La UE afronta una batalla épica por la supervivencia

El populismo, el terrorismo, la inseguridad en las fronteras y la anemia económica azotan ahora a una Unión aterida ante la multiplicidad de voces que marcan caminos opuestos hacia los que remar


BRUSELAS / E. LA VOZ

Géricault nunca habría imaginado que su famoso lienzo La balsa de la Medusa se convertiría casi 200 años después en una metáfora viva y terrible del hundimiento de una UE, entonces inconcebible. Al igual que aquella barcaza, la Unión se construyó en los últimos ocho años con prisas, parches y sin un capitán competente al timón. El populismo, el terrorismo, la inseguridad en las fronteras y la anemia económica azotan ahora a una Unión aterida ante la multiplicidad de voces que marcan caminos opuestos hacia los que remar.

¿Es la peor crisis de la fundación?

Sí. «Puede ser la crisis de su existencia, de su fundación misma», admitió François Hollande. Por primera vez en 60 años uno de los miembros de la UE ha decidido abandonar el club. Nada menos que Reino Unido, tercera economía y principal potencia militar de la Unión. Ni la «crisis de la silla vacía» propiciada por De Gaulle a mediados de los 60, ni las provocaciones de la británica Margaret Thatcher, o el «no» de los franceses a la Constitución Europea en el 2005 provocaron un temblor de la magnitud del brexit.

¿Por qué algunos líderes no reaccionaron con más determinación?

En algunos casos, como el británico, se subestimaron los riesgos. «Cuando te pasas años criticando y mintiendo sobre la UE después no te puedes extrañar del resultado», deslizó el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.  En otros, la presión del electorado, escorado hacia posturas euroescépticas, empujaron a los líderes a adoptar posiciones perjudiciales para la cohesión de la Unión, pero rentables desde el punto de vista electoral. Así es como el primer ministro eslovaco, Robert Fico, decidió plantarse ante las cuotas de refugiados y erigirse en el guardián de las fronteras internas, junto al ultraderechista húngaro, Viktor Orban. O como Merkel, se negó a dar tregua a los países del sur, extenuados de tantos recortes, ante el avance de los populistas en los sondeos.

¿Peligra la Unión?

Una Europa sin Unión es posible. Quedó demostrado que no es irreversible en junio, cuando Londres pidió el divorcio. Desde ambos lados del canal de la Mancha tratan de calmar las aguas. La puerta se abre para el acomodo de otros socios que no dudarán en exigir trato preferencial. Los resultados de las elecciones del 2017 en Alemania, Francia y Holanda serán vitales. Los euroescépticos anuncian referendos de permanencia si acceden al poder. 

¿Funcionará Bratislava?

Como bien explicó Merkel, «es solo un comienzo», pero tratar de coser las costuras entre los 27 aumentando la cooperación militar y de seguridad no será suficiente. «Lo importante es que entiendan que la flexibilidad puede fortalecer la cohesión si se aplica en todos los ámbitos de forma pragmática. Hay que acomodar los niveles heterogéneos de voluntad y capacidad de los estados miembro», aseguran los expertos Stefan Lehne y Heather Grabbe, quienes apuntan una lista de tareas que acometer: contener el contagio del brexit, proteger el mercado único respetando las libertades de circulación, castigar el no cumplimiento de las normas fundamentales de la UE, garantizar el respeto al Estado de derecho, completar la Unión Monetaria, reforzar Schengen y tomar decisiones de forma más inclusiva, algo a lo que Alemania no está acostumbrada.

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