El presidente asegura que los estadounidenses no están «tan divididos como parece» y que deben «rechazar esa desesperación»
13 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Cinco sillas vacías, cinco banderas de recuerdo, cinco historias. Cinco familias que se rompieron hace cinco días tras el asesinato de Patrick Zamarripa, Brent Thompson, Michael Krol, Michael J. Smith y Lorne Ahrens. Todos ellos agentes de la policía de Dallas, en Texas, y cuya muerte ha herido a Estados Unidos en cuerpo y alma, por segunda vez. Como aquel 11 de septiembre del 2001. El martes, cientos de personas despidieron a sus héroes en una «ceremonia llena de oportunidades», decían algunos. Oportunidades para cambiar un modelo que a día de hoy no funciona, teniendo en cuenta los últimos episodios de tensión racial en el país, tanto en Dallas, como en los lugares donde han muerto hombres negros a manos de agentes blancos.
«Se trata de forjar un consenso y de luchar contra el cinismo para encontrar la voluntad de conseguir un cambio. Podemos hacerlo», dijo el presidente de Estados Unidos. Durante su discurso ante un abarrotado Morton H. Meyerson Symphony Center, Barack Obama se negó a aceptar que el país esté «tan dividido como parece», aunque reconoció que el ataque de Dallas «había expuesto los fallos de nuestra democracia». «Fue un horrible y despreciable ataque a la política», dijo con lágrimas en los ojos.
Obama afirmó que no se puede generalizar al hablar de comunidades o minorías y optó por recordar que actualmente «lloramos a menos gente gracias al trabajo de nuestros agentes». Una defensa a la que se unió el presidente número cuarenta y tres de EE.UU, George W. Bush. «Nadie podía estar preparado para una emboscada de odio y de mal. Ni siquiera ellos, que eran los mejores». Bush pidió «recordar nuestros valores» teniendo en cuenta que «el país que queremos construir se hace posible cuando hombres uniformados están de guardia». Unas palabras que todos aplaudieron efusivos, mientras una cariñosa primera dama daba un beso de felicitación al expresidente de EE.UU.
No faltó el apoyo del vicepresidente, Joe Biden, ni tampoco el del alcalde de Dallas, Mike Rawlings, quien reconoció que el jefe de policía David Brown, había sido su pilar más importante. Brown desveló ante cientos de personas que cuando amaba de verdad siempre recitaba canciones de Stevie Wonder y por eso el martes, escogió la de I’ll be loving you para transmitir todo su cariño a las familias de los fallecidos. «Menos mal que he conocido a Michelle antes que tú, porque a ella le encanta Stevie Wonder», bromeó el presidente antes de abogar por la unidad de un país que sigue con el corazón roto.
Horas antes del funeral multiconfesional, las manifestaciones continuaron en diferentes ciudades del EE.UU. Por quinta noche consecutiva, el movimiento Black Lives Matter (las vidas de los negros importan) volvió a salir a las calles para protestar por las muertes de Sterling y Castile a manos de agentes. Las marchas avanzaron por Denver, Chicago, Kentucky, Memphis y Atlanta donde terminaron con un balance de dieciséis detenidos.