Trump acusa al líder de los ultraconservadores de «traidor»
22 jul 2016 . Actualizado a las 07:16 h.Ted Cruz se prepara para las presidenciales del 2020. Enarbolando la bandera republicana desde el ala hostil, el ultraconservador sigue evidenciando que su estrategia pasa por una proyección a largo plazo, sabiendo que su construcción comienza desde el instante en el que el Partido Republicano corona a Donald Trump. «Creo que algo pasará», decía Lora Gervais, delegada de Utah. Su augurio se lanzaba horas antes de un discurso que marcaba un antes y un después en la historia republicana. «Voten lo que su conciencia les pida», decía Cruz sin pronunciar el nombre del magnate.
Así fue como Ted Cruz reivindicaba su liderazgo y resucitaba el movimiento opositor a Trump, que aunque no haya conseguido revocar su designación como candidato, sí aglutina la fuerza de todos aquellos que no confían en las posibilidades del magnate el próximo 8 de noviembre. Y estos no son solo los Never Trump.
Diversos delegados han expresado su hartazgo estos días en Cleveland. Sus diagnósticos iban un paso más allá y consideraban que la retórica agresiva del magnate podría hacer perder la mayoría republicana en la Cámara de Representantes y en el Senado. Para colmo, su fracaso llevaría a lo más alto a sus rivales demócratas, que ganarían las elecciones por tercera vez consecutiva, algo que no ocurría desde la Segunda Guerra Mundial. De ser así, sería necesaria la reconstrucción de un partido roto en el que Ted Cruz sería de los mejor posicionados, al no haber respaldado oficialmente la candidatura de «aquel que fulminó los principios republicanos» y faltó a su propia familia: «No tengo la costumbre de apoyar a personas que atacan a mi esposa y a mi padre», explicó el ultraconservador, aludiendo a cuando el magnate se burló del físico de su mujer e insinuó que su padre había participado en el asesinato de John F. Kennedy. «No voy a llegar como un perro faldero», dijo Cruz ante la delegación de Texas.
El menos apoyado en 40 años
En las filas de Trump ya se habla de traición. «Ha faltado a su juramento», decía un enfurecido Trump. No asumen que Cruz no haya querido apoyar al candidato que ha ganado «respetando las reglas del juego». Saben que su «egoísmo», tal y como lo calificó el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, contribuye a una ruptura definitiva del partido.
Sin embargo, los datos son tozudos y sitúan a Donald Trump como el candidato republicano con menor apoyo de los suyos en los últimos cuarenta años (no había más que mirar las gradas semivacías del Quicken Loans Arena durante la mayor parte de la Convención Republicana).
El trabajo de Trump en los próximos meses será el de ganarse la confianza ya no solo del electorado sino también de sus rivales. ¿Cómo? Generando esperanza con estrategias que se alejen de la polémica y apoyando su candidatura en la fórmula Trump-Pence. Según los expertos, la postura negociada de su número dos es la única con la que puede ganar aliados en estados clave.
Ayer, el magnate abrió una nueva brecha en política exterior al condicionar el papel de la OTAN a la implicación económica de todos sus socios en las misiones.
En paralelo y mientras los demócratas se frotan las manos por la ruptura republicana, su virtual candidata ultima el nombramiento de su número dos. Bill Clinton, expresidente y esposo de la demócrata Hillary Clinton, le habría trasladado que Tim Kaine es el hombre más adecuado para ocupar la vicepresidencia en caso de ganar la Casa Blanca. El expresidente destacó su experiencia en política nacional e internacional, a pesar de que algunos hablan de él como «el aburrido». «Eso me encanta de él», dijo entre risas Hillary Clinton al ser preguntada al respecto.