Los ocho barones del no a Rajoy desafían al comité federal y piden abstención mínima

La gestora y los barones advierten al PSC y a los rebeldes de que cumplan lo acordado


El comité federal del PSOE ha dado el paso definitivo para facilitar el Gobierno a Mariano Rajoy. Ahora se trata de ver cómo se ejecuta la decisión en el Congreso. Y el partido se ha vuelto a dividir. Los líderes regionales partidarios del no quieren que la abstención que acordó el cónclave socialista sea mínima, es decir de solo los 11 diputados necesarios. Así lo transmitieron ayer en una carta al presidente de la gestora, Javier Fernández, quien, al igual que Susana Díaz, pretende que se retracte todo el grupo parlamentario.

Entre los ocho firmantes figura solo una presidenta autonómica, la balear Francina Armengol. Los otros siete son Idoia Mendia (País Vasco); César Luena (La Rioja); Luis Tudanca (Castilla y León); Sara Hernández (Madrid); Rafael González Tovar (Murcia); María Chivite (Navarra) y Manuel Hernández (Ceuta). En el texto afirman que la abstención técnica «reforzaría el sentido político» de la acción del PSOE y sería «claramente beneficiosa en el objetivo compartido de empezar a superar la situación de división actual».

El comité federal confirmó la fractura que existe en el partido, que es de tal calado que los siete diputados del PSC y, al menos, otros cuatro más (Margarita Robles, Odón Elorza, Susana Sumelzo y la gallega Rocío de Frutos), a los que se podrían sumar los dos baleares, van a votar no en la investidura, desobedeciendo lo que decidió el máximo órgano socialista. Y con la gran incógnita de lo que hará Pedro Sánchez.

La gestora amenaza con aplicar a los rebeldes las sanciones establecidas, que van de los 600 euros de multa a la expulsión. En el caso del PSC, la desobediencia puede acabar incluso en la ruptura de unas relaciones que duran 38 años. Dos de los barones que votaron a favor de la abstención, Emiliano García-Page y Guillermo Fernández Vara, a los que sumó el expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra, advirtieron ayer a los socialistas catalanes de que su disidencia tendrá consecuencias. El más beligerante fue el castellanomanchego, quien lo expresó de forma muy gráfica: «Si alguien quiere el divorcio, como saben ustedes ahora en España, con que lo pida una de las partes vale». Explicó que cuando se participa en una votación democrática como la del comité federal se tiene que acatar la decisión de la mayoría. El presidente extremeño avisó al PSC de que debe saber que si desobedece «no vale decir que no pasa nada», porque tendrá consecuencias. Rodríguez Ibarra aseguró que entendería romper con el PSC, que dijo «nos hacen perder votos en el resto de España».

El portavoz de la gestora, Mario Jiménez, sostuvo que el «desacato» obligará a «evaluar» la relación con el PSC. «Confío, y a ello nos vamos a poner, en que impere el seny catalán», afirmó.

Pero Miquel Iceta no da marcha atrás y está dispuesto a pagar el precio que haga falta, por alto que sea. «Nosotros desobedeceremos y estamos dispuestos a asumir las consecuencias», afirmó. Incluso si implica un cambio de relación entre ambas formaciones, aunque no quiere romper el vínculo que las une.

Otros dos presidentes autonómicos partidarios de dejar gobernar a Rajoy, Ximo Puig y Javier Lambán, optaron por adoptar un perfil bajo y conciliador. El presidente valenciano dijo que «ni es una decisión ideológica, ni ética ni moral: es una decisión instrumental», y señaló que no es partidario de confrontaciones ni expulsiones. El barón aragonés sostuvo que es el momento de «reprimir las vísceras y dar paso a la razón».

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