de brindis y de lágrima. Luego, en cuestión de minutos, el Concello cedía de modo indefinido la estatua de la Armada. Unos siguen criticando; otros, aplaudiendo. Pero también hay quien se quedó indiferente.
R. SANTAMARTA
/
H. J. PORTO