La fractura del grupo parece inevitable si se consuma el giro a la abstención
ACTUALIDAD
Un viraje complicado desde el no a Rajoy, a dejar gobernar al PP
05 oct 2016 . Actualizado a las 07:24 h.El tiempo apremia. A pesar de la serenidad que intenta transmitir Javier Fernández, presidente de la gestora socialista, las fechas se están echando encima del PSOE, que deberán decidir cuanto antes si negocia con el PP una abstención en la investidura de Mariano Rajoy, con o son condiciones, o si opta por mantener el bloqueo y forzar unas terceras elecciones, con muy malas perspectivas para ellos. El 31 de octubre se cumple el plazo en el que sería ineludible llamar a las urnas, pero las previsibles negociaciones, la necesidad de que el rey culmine una nueva ronda de consultas y la de convocar con tiempo suficiente la sesión de investidura hacen que la decisión se tenga que tomar en pocos días. Y, por lo visto ayer, parece casi imposible que el PSOE pueda acabar virando hacia a la abstención sin que se produzca una grave fractura en el grupo parlamentario.
Está en primer lugar la amenaza de los diputados del PSC de romper la disciplina de voto, cosa que ya han hecho en otras ocasiones sin que ello tuviera apenas consecuencias. Pero está también el problema de Pedro Sánchez, que sigue siendo diputado y que difícilmente obedecería la orden de abstenerse después de asegurar que nunca lo haría. A su posible desobediencia podrían unirse los más fieles a él. Y, al contrario de lo que ocurre con el PSC, cuya indisciplina casi se justifican en el PSOE, el que los fieles a Sánchez no obedecieran las órdenes del grupo crearía un cisma de imprevisibles consecuencias, incluso en el caso de que optaran simplemente por ausentarse de la votación para no facilitar con su voto el Gobierno de Rajoy.
El problema añadido es que difícilmente podrá aceptar el PP una abstención del PSOE sin compromiso alguno en torno a la estabilidad. Lo primero que deberá hacer el próximo Gobierno es cumplir con las exigencias de la Unión Europea, que reclama un nuevo paquete de importantes recortes. Y la posibilidad de que esas medidas fueran rechazadas en el Congreso por el voto en contra del PSOE, que se sumaría a la ya segura oposición de Podemos y la probable de los independentistas, tendría consecuencias muy negativas para España. De ahí que Rajoy se plantee exigir al PSOE unos compromisos mínimos con Bruselas y con los próximos Presupuestos. Y, si ya es difícil que los de Sánchez se avengan a dejar gobernar a Rajoy con su abstención en el Congreso, parece imposible que lo hagan si, además, deben comprometerse a apoyar los recortes del Gobierno del PP.