La venta indiscriminada de armas sacude de nuevo a Estados Unidos

montse carneiro REDACCIÓN / LA VOZ

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STEVE NESIUS | reuters

Cualquier persona con historial penal o psiquiátrico pueden hacerse con fusiles en el mercado legal, la gran batalla contra la que Obama lleva años peleando

13 jun 2016 . Actualizado a las 15:09 h.

Contra la violencia, armas. Ese ha sido el clamor de la mayoría de la sociedad estadounidense contra las masacres que la sacuden mes a mes y así será la respuesta al mayor tiroteo de su historia, pese a las buenas intenciones de su presidente. Sucedió en Columbine (1999, 12 estudiantes muertos), Virginia Tech (2007, 32 víctimas), y de forma clara tras la matanza de Newtown del 2012, cuando un muchacho a tratamiento por esquizofrenia irrumpió en una escuela con un rifle de asalto y dos armas cortas y mató a 26 personas, 20 de ellas niños. El suceso precipitó una reacción en cadena en los estados más conservadores del país a favor de autorizar a los profesores a ir armados, apoyada por una iniciativa nacional de la Asociación del Rifle para desplegar agentes en los colegios. Ante la creencia generalizada de que los individuos con trastornos mentales entrañaban un peligro para la comunidad y que era necesario protegerse de ellos,  Barack Obama, que para entonces ya había hecho del «control de las armas» uno de los grandes objetivos de su segundo mandato, declaró: «No somos el único país de la Tierra que tiene enfermos mentales, pero sí somos el único país en el que cada pocos meses se producen estas masacres». La penúltima fue en Oregón hace siete meses y en lo que va de año el observatorio Gun Violence cifra en 133 los tiroteos masivos (con cuatro o más víctimas mortales). En el 2015 se contabilizaron 372 (64 en colegios) con un balance final de 475 muertos.

El presidente Obama apuntaba directamente a la facilidad con que cualquier estadounidense puede acceder a las armas, prácticamente sin restricciones, una vez que la propia Constitución americana le otorga ese derecho en su segunda enmienda. En el país que construyó una leyenda en torno al tiroteo de OK Corral, donde en algunos estados sigue siendo tradición llevar revólver a la vista hasta en la cola del supermercado, cualquier persona mayor de 21 años puede entrar en una armería con un certificado de antecedentes penales limpio y salir con un fusil de asalto, un par de multicargadores, varias pistolas y toda la panoplia que desee.

Ferias de armas

Si cuenta con antecedentes, tendrá que recurrir a uno de los miles de vendedores de armas que no se dedican a ello profesionalmente y, por tanto, ni están registrados ni necesitan licencia ni tienen obligación de solicitar la acreditación legal del comprador. O, en último extremo, acudir a una feria de armas de las que se organizan por todo el país y hacerse con una.

Solo sobre estas excepciones podría intervenir Obama en los pocos meses que le quedan de mandato. Después de varios intentos fallidos para aprobar una ley de armas más restrictiva, tumbada por el Partido Republicano, que controlan el Congreso y el Senado, y por no pocos representantes de las filas demócratas, el presidente de Estados Unidos solo dispone de la vía ejecutiva para introducir nuevos requisitos legales, de corto alcance, relacionados con el tipo de arma y, sobre todo, las circunstancias penales y psicológicas del comprador.

No lo tendrá fácil. Enfrente está la Asociación Nacional del Rifle, que el año pasado gastó 32 millones de dólares en una campaña para tratar de convencer a los estadounidenses de que no debe reforzarse el control de las armas, y está la propia sociedad del país, que una vez recuperada de la sacudida de la última masacre volverá a manifestarse a favor de las armas. Cada vez más. Desde 1990, la minoría que abraza la idea de combatirlas es, cada año, un 1 % más minoría.