El brasileño asesinado cambió de casa y de ciudad hasta seis veces en los últimos dos años
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La víctima, que dejó pequeñas deudas en A Coruña, podría estar huyendo, según cree la Guardia Civil
24 sep 2016 . Actualizado a las 10:15 h.Marcos Campos Nogueira y su familia no tuvieron un instante de sosiego en los dos últimos años de sus vidas. Siempre de aquí para allá. Cambiando de empleo y mudándose de casa. Desde que llegaron a España en el 2013 residieron en seis ciudades distintas (Madrid, Murcia, Valencia, Valladolid, Alcorcón y Guadalajara). Eso, unido a que en la vivienda donde aparecieron sus cuerpos desmembrados no había ropa, muebles ni comida en la nevera, empuja a pensar a los investigadores que Marcos y su esposa Janaina huían de algo o de alguien y que no tenían pensado pasar mucho más tiempo en su nueva residencia, un chalé con piscina en una urbanización con 300 casas.
Quienes fueran los que hace un mes entraron en ese chalé son unos profesionales. La Guardia Civil no encuentra explicación a la inexistencia de sangre por ningún lado pese a que allí se descuartizaron cuatro cuerpos que fueron metidos en bolsas repartidas por las habitaciones. Para entrar no forzaron ni puertas ni ventanas. Y no hay ni una sola huella en esa casa que no fuera las víctimas. Por eso la Guardia Civil insiste en que tuvo que ser obra de sicarios. Y muy probablemente, llegados de Brasil para cometer el crimen y regresar al día siguiente. De hecho, los investigadores solicitaron a la policía de aquel país una lista con los nombres de asesinos a sueldo que operan en América para cotejarla con las listas de pasajeros de los vuelos procedentes de Brasil en el último mes.
Teniendo casi como cierto que fueron asesinados por profesionales del crimen, que a él lo torturaron antes de morir, que la familia llevaba dos años cambiando de residencia y que no existe constancia alguna de que Marcos anduviera metido en asuntos de droga, la Guardia Civil cree que el móvil del cuádruple homicidio es una deuda económica. Ya el hermano, desde Brasil, lo intuye.
Además, ahora se van sabiendo cosas. Como que siempre andaba pidiendo dinero y pocas veces lo devolvía. Nunca eran grandes cantidades, pero la lista de amigos y conocidos con los que Marcos Campos Nogueira quedó mal, es numerosa. En A Coruña dejó a unos cuantos. Uno de tantos contaba ayer que a él le había pedido 30 euros en el 2010 con la promesa de devolvérselos al día siguiente, y jamás lo hizo. Los conocidos siempre se refieren a cantidades más o menos similares. De poca monta. Con quien sí tuvo un desencuentro importante durante la etapa coruñesa fue con un hombre con el que se asoció para poner en marcha una cafetería en la ronda de Outeiro. Jamás abrió sus puertas porque pronto surgieron problemas económicos entre ambos.
Durante la etapa en la que trabajó con un abogado para tramitar los papeles de residencia o nacionalidad a brasileños afincados en Galicia también tuvo sus más y sus menos con algunos de ellos. Cuentan que les pedía grandes cantidades de dinero «por unas gestiones que costaban la mitad», según afirma uno de aquellos compatriotas. También le quedó a deber 200 euros de fianza al dueño de la casa de Guadalajara donde estuvieron alquilados desde julio. Parece claro que la familia apenas disponía de dinero.