Hugh Herr, reconocido con el Princesa de Asturias de Investigación

Profesor de biofísica, ha trabajado en el desarrollo de prótesis avanzadas que imitan las piernas humanas

Hugh Herr, durante una de sus conferencias Acaba de recibir el Princesa Sofía

Redacción

«Me siento profundamente conmovido al recibir el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica. Como consecuencia de un accidente de alpinismo, mis piernas fueron amputadas en 1982 debido al daño causado en los tejidos por la congelación. Desde entonces, he dedicado mi vida al progreso de la ciencia y la tecnología básica para permitir la reparación biónica de los seres humanos. Ojalá este reconocimiento arroje luz sobre la misión global para acabar con la discapacidad humana en el siglo veintiuno a través de los continuos avances en la biónica».

Con estas palabras ha recibido hoy el profesor de biofísica americano Hugh Herr la noticia de su reconocimiento con el Premio Princesa Sofía de Investigación. Su carrera ha estado marcada por el desarrollo de las primeras prótesis que emulan la locomoción humana y que permiten superar las discapacidades. Como ha recordado en sus palabras, él mismo tiene dos prótesis tras haber perdido las dos extremidades en su juventud como consecuencia de un accidente durante una escalada, deporte que practicó de forma destacada antes y después de la amputación.

Considerado como «líder mundial de la biónica», Herr ha sido premiado -según el acta del jurado- por sus  «investigaciones pioneras en biomecatrónica, combinando inteligencia artificial, neurofisiología y robótica», que han dado lugar a una nueva clase de prótesis biónicas inteligentes, controlables por el cerebro. Sus métodos de investigación combinan diversas disciplinas científicas y tecnológicas de vanguardia, y han tenido, según el acta del premio, «un impacto significativo en personas con discapacidades, a través de prótesis adaptables que permiten movimientos similares a los fisiológicos». También ha trabajado en el desarrollo de exoesqueletos, estructuras externas y adaptadas al cuerpo, que permiten potenciar las capacidades físicas humanas. «Estas contribuciones están acelerando la integración hombre-máquina, lo que permitirá mejorar la calidad de vida de millones de personas», concluye el acta.

El jurado ha estado formado por Juan Luis Arsuaga Ferreras, Mara Dierssen Sotos, Marián del Egido Rodríguez, Luis Fernández-Vega Sanz, Cristina Garmendia Mendizábal, Álvaro Giménez Cañete, Bernardo Hernández González, José Antonio Martínez Álvarez, Clara Menéndez Santos, Amador Menéndez Velázquez, Ginés Morata Pérez, Enrique Moreno González, César Nombela Cano, Teresa Rodrigo Anoro, Inés Rodríguez Hidalgo, Marta Sanz-Solé, Manuel Toharia Cortés, presidido por Pedro Miguel Echenique Landiríbar y actuando como secretario Vicente Gotor Santamaría.

No hay discapacitados

Amador Menéndez Velázquez, amigo del premiado e investigador en el MIT, ha señalado el premio no sólo es un reconocimiento a un nuevo campo que parece ciencia ficción sino que sirve de ejemplo a toda la humanidad por ir vinculado a una historia de superación personal, según recoge EFE. Menéndez Vázquez considera a Herr «una persona excelente, entusiasta y superpositiva a quien le gusta decir que no hay discapacitados, sino tecnología discapacitada».

Herr ha creado una compañía que comercializa prótesis que cuestan en torno a los 30.000 euros que permiten recuperar la calidad de vida a personas con extremidades amputadas. Son precios irán bajando cuando en vez de ser mil las personas que las lleven, sean muchas más porque «según le gusta decir a Herr, es una cuestión de economía de escala».

Según declaraciones a EFE de Menéndez Velázquez, la biónica no deja de ser una disciplina emergente de futuro «en la que Herr ha marcado una nueva tendencia» con una tecnología punta que beneficiará a miles de personas. «Es fascinante correr con alguien que no nota que tiene discapacidad», ha señalado el científico asturiano tras señalar que por su amistad ha compartido numerosos momentos con Herr, que conduce un coche normal, y no para discapacitados, porque sus piernas biónicas son bidireccionales y envían tanto impulsos eléctricos del cerebro a las extremidades como recogen estímulos exteriores.

Sus prótesis le permiten también correr perfectamente por terrenos helados o irregulares porque «no son solo controladas por el cerebro, sino que también son inteligentes y tienen autonomía para cuando se pisa una piedra, poder corregir la pisada».

En su opinión, Herr, que era un estudiante mediocre, ha podido hacer realidad su sueño y el plan estratégico que se marcó con 17 años, al día siguiente de que le fueran amputadas sus piernas, con el fin de poder volver as correr y escalar.

«Creo que este premio es un ejemplo de tecnología punta, pero también un ejemplo de superación del ser humano», ha añadido Menéndez, que ha señalado también que a Herr le gusta decir en broma que mientras a los «pobres seres normales tienen piernas que con la edad van a menos, las suyas van a más porque siempre puede descargarse la última versión de software y la última tecnología».

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