La investigación avanza al ritmo que permite la tecnología y a la espera de encontrar nuevas pistas que reactiven líneas del caso ahora aparcadas o abran nuevos frentes
09 oct 2016 . Actualizado a las 09:55 h.A Diana Quer se la tragó la tierra, ya sea de forma voluntaria o forzada. Este domingo se cumplen 50 días de su desaparición, tiempo que todas las partes consultadas en el caso coinciden al asegurar que es demasiado extenso para que una joven de 18 años se evapore de motu propio sin dejar rastro alguno. Este hecho dejó, desde el inicio, en manos de los investigadores un complejo trabajo de búsqueda que está siendo ejecutado por la Policía Judicial y la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Los agentes, a día de hoy, siguen confiando buena parte del caso al uso de los sofisticados medios tecnológicos, que por ahora han permitido reconstruir la trayectoria que realizó su móvil el 22 de agosto. Lo que no está confirmado es que la joven madrileña estuviera junto a su celular, una incógnita que permite hacerse una idea de las muchas hipótesis que se manejan como válidas.
Lo que sí está confirmado es que el terminal de Diana estuvo entre las 03.00 y las 04.00 horas de aquella madrugada (no volvió a conectarse desde entonces) en Taragoña, parroquia de Rianxo, y que previamente recorrió unos 20 kilómetros por la autovía de Barbanza desde su localidad de veraneo, A Pobra do Caramiñal, en donde se le perdió el rastro después de las 02.30 horas. La investigación, actualmente, está orientada a conocer datos obtenidos a partir del rastro que dejan los teléfonos móviles, por lo que todo pasa por el uso de los citados medios tecnológicos.
Uno de los primeros pasos fue localizar el IMEI (siglas que en inglés corresponden al código de identificación que tienen los móviles) del celular de Diana Quer, algo que no resultó complejo al tener acceso a toda la información necesaria gracias a la colaboración prestada por sus padres. Una vez «picado» el IMEI se pudo acceder a la memoria del móvil o a su listado de llamadas, que junto a la información facilitada por los repetidores de telefonía de la zona, permitieron reconstruir parte de lo ocurrido aquella madrugada. Ahora, lo que se busca, invirtiendo decenas de horas en ello, es otro IMEI que hiciera, aquella madrugada, el mismo recorrido en idénticas franjas horarias. Este trabajo resulta muy complejo al desconocerse la compañía a la que pertenece dicho terminal, algo fundamental, ya que en función de uno u otro operador las señales son recibidas por diferentes repetidores, que en el caso de Arousa pueden estar a un lado u otro de la ría magnificando en exceso el radio de búsqueda. Lo que sí es seguro es que de localizarse ese IMEI tan ansiado el propietario pasaría a ser el principal sospechoso del caso.
Cuando los investigadores se adentran en el terreno de las conjeturas, en su afán por seguir avanzando en este enmarañado rompecabezas, hay una que, con el paso de tantos días, va enraizando. Dicha teoría apunta a que la persona que iba al volante del coche en el que se desplazó el móvil de Diana, y probablemente ella también, conoce mínimamente Barbanza y su red viaria. Ya que para los investigadores, aparentemente, no resulta normal desplazarse a altas horas de la madrugada recorriendo buena parte de la costa de Arousa norte sin tener un destino concreto al que llegar para, luego, estar al menos una hora.
Dueños de casas de verano en Taragoña están regresando para certificar que nadie las allanó
En Taragoña, la parroquia de Rianxo que focaliza desde hace varias semanas toda la atención relativa a la desaparición de Diana Quer, se vive un clima de incertidumbre que afecta tanto a los oriundos como a los dueños de viviendas de segunda residencia. Es más, esta misma semana, y a raíz de las informaciones que situaban erróneamente a los agentes encargados del caso registrando viviendas ante la posibilidad de localizar a la joven madrileña en el interior de una de ellas, algunos propietarios de esas construcciones estivales han decidido regresar en octubre para abrir sus inmuebles y comprobar, en primera persona, que nadie había allanado sus inmuebles y que todo estaba en orden.
Mientras, entre los vecinos que residen todo el año en Taragoña existe gran incertidumbre sobre cuál es el verdadero paradero de la joven, y son numerosos los residentes que aprovechan la presencia masiva de televisiones para intentar averiguar algún dato a través de los periodistas.