Los británicos pierden a su representante en la Comisión

El comisario de Finanzas, Jonathan Hill, anuncia su marcha desautorizado por los resultados del referendo

El británico Jonathan Hill, hasta ahora comisario europeo de Finanzas
El británico Jonathan Hill, hasta ahora comisario europeo de Finanzas

bruselas / corresponsal

«Llegué a Bruselas como alguien que había hecho campaña en contra de que el Reino Unido se uniera al euro y como alguien escéptico con Europa. Me voy seguro de que nuestra permanencia fue buena para nuestra posición en el mundo y nuestra economía». 

La frase pertenece a la carta de despedida escrita por la primera víctima británica en Bruselas tras el referendo. Se trata del comisario de Asuntos Financieros, Jonathan Hill, quien presentó ayer su dimisión tras el resultado de la consulta, en cuya campaña participó dentro del bando europeísta con el argumento de que el brexit dañaría las posiciones de la City. Desautorizado por el resultado, Hill deja al Reino Unido sin presencia en la Comisión. Será sustituido por el letón Valdis Dombrovskis, comisario del euro, hasta que el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y David Cameron, lleguen a un acuerdo para nombrar a un sucesor temporal. 

Juncker colocó a Hill en un puesto tan importante como un gesto de buena voluntad hacia Londres después de que Cameron opusiera feroz resistencia a su nombramiento como jefe de la Comisión. «Para mi pesar, la situación está cambiando. A Hill lo considero un verdadero europeo y no solo un comisario británico», aseguró el luxemburgués, quien todavía no ha elegido a su hombre para liderar las negociaciones de salida con Londres. El Consejo dejará el trabajo en manos del belga Didier Seeuws, quien fue portavoz del ex primer ministro belga, Guy Verhofstadt, y jefe del gabinete del ex presidente del Consejo, Herman van Rompuy. 

La incertidumbre marca estas primeras jornadas post brexit en la capital de la UE. Quienes más la sufren son los trabajadores británicos de Bruselas, quienes se encuentran sumidos en un estado de letargo e incredulidad. ¿Qué pasará con ellos? ¿Perderán su empleo? Solo en Bruselas hay unos 1.500 empleados públicos de la UE con nacionalidad británica. La mayor parte (1.160) trabajan para la Comisión Europea

Juncker lanzó estos días una lanza a favor de conservar sus puestos de trabajo. El luxemburgués les garantizó que habrá sitio para ellos en la nueva UE a 27, aunque su país se haya autoexcluido del club. Lo hizo a través de una carta en la que agradece la «gran contribución» que han hecho para hacer avanzar el proyecto europeo. «Ustedes son funcionarios de la Unión. Trabajan para Europa. Dejaron sus insignias nacionales en la puerta cuando entraron en esta institución. Hoy la puerta no se cierra», escribió. 

En la Eurocámara, donde la presencia británica es menor, también cala el nerviosismo. Su presidente, Martin Schulz, prometió defender sus intereses durante las negociaciones de salida. Se los considera trabajadores de la UE, no del Reino Unido. De la hoguera no se librarán los eurodiputados. La delegación británica es amplia. Cuenta con 73 miembros dispersos en varias familias políticas. Ni uno de ellos quedará cuando se firme el divorcio. «Mantendrán sus derechos y sus obligaciones hasta que el Reino Unido se vaya», aseguró Juncker. 

La situación es rocambolesca. Los eurodiputados británicos pueden seguir votando o legislando sobre asuntos que afectan al conjunto de la UE a sabiendas de que no seguirán en el bloque. Ese limbo ha llevado al reformista conservador, Ian Duncan, a desertar de su puesto. A otros eurodiputados les cuesta más renunciar. Es el caso del euroescéptico Nigel Farage, principal instigador de la ruptura.

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