¿Qué ha cambiado un año después de la muerte de Aylan?

Se cumplen 365 días de la foto que conmocionó al mundo y puso cara al drama que viven miles de refugiados que escapan de los horrores de la guerra


365 días después de que una foto conmocionara al mundo, pocas cosas han cambiado. Aylan Kurdi, el niño que removió conciencias con su trágica muerte, consiguió retratar hace un año el terrible drama de los refugiados. Caló hondo en la conciencia europea, que con el tiempo fue diluyendo su pena y su culpa. Porque todos se acuerdan de Aylan, pero pocos ponen remedio a un drama que sigue saldándose con muertes y tragedias.

Hace un año que el cadáver de Aylan, localizado en la playa turca de Bodrum, puso cara a los miles de refugiados que arriesgando su vida han abandonado una tierra en la que ya solo les queda guerra y miseria. Aylan era uno más. Residente en la ciudad kurda de Kobani, al norte de Siria y dominada por el terror del Estado Islámico, a sus tres años, Aylan solo conoció la guerra. Y la miseria. Y el terror de embarcarse en una nave hacia una libertad que finalmente nunca llegó.

Aylan se convirtió en un icono. Un símbolo incómodo para los mandamás europeos, los mismos que durante meses se afanaron en escapar de una crisis migratoria que finalmente sigue sin encontrar una solución adecuada. Aylan revolucionó. Y fue olvidado. ¿Qué ha cambiado 365 días después?

Poco. La imagen de Aylan no fue quien de poner fin a la muerte en el Mediterráneo. 423 niños han fallecido ahogados en el mar en el último año. Ellos también buscaban un lugar alejado de la violencia, la guerra y la persecución. «Aylan despertó conciencias por empatía, pero las respuestas no han sido adecuadas». Esas han sido las capitales palabras con las que la secretaria General de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Estrella Galán, ha descrito la situación actual. Insisten, en los últimos meses han sido «miles los aylanes» que han intentado llegar a Europa sin que se haya ofrecido una solución real al dolor de millones de refugiados. «La fotografía de Aylan fue un despertar de las conciencias sobre todo por empatía, porque todos nos identificamos con los padres de aquel niño, que llevaba unos pantalones y unos zapatos que podrían pertenecer a cualquier hijo de clase media, que era blanco y que nos acercaba a esa realidad. Con el paso del tiempo han sido muchos los aylanes que han seguido muriendo, las respuestas no han sido las adecuadas y lo que hemos visto es que se han puesto en marcha medidas alejadas de soluciones reales», asegura.

La muerte de Aylan no sirvió para revertir la situación a este lado del mundo. Las medidas iniciadas por el Viejo Continente no han facilitado la entrada. Tampoco han mejorado las condiciones para garantizar un paso seguro que evite más muertes. Todos los esfuerzos europeos se han centrado en cerrar el grifo de llegada de refugiados. Y mientras miramos hacia otro lado, decenas de aylanes siguen quedándose en el camino. Ellos pasarán al más absoluto olvido.

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