Un 13 % de los españoles sufrirán depresión en algún momento de su vida

Los especialistas apuestan por un abordaje global de la enfermedad para mejorar las tasas de curación

La depresión
La depresión

Redacción / La Voz

La depresión es una enfermedad grave que requiere un abordaje global que afecta a todos los ámbitos de la vida de una persona y que está considerada como la segunda dolencia más incapacitante. Estas son algunas conclusiones de la decimoquinta edición del Seminario Lundbeck, celebrado en Ibiza y en el que los expertos dieron cifras muy elocuentes sobre el alcance de una patología que sufrirán un 13 % de los ciudadanos españoles en algún momento de su vida.

Bajo el título La depresión en mayúsculas, reputados expertos hablaron de la importancia de identificar qué es y qué no es la depresión. Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau y profesor titular en la Universidad Autónoma de Barcelona, insistió especialmente en esta cuestión: «La tristeza es una emoción normal, no es depresión», sentenció, al tiempo que detalló algunos síntomas nucleares de la enfermedad, como la vulnerabilidad al estrés, la reducción del umbral del dolor o la alteración del sueño. Destacó especialmente un aspecto que sufren las personas que padecen un episodio depresivo: «La imposibilidad de sentir placer, de sentir cosas agradables, eso es lo que desenchufa de la vida».

El profesor Enric Álvarez explicó que se trata de una enfermedad con una elevada morbilidad, como refleja ese 13 % de personas que han sufrido o sufrirán depresión en España, dolencia que en estos momentos padecen un 6 % de habitantes, unos 2,7 millones de personas. Se trata, además, de una afección recurrente, de manera que entre el 50 % y el 60 % de quienes han tenido un episodio depresivo tienen probabilidades de recaer.

El porcentaje se eleva al 70 % si son dos episodios, y al 90 % si se han sufrido tres. A partir de ahí se considera que la enfermedad es crónica, como indicó el doctor Luis Gutiérrez, psiquiatra del Hospital Clínico Universitario San Cecilio de Granada.

Respuesta y remisión

Hay varios factores que influyen en el riesgo de recaída y van desde los antecedentes familiares al sexo -la prevalencia es mucho mayor en las mujeres-, el número de episodios depresivos previos, su gravedad y el tiempo de enfermedad sin recibir un tratamiento. En este sentido, tanto Gutiérrez como Álvarez insistieron en la importancia de un diagnóstico precoz.

Otro factor importante es «dar con la tecla del tratamiento», añadió el doctor Luis Gutiérrez, para lograr el objetivo: «No solo queremos que el paciente responda al tratamiento, sino que buscamos que se recupere realmente, que recupere su vida, y para eso debe hacerse un abordaje multidisciplinar». Dos tercios de los enfermos, el 67 %, alcanzan una mejoría de los síntomas, mientras que la tasa de remisión o de curación es del 33 %.

Estos últimos logran superar el episodio depresivo, pero en los demás, aunque mejoran, persisten los síntomas residuales, y entre ellos los más recurrentes son los cognitivos: dificultad para concentrarse, imposibilidad de tomar decisiones y problemas de memoria son algunos de los que se citaron durante el Seminario Lundbeck.

Este tipo de síntomas son los que llevan a Margalida Gili, decana de la facultad de Medicina de la Universitat de les Illes Balears y doctora en psicología, a hablar de la depresión como de la segunda enfermedad más incapacitante, «solo superada por la cardiopatía isquémica en cuanto al grado de discapacidad y al gasto social que origina». Se trata, indica, de un problema de salud pública por su elevada morbilidad, por sus consecuencias para los pacientes y porque se asocia con unos índices significativos de muerte por suicidio.

Difícil de entender

En lo que respecta al abordaje de la depresión, Gili coincide en que «no solo se trata de quitarle los síntomas al paciente sino de que pueda funcionar». Es una enfermedad que afecta a todas las esferas de la vida de una persona y tiene especial incidencia en su funcionalidad, es decir, en la autonomía y capacidad del individuo para llevar a cabo actividades de la vida diaria y relacionarse con el entorno.

Por último, incidió en la importancia de la psicoeducación para mejorar el conocimiento y, por lo tanto, la actitud ante la depresión por parte de los pacientes y de sus familias, ya que es una dolencia «difícil de entender».

Eliminar el estigma que supone la dolencia es uno de los retos

La doctora Margalida Gili señala que son tres los retos de carácter social a los que se enfrenta el tratamiento de la depresión: la implementación de las nuevas tecnologías en las terapias, la prevención de la enfermedad y eliminar el estigma que sufren los pacientes. Las campañas de psicoeducación, explicando que la depresión es una dolencia y no una elección, son la herramienta para lograr este último objetivo.

Esa estigmatización es la causa de que en muchas ocasiones no se hable de esta afección: «Afecta a un 13 % de la población, pero nadie lo dice. Hay que normalizar esta situación», sentenció José Ramón Pagés.

En este sentido, durante el seminario La depresión en mayúsculas se insistió en lo perjudicial que resulta la banalización del término depresión: «Se llama depresión a cosas que no lo son, se frivoliza el término y eso contribuye al estigma».

Los expertos rechazan la tesis del aumento de suicidios por la crisis

Los especialistas que participaron en el seminario organizado por Lundbeck pusieron de relieve que la depresión de asocia con unos índices significativos de suicidio, y en este contexto rechazaron la tesis de que estos de han incrementado en los últimos años como consecuencia de la crisis.

Las estadísticas sí reflejan un aumento, pero este se debe, según el profesor Enric Álvarez, a una cuestión numérica porque hasta ahora los suicidios no se contabilizaban de manera adecuada y se cambió el modelo. De la misma opinión es el doctor Luis Gutiérrez, que aseguró: «No ha habido más casos de suicidio consumado por la crisis, pero sí han crecido las consultas por factores asociados a ella y las crisis de ansiedad». Sobre esta cuestión, José Ramón Pagés se mostró contrario a la teoría del efecto llamada y abogó por «hablar del suicidio con responsabilidad».

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