Las inmediaciones del tribunal aparecían custodiadas por una fuerte presencia policial
03 ago 2016 . Actualizado a las 07:30 h.Con el secretismo habitual y bajo una fuerte presencia policial, el Gobierno chino ha empezado a juzgar a varios activistas y abogados especializados en temas de derechos humanos. El primero de ellos, Zhai Yanmin, fue condenado a tres años de cárcel acusado de subversión. Una pena que quedará en suspenso durante cuatro años si no vuelve a ser acusado del mismo delito.
El tribunal número 2 de Tianjin considera que Zhai y otras tres personas -Hu Shigen, Li Heping y Zhou Shifeng- «conspiraron para subvertir el poder del Estado y establecieron el sistema ideológico, el método y los pasos para lograrlo», precisaba la agencia oficial Xinhua. Este proceso judicial se abre un año después de que las autoridades arrestaran a más de 300 personas en todo el país. Zhai, que comenzó su activismo durante las revueltas de Tiananmen, fue detenido junto a otros 16 activistas durante una protesta y ha permanecido detenido desde entonces. Su abogado, Ge Wenxiu, denunció que no le permitieron defender a su cliente durante el juicio. «No voy a comentar la sentencia porque todo forma parte de una completa ilegalidad», comentó.
Presencia policial
Las inmediaciones del tribunal aparecían custodiadas por una fuerte presencia policial. Hasta allí se desplazó la esposa de Zhai, Lin Ermin, quien tachó la sentencia de «inaceptable». En declaraciones a un diario hongkonés, Lin afirmaba: «Incluso si sale de la cárcel pronto, ¿para qué sirve eso? No puede hablar. ¿Cuál es el significado de solo comer y dormir?», en referencia a la vigilancia constante bajo la que vivirá a partir de ahora.
El de Zhai fue el primero de los cuatro juicios que se celebrarán esta semana. Entre ellos destaca la figura de Zhou Shifeng, el director del prestigioso despacho Fengrui de Pekín, que reunía a los abogados de derechos humanos más reconocidos de China. Precisamente el lunes, una de las letradas de este bufete, Wang Yu, fue liberada bajo fianza. El mismo día se emitió una confesión televisada de Wang en la que atribuía a la influencia de «fuerzas extranjeras» las actividades que realizó en dicho despacho durante años.