Internet nos conoce por nuestro rastro

Elena Martín López MADRID / COLPISA

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Los expertos alertan de que los datos permanecen aunque exista la opción «eliminar»

11 jul 2016 . Actualizado a las 18:18 h.

Los expertos aconsejan que se extreme la precaución en la Red, aunque recuerdan que ningún dato desaparece completamente

Imagina que un día te despiertas sin saber quién eres. ¿Serías capaz de averiguar tu identidad? El ex agente del Servicio de Inteligencia Español y abogado Juan Rando y la inspectora de la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional Silvia Barrera opinan que sería tan fácil como teclear tu nombre en Internet. «Si perdiésemos la memoria, podríamos solventarlo googleándonos y ver el rastro que hemos dejado», dice la experta.

Estos dos profesionales invitan a reflexionar sobre el hecho de que el mundo virtual, que nació como algo ajeno al ser humano, es hoy el mundo más real. «Somos lo que publicamos, estamos en la era digital y nos vendemos como tal», sostiene Barrera. Pero ¿qué vendemos exactamente en la Red? La respuesta es sencilla: nuestra identidad.

Redes sociales, buscadores y blogs están repletos de nuestros selfies. Las nuevas tecnologías extendieron la conciencia de que cuanto más se exponga uno, más posibilidades tiene de trabajar, tener amigos y triunfar, y esa creencia nos ha convertido en obsesos del márketing de nuestra imagen en Internet. Desde el bum de las redes sociales, en el 2009, cada día aumentan los usuarios que comparten su información personal sin pensarlo. Youtube, con 10.000 millones de usuarios, ocupa el primer lugar en el podio gracias a sus 86.400 horas de vídeo subidas a diario. Facebook, con 1.590 millones de seguidores, la sigue. Aunque el ejemplo más impactante es el de la red de moda entre los jóvenes, Snapchat, que en el 2015 pasó de 16,3 millones de usuarios a 25,3. Aunque les haya servido como estrategia de márketing, los mismos creadores de Snapchat, la plataforma que ofrece la posibilidad de comunicarse a través de instantáneas de corta duración, dijeron que no pueden garantizar que las imágenes se eliminen por completo tras diez segundos.

Este es solo un ejemplo de la sensación de falsa seguridad porque, como apunta Barrera, «cualquier información que publicamos y compartimos en las redes no desaparece» ni aunque exista la opción de 'eliminar'. «Damos nuestra información al diablo», bromea. 

Datos en el mar y en cuevas

Entonces, ¿a dónde va todo ese volumen de conocimientos? Permanecen en algún lugar que, aunque recibe el nombre de 'nube', está en la Tierra. Un ejemplo es Lulea, pequeña localidad costera al norte de Suecia. En servidores, dentro de unas cuevas, el creador de Facebook, Mark Zuckerberg, almacena ahí los datos. Microsoft optó por guardar esta información en el fondo del océano. «Lo peor es que somos nosotros los que aprobamos perder la privacidad, inconscientemente, cuando aceptamos las condiciones, las 'cookies' o que el navegador recuerde nuestras contraseñas», indica Barrera.

El mayor riesgo es que toda esa información «es verídica, no ficticia», y que a veces no son solo nuestro nombre o email, sino nuestros datos bancarios. Esto nos expone y nos hace vulnerables. La agente cree que es básico saber que no existe la privacidad, ni siquiera en chats privados; tampoco la seguridad 100 %, y que la información, una vez publicada, queda fuera de nuestro control. El único dispositivo seguro es el que está apagado y ya casi ni eso, pues a través de la cámara web de un ordenador off es posible espiar.