Europa espera confirmar hoy el aterrizaje de un robot en Marte

La sonda entró con éxito en la órbita marciana, pero el módulo sigue sin dar señales


Redacción / La Voz

«Hemos llegado a Marte, de eso no hay duda. Ha sido como un parto, pero estamos emocionados y muy contentos». Pasadas las ocho y media de la tarde, el ingeniero gallego Alejandro Cardesín Moinelo, responsable de operaciones de la misión ExoMars, no podía contener la alegría. El orbitador de la Agencia Espacial Europea TGO había logrado insertarse con una precisión casi absoluta en la órbita de Marte, donde permanecerá durante varios años para estudiar los gases de su atmósfera, fundamentalmente el metano, con el fin de detectar posibles signos de vida.

El éxito, sin embargo, no es todavía completo. Europa también quería demostrar que dispone de la tecnología suficiente como para entrar en la atmósfera marciana, iniciar el descenso y aterrizar de una forma controlado. Este era el gran objetivo del robot Schiaparelli, una de las partes de la misión, aunque menor y prácticamente sin contenido científico, pero ayer todavía no se pudo confirmar si lo había logrado o no. Europa tendrá que aplazar su cita con la historia espacial.

Incertidumbre

Pero por la noche se pudo recuperar un ánimo que en buena parte se había perdido por la tarde. Si todo hubiera salido a la perfección, la señal del aterrizaje tendría que haber llegado a Tierra sobre las cinco de la tarde de ayer a través del radiotelescopio Pune, situado en la India, que también fue el encargado de confirmar que el módulo había entrado en la atmósfera de Marte, a una velocidad de 21.000 kilómetros por hora, e iniciado el descenso. Pero en los últimos minutos, los más complejos, se perdió la conexión. Ahí empezó a cundir la inquietud. Y los datos que llegaron poco después de la sonda europea Mars Express, que orbita el planeta desde el 2004, tampoco aclararon las dudas. Sus datos no fueron concluyentes. Hubo que esperar a que se estableciese la comunicación con la nave estadounidense Mars Reconnaisance Orbiter (MRO), que suministró una gran cantidad de datos. Todavía no se han podido analizar, pero el elevado volumen de información que contienen hace sospechar que no solo ha recogido señales del descenso de Schiaparelli, sino también del aterrizaje.

Los responsables de la ESA empezaron a respirar un poco más aliviados, aunque la confirmación no se espera hasta hoy. «Es probable que los tengamos que analizar durante toda la noche, e incluso obtendremos más durante la madrugada», explicaba ayer Alejandro Cardesín.

En el momento del descenso, Marte registró una intensa tormenta de polvo, por lo que se especula que este hecho pudo haber dificultado las comunicaciones e impedido que la señal se recibiese tan pronto como se esperaba. El silencio que se vivió ayer por la tarde en el centro de control de operaciones de la ESA en Darmstadt (Alemania) fue, por momentos, agónico. Planeaba la sombra alargada del Beagle, el robot que tenía que cumplir el mismo objetivo a finales del 2003. Pero falló. No fue, en esa ocasión, un fracaso estricto de los países que integran la ESA, ya que el ingenio fue desarrollado en exclusiva por el Reino Unido. En la práctica, Schiaparelli es el primer intento de la agencia de aterrizar en Marte. Pero habrá que esperar confirmación.

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