«Cuando alguien da un donativo a un partido, quiere que se sepa. ¿Cómo no iba a estar Rajoy al tanto de la contabilidad B?»

La periodista Marisa Gallero disecciona para La Voz las entrevistas con Bárcenas que sirvieron como base a su libro y las interioridades del PP que le relató


Redacción

Veinte encuentros con Luis Bárcenas en su casa de la calle Príncipe de Vergara son la armazón de Bárcenas: la caja fuerte, el exhaustivo libro recientemente publicado por La Esfera de los Libros en el que la periodista gaditana Marisa Gallero trata de demostrar, a través de revelaciones y documentos inéditos, que la financiación ilegal ha sido una compañera de viaje del Partido Popular desde su misma fundación por Manuel Fraga, y que todos los presidentes y secretarios generales del partido, incluidos José María Aznar y Rajoy, la conocían perfectamente.

-La revelación más jugosa de su libro es la de la grabación que Bárcenas asegura haber hecho de Mariano Rajoy recibiendo un sobre de 4900 euros de dinero negro y una copia de la contabilidad B del partido.

-Sí. Luis me cuenta que él sube a la séptima planta y le entrega a Rajoy en mano una copia de la contabilidad B del Partido Popular -esa contabilidad que ellos dicen que no existe, que todo es falso salvo alguna cosa- y el último remanente que quedaba en esa caja B, que eran 4000 euros. Pero eso no me lo contó sólo a mí, sino también al juez Ruz. Está en el auto.

-¿Por qué grabó Bárcenas al presidente? ¿Ya preveía lo que podía suceder?

-Yo le pregunté eso mismo durante mis entrevistas, y él me dijo: «Mira, Marisa, hay un momento en que yo no las tengo todas conmigo: veo que casi todas las promesas que me hace Rajoy, que me hace el ministro del Interior, que me hace el ministro de Justicia cuando me reúno con ellos para pedirles que me echen un cable con mi proceso judicial se quedan en nada, y me doy cuenta de que tengo que cubrirme las espaldas, porque si no tengo ninguna prueba fehaciente de que ellos me cogían los sobresueldos los papeles no me van a servir de nada».

-En el libro usted también demuestra que la financiación ilegal del PP no es una novedad introducida por Luis Bárcenas, sino que se remonta a los mismos orígenes del partido fundado por Manuel Fraga.

-Sí, aunque hay que recordar que hasta que no hubo una ley de financiación de partidos políticos no hubo ninguna ilegalidad. Cuando Ángel Sanchis hacía aquellas cenas con los empresarios no estaba haciendo nada ilegal, porque no había un tope de donativos. No pasaba absolutamente nada. Que fuera más o menos ético es otra historia. No es hasta 1987 cuando se promulga la primera ley de financiación de partidos políticos y los donativos pasan a ser ilegales a partir de cierta cantidad. Los papeles de Bárcenas arrancan en 1990 con la primera entrega de ocho millones de pesetas por Rosendo Naseiro. A partir de ahí, el dinero negro no dejó de entrar a ritmo constante, tal como ha reconocido el juez José de la Mata. En el Partido Popular ha habido una caja B desde 1990 hasta 2008: dieciocho años. Está documentado no sólo por las afirmaciones de Bárcenas, sino también por informes de la UDEF y muchísimos dirigentes del Partido Popular que han reconocido los pagos, como Jaime Ignacio del Burgo, Pío García Escudero, Eugenio Nasarre o Santiago Abascal. El 70% de las salidas está acreditado, así que sacar un comunicado diciendo que los papeles de Bárcenas quedan desmontados por no ser más que afirmaciones de Luis Bárcenas es buscar una cabeza de turco. El sistema estaba perfectamente implantado y lo conocían tanto los secretarios generales como los presidentes del partido desde que éste se funda en 1989.

-Rajoy simplemente heredó ese sistema de sus predecesores.

-Claro. Y eso hay que recalcarlo. Cuando Bárcenas hace su escrito de acusación cita a todos los presidentes del Partido Popular, empezando por Fraga, pasando por Aznar y acabando con Mariano Rajoy. Rajoy simplemente heredó una forma de actuar. Ahora bien, eso no es una excusa: no se puede descargar a Rajoy de responsabilidad diciendo que ésa era una forma de actuar de los tesoreros. A los tesoreros los nombran los presidentes del partido y eso va a misa. El tesorero no es un ente aparte. Los dos tesoreros, Álvaro Lapuerta y Bárcenas, eran personas de máxima confianza del presidente, porque eran quienes llevaban sus finanzas. Estamos hablando de una estructura piramidal: los tesoreros respondían ante él.

-Lo que está claro es que Rajoy estaba al tanto de todo.

-Sí. Date cuenta de que los papeles de Bárcenas terminan en 2008 y la financiación ilegal se detiene, teóricamente, en febrero de 2009, cuando el juez empieza a investigar el caso Gürtel. Pero fijémonos en un detalle: otra de las personas que están acusadas en los papeles de Bárcelas se llama Cristóbal Páez. Cristóbal Páez es el gerente. En el libro yo incluyo, en la parte de las retribuciones, un documento de las de los años 2009 y 2010. En él aparece que una de las personas que más cobró en 2010 fue Cristóbal Páez: más de 560.000 euros, una cifra mucho mayor que la que percibe Rajoy. ¿Por qué? Porque Páez, cuando estalla el caso Gürtel, custodia los papeles de Bárcenas durante seis meses. ¿Por qué los custodia? Porque el partido teme que el juez Garzón ordene un registro de la sede del partido y se encuentre con esos papeles que obviamente demuestran que hay una caja B. Páez custodia esos papeles, y nada es gratis en esta vida: cobra 560.000 euros por ese servicio. Rajoy, evidentemente, estaba al tanto de todo. Pero es que, vamos a ver, ¿cómo no iba a estarlo? Cuando un donante venía con dinero negro, se apuntaba en esos papeles y Álvaro Lapuerta subía unas cartas para comunicar que ese día había estado Fulanito y había dejado tanto dinero. Todos los que daban dinero querían que se supiera que lo daban, ¡no seamos cínicos!

-A Aznar todo este asunto le ha salpicado poco, al menos de momento.

-Yo intenté tirar de la lengua a Bárcenas en ese sentido, pero Bárcenas callaba. En Bárcenas es tan significativo las cosas que dice como las que se calla. Cuando yo le dije: «Vale, Rajoy está implicado, pero, ¿y el presidente anterior? Si esto es de 1990, Mariano Rajoy no tenía ninguna responsabilidad en ese momento?». Pero no me dijo nada. No me dijo que sí, pero tampoco me dijo que no. No me terminó de contestar. Pero tampoco contesta en sede judicial al juez Ruz cuando éste le pregunta por las siglas «J. M.». No dice si es José María Aznar o Jaime Mayor Oreja: lo deja en el aire. En el escrito de acusación sí aparece el nombre de Aznar, pero yo me imagino que aparece porque a Bárcenas ya no le quedó más remedio. Si decía que aquello no era algo de un día para otro, sino una práctica continuada durante veinte años, tenía que demostrarlo de alguna manera y por eso se vio obligado a salpicar a Aznar. Si no, no lo hubiera hecho. ¿Por qué? Pues porque, como Aznar no le ha atacado a él, él no ataca a Aznar. Es así de simple. Bárcenas sólo ataca si se siente atacado a su vez.

-Bárcenas también asegura tener imágenes de operarios destruyendo sus famosos discos duros en Génova.

-No él, sino una persona de su máxima confianza dentro de Génova, que le había dicho que había imágenes de los operarios destruyendo los discos duros con un martillo. Eso me dijo, y también que estaba intentando conseguirlas y que esperaba conseguirlas pronto. Lo que sí me dijo que tenía son las imágenes tomadas por las cámaras de seguridad de las entradas de empresarios en la sede de Génova.

-¿Por qué no saca Bárcenas ya a la luz todo esto?

-Se lo he preguntado muchas veces, porque todos nos lo preguntamos, y lo que él dice es que, aunque parezca mentira por todas las cosas sangrantes que ha ido aireando, él no está en modo de ataque, sino defendiéndose. Todas esas cosas, él las tiene guardadas simplemente como un as en la manga con vistas al primer juicio de Gürtel, que dará comienzo en octubre de este año. Lo tiene en caso de seguridad: según me contó, una vez entró alguien en su casa con una pistola y balas de jabalí amenazando a su familia de muerte. Si se ve obligado lo sacará; si no, no. Él juega sus cartas? Si te fijas, Bárcenas ataca cuando se siente ofendido. Cuando estalló todo el asunto de sus papeles y se desató aquel tsunami político brutal, él estaba esquiando en las Montañas Rocosas ajeno a todo: es capaz de abstraerse hasta ese punto. Sin embargo, cuando le empezaron a llamar ladrón y chorizo, montó en cólera y fue entonces cuando se produjo famosa la imagen de la peineta en el aeropuerto. Al día siguiente puso la primera querella contra el Partido Popular por entrar en su despacho y llevarse las cajas. Después, dejó de atacar y sólo volvió a hacerlo cuando entró en la cárcel. Él es así: un hombre temperamental que sólo ataca cuando se siente ofendido o humillado. Ahora lleva de nuevo un tiempo sin hablar, pero estamos entrando en campaña y ya empiezan a atacarle de nuevo. Ya no es sólo Maroto el que le llama delincuente y dice que le repugna: también están entrando en juego Celia Villalobos, María Dolores de Cospedal? Estoy segura de que va a haber alguna reacción.

-Otra cosa que usted cuenta en el libro es que Bárcenas fue nombrado senador por Cantabria para garantizarle el aforamiento antes de ser nombrado tesorero. Al PP le preocupaba una reedición del caso Naseiro.

-Sí. Él me decía en nuestras entrevistas: «Yo no he sido político», y yo le respondía: «Pero hombre, Luis, ¿cómo que no has sido político? ¡Has sido senador por Cantabria! ¿O no?». Entonces él me decía: «Marisa, para ser tesorero tenía que ser senador», y me explicaba que ésa era una norma que se había instalado en el Partido Popular cuando metieron en la cárcel a Rosendo Naseiro, que estuvo cinco días en el calabozo. Para mayor seguridad, para que eso no volviera a ocurrir, la persona que llevaba las finanzas en el partido tenía como condición tener un cargo político que los aforara. Eso demuestra que lo que los tesoreros hacían no era muy legal, y que los máximos responsables del partido lo sabían.

-Ése parece seguir siendo el modus operandi del PP: hoy la aforada sangrante es Rita Barberá.

-Exactamente. De hecho, Bárcenas muchas veces me decía que, si no hubiera dejado el Senado y por lo tanto el aforamiento, su caso estaría siendo de otra manera. Se arrepentía de haber dejado de ser senador.

-Ha contado que durante la redacción de su libro no recibió mayores presiones por parte del PP, pero sí que notó «cosas raras» en su ordenador. ¿Qué cosas raras fueron ésas?

-Pues mira, se me borró todo el correo electrónico delante de mis narices, a una velocidad de vértigo, y otra cosa que me pasa cada cierto tiempo es que cambia el orden en el que tengo las carpetas de documentos en el escritorio del ordenador. Por suerte tenía una copia de seguridad de todo, pero de primeras te da un poco de yuyu? De todas maneras, no, más allá de eso no he notado absolutamente nada. Le he hecho todas mis entrevistas a Luis Bárcenas en su casa con su mujer, o sea que se me ha visto entrar en Príncipe de Vergara varias veces, pero nunca he notado nada extraño, la verdad.

-Mantuvo más de veinte encuentros con Bárcenas. ¿Cuáles son sus sensaciones sobre el personaje después de haberle conocido a través de esos encuentros? ¿Qué semblanza personal haría de él?

-Lo que más salta a la vista es que es una persona que mide muchísimo sus palabras, un hombre muy calculador. Él nunca te cuenta nada de manera gratuita: siempre tiene una doble intención y siempre busca sacar algo de ti. A mí, por ejemplo, intentaba utilizarme para conseguir información; me decía: «Oye, ¿cómo no vas a Génova y preguntas esto o aquello?». Siempre sabe perfectamente hasta dónde llegar y como periodista tienes que hacer siempre el esfuerzo de no dejarte llevar hacia donde él quiere, sino preguntarle las cosas por activa y por pasiva y no dejarte engatusar. Con él hay que estar continuamente en guardia. Una cosa que me contó su mujer y que explica bien al personaje es que cuando Bárcenas estaba en Soto del Real ella se dio cuenta de que a cada uno de sus amigos le había contado una información distinta. Y no distinta en el sentido de que esa información fuera mentira, sino en el sentido de que era tan solo una parte de la verdad. Lo que uno sabía no lo sabía otro y viceversa. Cada uno tenía un trocito. Hasta sus abogados se enteraron de que tenía cuentas en Suiza sólo en 2011, pese a que llevaban ocupándose de su defensa desde 2009. Él, a la hora de contar lo que sabe, crea una especie de compartimentos estancos. Yo le saqué ciertas cosas a fuerza de ser reiterativa y pesada, pero sé que hay muchísimas cosas que no me ha contado y que no me contará nunca por más que insista o que intente persuadirle. Sabe perfectamente dónde detenerse. Por otro lado, también es una persona muy educada, de buen trato, y que puede ser muy persuasivo. Tiene muchas caras. Se podría decir que es un sinvergüenza con encanto.

-Usted suele contar que se ganó su confianza respetando los off the record que le pedía.

-Sí, exacto. Es importante respetar eso en esta profesión. Y siempre lo hay: yo he entrevistado a varios exministros y no hay ninguna entrevista en la que no me digan «esto no lo cuentes». Siempre hay algo que no quieren que cuentes, y sí tu les dices que no lo vas a contar y luego lo cuentas, lógicamente pierdes su confianza y la posibilidad de obtener nuevas historias en el futuro. Te puede salir bien una vez, pero ya no van a confiar en ti para la siguiente. El off the record tiene que ir a misa.

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«Cuando alguien da un donativo a un partido, quiere que se sepa. ¿Cómo no iba a estar Rajoy al tanto de la contabilidad B?»