En la posguerra y con un conflicto arrasando el mundo, los vigueses vivieron en 1944 un nuevo verano cargado de privaciones y de normas que imponían hasta qué tipo de bañador debían usar
Los viajes, tanto al extranjero como a localidades cercanas, eran una actividad extendida en todos los estamentos de la sociedad viguesa, que inicia la conquista de los arenales Samil
Además de las fiestas más antiguas de la ciudad, las calles rivalizaban por organizar los mejores bailes, siempre promovidos por un grupo de «simpáticas señoritas»
La ciudad se resintió del inicio de la Primera Guerra Mundial, pero también vivió un gran drama con la extensión de una infección tifoidea a través del abastecimiento de agua potable