El nuevo Ecce Homo y su extraña desaparición

La talla, que representa a San Miguel Arcángel, había sido restaurada por un vecino de la localidad, en lo que se calificó como un «auténtico atentado contra el patrimonio»

D.S.
La Voz

Los pasos de Cecilia Giménez, la mujer que intentó restaurar el famoso Ecce Homo, han sido seguidos cuatro años más tarde por un vecino de Peñaranda de Bracamonte, en Salamanca, un lugar donde se ha intentado «reparar» la estatua de San Miguel de Arcángel con pobres resultados. La figura, perteneciente al S.XVII, fue intervenida por un aficionado de la zona que pretendía recuperarla, y según recoge La Gaceta de Salamanca desapareció este martes en extrañas circunstancias de su emplazamiento en la ermita del Humilladero. 

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Los hechos han provocado dos grandes preocupaciones. Una, la de los habitantes de Peñaranda, que temen que el patrón de su ciudad haya sido víctima de un acto vandálico. La otra, la de los restauradores y conservadores, que ven como el intrusismo en su profesión deriva en lo que ya denominan como «atentados contra el patrimonio».

«Nuestro trabajo es muy serio, profesional y específico y no es tan fácil como se pueda imaginar a priori, ya que requiere unos estudios previos de la pieza y una propuesta de intervención que ha de pasar distintas fases y controles», explicó la secretaria de la Asociación de Conservadores y Restaurados de Castilla y León, María Luisa López, reclamando la creación de un órgano que proteja estas piezas y se encargue de evitar esta clase de restauraciones, tal y como recoge el periódico El Norte de Castilla

Y es que la intervención de esta estatua se ha saldado sin consecuencias de ningún tipo. No ha habido denuncia ante el Obispado, ni ante la Junta de Castilla y León, algo que podría considerarse como un peligroso precedente en la manipulación de las creaciones artísticas por parte de los aficionados.

Estas manipulaciones suelen afectar especialmente a obrar religiosas como la del San Miguel de Peñaranda, cuya polémica «restauración» fue descubierta recientemente por un grupo de expertos en Patrimonio durante una visita a la localidad. La figura, que el sacerdote Tomás Gil describe como una pieza de «tamaño mediano, realizada correctamente en su anatomía y vestimenta, y encargada posiblemente con fines procesionales para la parroquia», se intentó reparar sin éxito, probablemente porque la persona encargada no contaba con formación específica sobre el tema. 

Estas restauraciones, realizadas desde el desconocimiento, son un problema común en parroquias y cofradías, donde la falta de presupuesto lleva a recurrir a aficionados para la reparación de estatuas y pinturas, muchas veces con resultados irremediables.

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