May intenta esquivar a Bruselas para negociar el «brexit»

La sucesora de Cameron visitará Berlín y París para perfilar un acuerdo sin activar el botón de salida


bruselas / corresponsal

«No habrá negociaciones antes de la activación del artículo 50», insistió ayer la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini. Un recado del que tomó nota el ministro británico de Exteriores, Boris Johnson. El mensaje, claro y sin ambigüedades, lo repitieron a coro los 27 ministros europeos reunidos en Bruselas. «Cuanto antes comiencen las conversaciones mejor. Debemos evitar que Europa se instale en un momento de incertidumbre», aseguró el galo Ayrault, antes de descartar una ruptura abrupta de las relaciones con el Reino Unido una vez que Londres se aventure en el proceso de divorcio: «Queremos mantener una relación excepcional con el Reino Unido en cuestiones de defensa, migración, el acuerdo de Le Touquet (frontera de Calais) y el dosier nuclear», indicó. 

La UE pidió ayer a Johnson una fecha. ¿Cuándo decidirá Londres activar la cláusula de salida? «Supongo que habrá preparado una serie de medidas», ironizó su homólogo belga, Didier Reynders, antes de pedir que no alargue los plazos. Pero la primera ministra británica, Theresa May, necesita ganar tiempo. La ofensiva es clara. Su mano ejecutora del brexit, David Davis, se afana en acelerar las negociaciones para cerrar acuerdos de libre comercio con EE.UU. y China, dos áreas comerciales que juntas son el doble de grandes que el mercado interior de la UE. Pero necesita extender al máximo el calendario. Según Davis, la activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa que da el pistoletazo de salida a la separación no se activaría hasta finales de este año o principios del 2017.

Para esquivar la presión de Bruselas desde donde la Comisión Europea clama por una salida rápida y limpia, May ha decidido abrazar la siempre efectiva estrategia de mantener al Ejecutivo de Juncker en el ostracismo y lanzarse a persuadir a sus socios de forma bilateral. Sus primeras paradas serán Berlín y París. Mañana se reunirá con la canciller Angela Merkel. Esta última insiste en público en que no se podrá negociar nada sin la activación del artículo 50, pero para Alemania hay mucho en juego. Es el socio que tiene mayor interés en que las relaciones futuras con el Reino Unido sean lo más estrechas posibles. May pondrá rumbo al Elíseo el jueves. Allí se reunirá con François Hollande, con el que además del brexit hablará de la amenaza terrorista. Y ¿España? Según el ministro Margallo, la visita tendrá lugar antes de las vacaciones de verano. 

Para añadir presión a sus socios, Davis, el hombre duro de May, sugirió que el Reino Unido podría imponer restricciones al derecho de residencia si en los próximos meses se registra un aumento notable del número de inmigrantes comunitarios que llegan a las islas en previsión de que el brexit cierre definitivamente la frontera. Para evitar este tipo de situaciones, instó a sus socios continentales a cerrar un acuerdo de residencia «generoso» para los británicos y los europeos.

 

Boris Johnson agacha la cabeza en su primera reunión con los socios europeos

¿Dónde se ha dejado Boris Johnson la fanfarronería? Ayer no quedó ni rastro del lenguaje provocador y la actitud alborotada del responsable británico de Exteriores a su paso por Bruselas. El ministro no cumplió con las expectativas que despertaba su estreno ante los 27 socios europeos: abandonó en Londres su habitual talante desafiante y llegó a la capital belga con la intención de conseguir la aprobación de sus compañeros de Consejo.

Hace poco más de mes y medio, Johnson comparaba el proyecto europeo con el régimen de Adolf Hitler. Ayer su retórica fue bien diferente, consciente de lo que su país se jugará en los próximos meses tras dar el portazo a la UE en el referendo. «El mensaje que traigo a nuestros amigos es que tenemos que hacer efectivo el deseo de la gente de abandonar la UE, pero esto no significa de ninguna manera que estemos abandonando Europa. El Reino Unido no abandonará su papel de liderazgo», aseguró al aterrizar en la sede del Consejo. No se sabe si por el temor a los reproches de sus colegas europeos o por el accidentado viaje desde la capital londinense, a donde tuvo que regresar de emergencia para cambiar de aeronave por problemas técnicos. Toda una alegoría de la realidad. 

«Lo he encontrado tranquilísimo, dialogante, divertido, cosa que también es importante cuando se van a pasar muchas horas juntos. Me ha parecido un hombre culto. Me voy a entender bien con el señor Johnson» , aseguró ayer el ministro de Exteriores, García Margallo. Una impresión similar a la que tuvo su homólogo francés, Jean-Marc Ayrault, quien tan solo hace unos días calificó al británico de «mentiroso». «Ha llegado con cierta modestia», admitió con regusto. Francia y Alemania han estado en el foco de su ira y sus críticas salvajes.

¿Pidió disculpas por comparar a la UE con el régimen nazi?, preguntaron a Ayrault. «No, no ha perdido perdón. Pero nadie se ha sentido aludido», aseguró. La jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, también fue ninguneada por Johnson. Ayer la italiana dio la «bienvenida al nuevo miembro de la familia». 

Alejado ya de las batallas dialécticas a las que estaba acostumbrado al otro lado del Canal de la Mancha, Johnson asume que tendrá que amansar su incontinencia verbal para sobrevivir en el cargo. No es indispensable, lo sabe bien, porque David Davis es quien pilota el brexit en el Gobierno de Theresa May. ¿Cuánto aguantará? El tiempo que tarde en saciar su vanidad, lo único que está por encima de su sueldo. Por algo ha dejado su puesto como columnista en The Daily Telegraph, por el que cobrara 300.000 euros anuales. Una «minucia» , presumió.

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