La inexplicable tibieza del BCE para no acabar de golpe con los «binladen»

Los billetes de 500, ligados a actividades opacas e ilícitas, suponen casi el 80 % del dinero que circula en España

Los billetes de 500 euros Los billetes de 500 euros

madrid / la voz

Existen, sí, pero casi nadie los ha visto. Por eso acabaron bautizados como los binladen. Son los billetes de 500 euros, de color morado que, según la encuesta realizada por el Banco Central Europeo (BCE) entre ciudadanos de ocho países -y aún de referencia-, más del la mitad de los europeos no lo ha tenido jamás en sus manos (el porcentaje baja al 44 % en el caso de los de 200 euros). Lo llamativo es que en España esos esquivos billetes de alta denominación suponen algo más del 77 % del dinero en circulación, o lo que es lo mismo, 32.399 millones a fecha del pasado marzo, según los cálculos del colectivo de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), a partir de los datos del BCE y del Banco de España.

El pasado día 4 el supervisor confirmó que a partir de finales del 2018 no emitirá más papel moneda de la máxima denominación. Lo hizo después de en febrero el presidente del BCE, Mario Draghi, anunciara ante el Parlamento europeo que estaban «estudiando acciones» porque los billetes del 500 euros «son vistos cada vez más como un instrumento de actividades ilegales». No emitirá más, pero no los retirará. Es decir, que los billetes que ya están en circulación continuarán siendo de curso legal.

La decisión se fundamenta, como avanzó Draghi, en que el uso de los billetes morados está vinculado a actividades ilícitas, desde fraude, a evasión fiscal o corrupción, y hasta que «facilita» la financiación del terrorismo.

La explicación está en que, dada su alta denominación, permite transportar grandes cuantías de dinero ocupando muy poco espacio: se calcula que un millón de euros en billetes de 500 pesa poco más de dos kilos y cabe en el maletín de un portátil, mientras que la misma cantidad en billetes de 50 euros se dispararía a los 22 kilos y requeriría el espacio de una maleta.

Una medida «cosmética»

«Nos sorprende que el BCE haya sido tan condescendiente. Justifica su decisión de dejar de emitirlos en que el uso del billete de 500 está vinculado al fraude, la corrupción o la financiación del terrorismo, pero no los suprime como moneda de curso legal, que sería la mejor forma de atajar esos ilícitos», señala José María Mollinedo, secretario general de Gestha. «Si no se ha adoptado otra decisión más contundente es porque conscientemente no se ha querido», añade.

También el colectivo de Inspectores de Hacienda del Estado (IHE) comparte el análisis del escaso calado real de la medida. Ambos sostienen que es poco más que «cosmética» porque al no imponer limitación alguna -ni plazo, ni cuantía, ni explicación sobre su origen- para cambiar los billetes en el Banco de España, como sí ocurrió con la retirada de la peseta, no saldrán de la circulación ni se detectará su potencial procedencia ilícita.

«Quienes los tienen en su poder los irán gastando en función de sus necesidades. Y cuando esos billetes lleguen al Banco de España, se almacenarán, no se destruirán, de modo que si por una reactivación económica del país los volvieran a requerir, volverían a circular y, de nuevo, gran parte se traspasarían al circuito B», explica Mollinedo, que recuerda que cuando el euro sustituyó a la peseta «hubo una transición blanda, pero al menos tenía limitaciones (temporal y cuantitativa para cambiar las pesetas por euros), cosa que ahora no se va a producir».

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