Sánchez se atrinchera en el silencio

El secretario general del PSOE desaparece de la escena pública mientras los barones, aunque rechazan la gran coalición, discrepan sobre si facilitar o no un Gobierno del PP


Redacción / La Voz

Tras las elecciones del 20 de diciembre, Pedro Sánchez fue especialmente locuaz. La misma noche electoral anunció su intención de mantenerse en el cargo, pese a haber cosechado el peor resultado de la historia del PSOE hasta entonces. Unos días después, dio portazo a Mariano Rajoy y abrió la puerta a un pacto de Gobierno con las fuerzas progresistas, lo que incluía a Podemos, a pesar de que buena parte de los barones se habían manifestado ya públicamente en contra de un acuerdo con la formación de Pablo Iglesias. Sánchez navega desde entonces en el filo de la navaja y los resultados del domingo, aunque haya evitado el sorpasso, complican aún más su futuro, asediado por Susana Díaz y otros barones de su cuerda. Con estos antecedentes, y para evitar pillarse los dedos, el secretario general del PSOE ha optado en esta ocasión por atrincherarse en el silencio para no pillarse los dedos y dejar que sean otros los que le hagan el trabajo sucio.

Esta vez, en la noche electoral se limitó a mostrar su alegría por haber evitado el sorpasso y a comprometerse a trabajar «en favor del interés general», sin hacer ninguna declaración que pudiera molestar dentro del partido ni al más crítico de los críticos. Y desde entonces, silencio absoluto. Es más, al día siguiente, tras la reunión de la ejecutiva del partido para hacer una primera valoración de resultados, envió a la comparecencia con la prensa al portavoz parlamentario, no a su número dos. Y para ganar aún más tiempo, ha retrasado una semana, contra los usos habituales en el partido, la reunión del comité federal, el órgano clave para decidir la estrategia electoral. En el celebrado en enero, se acordó que en ningún caso, ni por activa ni por pasiva, el PSOE facilitaría un Gobierno del PP. Esa decisión sigue vigente, al menos mientras el mismo órgano, el máximo entre congresos, no diga otra cosa. Y eso no podrá ocurrir hasta que se reúna el próximo día 9. Sánchez ha decidido mantener un perfil bajo hasta entonces, más preocupado por hacer acopio de apoyos internos de cara a esa reunión sin entrar en batallas que lo puedan desgastar antes de tiempo.

Son precisamente los barones más críticos lo que más se están prodigando en declaraciones sobre la posición de los socialistas de cara a una eventual investidura de Mariano Rajoy. Y la más predispuesta a hablar es Susana Díaz, que no ha dejado pasar día alguno desde el domingo para dar su versión y debilitar la posición de Pedro Sánchez, con quien caben pocas dudas de que competirá por el liderazgo del partido en el congreso que se celebrará en el otoño. De momento, es ella la que está marcando la línea. «Nunca he sido partidaria de la gran coalición, ni lo seré, ni con Rajoy ni con el PP», reiteró ayer, echando un jarro de agua fría sobre quienes, en el Partido Popular, confían en que la dirigente andaluza adopte una posición más institucional y sea más proclive a encontrar alguna fórmula que permita gobernar al PP.

Su discrepancia más evidente con Pedro Sánchez es la firmeza con la que defiende que el PSOE tiene que quedarse en la oposición. Lo cual no significa que esté defendiendo que los socialistas deban apoyar de alguna manera al PP para que gobierne.

«Una mínima abstención»

El único barón que tiene una postura activa en defensa de esta tesis es el extremeño Guillermo Fernández Vara. Fue el primero en abogar por la abstención, y ayer, aunque rebajó ligeramente su propuesta, se mantuvo en la esencia de la misma. Vara apostó por «una mínima abstención de última hora». El planteamiento es que Mariano Rajoy se trabaje el apoyo parlamentario de las fuerzas de centro-derecha, como Ciudadanos y Coalición Canaria, e incluso el PNV. Si lo lograra, en la segunda votación de investidura, al PP le bastaría con que entre uno y siete diputados socialistas se ausentaran de la votación o se abstuvieran para que, incluso con el voto en contra del grueso del grupo del PSOE, Mariano Rajoy fuera elegido presidente.

En todo caso, hay una cuestión previa que todos los socialistas tienen clara: el que de entrada debe moverse, y mucho, es el aspirante. En palabras de Susana Díaz, «Rajoy no puede seguir sesteando, tiene que afrontar su responsabilidad, dialogar e intentar llegar a acuerdos con la mayoría de derechas». De todo lo demás se hablará después, y en todo caso tras el comité federal del 9 de julio. Aunque hay quien, como los socialistas baleares, ya va advirtiendo que si Rajoy fracasa, «como alternativa y formación hegemónica de la izquierda nos pondremos en marcha».

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