Alerta sobre el «error descomunal» de volver al pasado
16 may 2016 . Actualizado a las 17:28 h.Hay batallas perdidas de antemano. Una de ellas es intentar convencer a Mariano Rajoy de que fiarlo todo a la gestión económica de los últimos cuatro años podría ser cuestionable como estrategia a tenor del desgaste sufrido en cada convocatoria electoral. Lo saben sus colaboradores y aquellos dirigentes del PP que aseguran habérselo trasladado al presidente desde que comenzó con los comicios europeos la rueda sin fin de elecciones. Pero el líder de los populares se resiste a variar su discurso, convencido como está de que la evolución de la crisis le «avala» y de que los signos de recuperación son el puntal de su política, la razón por la que los votantes decepcionados deberían volver a la casa popular y darse cuenta de que apostar por el resto de opciones es un «error descomunal».
No hay vuelta de hoja. El propio lema de la precampaña funciona como un preludio de lo que está por venir: «Ahora más que nunca, España en serio». Que es tanto como decir: insistimos. En su equipo creen que el mensaje económico contribuye a afianzar la imagen de un presidente del Gobierno capaz de ofrecer «la sensatez, la cordura y el sentido común» que defendía este sábado, frente al «espectáculo» del resto de formaciones. «Es el único de los cuatro con experiencia de gestión», subrayan en su entorno más cercano, donde comparten que al final el empleo es la preocupación primera de los ciudadanos.
Dos millones de empleos
Con esa convicción, Rajoy viajó ayer a Málaga y desde allí volvió a prometer la creación de dos millones de puestos de trabajo en cuatro años y alertó sobre una alternativa política que pretende reducir a cenizas la hoja de ruta del Ejecutivo. «Sería enormemente negativo para España y los españoles -sentenció- hacer tabla rasa de toda las reformas, liquidarlo todo y volver a la situación del año 2011, a la cual entiendo que no hay español en su juicio que quiera volver».
Todo en esta precampaña suena a repetido. Hasta las promesas, que ya fueron formuladas para los comicios del 20 de diciembre y que ahora serán integradas en ese programa electoral con ligeros retoques que serán resumidos el 4 de junio en un acto en Barcelona. En ese compendio de propuestas se incluirá, como reiteraba el líder de los populares, la de promover que durante los cuatro años iniciales de un contrato indefinido, el empresario no tribute a la Seguridad Social por los primeros 500 euros, y el compromiso de que se intentará reducir impuestos siempre que la recaudación lo permita.
Ser previsible no es, sin embargo, un factor que preocupe al PP. A eso juega precisamente el partido. A ser reconocible, a permanecer mientras el mundo gira y los sondeos no parezcan castigar la censurada, dentro y fuera de la formación, inactividad del presidente en los últimos cuatro meses. «Lo que funciona, no se cambia». Esa es la tesis de Rajoy, dispuesto a repetir el esquema de la anterior campaña electoral y obsequiarse con baños de masas a pie de calle como el de ayer en Málaga. Caminata matutina por el paseo marítimo, recorrido por una empresa alimentaria, visita a un despiece de atún rojo y vuelta por el centro de la ciudad a la hora del aperitivo, con cerveza en el Mercado de Atarazanas incluida. Todo forma parte de una coreografía que el presidente domina y con la que se siente cómodo, mientras el partido asegura palpar entre selfies y vítores que los suyos empiezan a movilizarse.
Algunas voces críticas recuerdan que la formación no logró gobernar tras los anteriores comicios y echan en falta elementos generadores de «ilusión». Pero este partido se ha convertido, según la cúpula popular, en una organización pragmática y «racional» que confía en recuperar el pulso gracias a los cuatro meses de exhibición de los contrarios y con la ayuda del miedo de su electorado a Podemos y a sus pactos poselectorales.