La gestora del PSOE se muestra incapaz de reconducir la división en el partido

Un mes después del convulso comité federal, el enfrentamiento incluso se ha agravado

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Los frentes abiertos del PSOE Uno de ellos es decidir qué hacer con los díscolos que rompieron la disciplina de voto y otro, las declaraciones de Sánchez

Fue probablemente el comité federal más convulso de la historia del PSOE. Un debate tan intenso que fracturó el partido en dos mitades y traspasó los límites de la disputa política para adentrarse en el enfrentamiento personal. Algo de lo que los dos sectores en disputa han admitido sentirse avergonzados. Aquella jornada histórica concluyó con la salida traumática del secretario general, después de quedarse en minoría, y el nombramiento de una gestora encargada, en teoría, de encauzar esa ruptura y sentar las bases para un próximo congreso. Pero, cuando se cumple un mes de aquel comité federal, la gestora se muestra incapaz de reconducir el conflicto. Al contrario, esas heridas no solo no han curado, sino que se han hecho más profundas, y el partido está más dividido que nunca.

La principal tarea hasta ahora de la gestora que dirige el presidente asturiano Javier Fernández ha sido llevar al partido a un giro copernicano en el Parlamento que consistió en pasar del no rotundo a la investidura de Rajoy a facilitar el Gobierno al líder del PP mediante la abstención del PSOE. Un viraje tan brusco que ha hecho saltar varios engranajes en el partido. La primera consecuencia ha sido el choque inevitable con el PSC, que, a pesar de participar en la votación que impuso ese giro, no aceptó el resultado y consumó su ruptura de la disciplina de voto. Una posición que llevará a un replanteamiento de la relación entre ambos partidos, aunque no se llegará a una ruptura total, que dejaría a los socialistas con unas perspectivas electorales aún peores.

Debilidad en el Parlamento

La segunda consecuencia ha sido que el PSOE se encuentre en una situación de extrema debilidad en el Congreso, sin un líder parlamentario que haga creíble la declarada intención de hacer una fuerte oposición a Rajoy, sin un discurso coherente que explique por qué se deja gobernar a la derecha y a merced de todos los grupos de izquierda y nacionalistas, que por ahora se ceban más en criticar a los socialistas que en cuestionar a Rajoy. La inminente presentación de los Presupuestos abrirá una nueva brecha en el grupo parlamentario entre los partidarios de negociarlos con Rajoy y los que defienden una enmienda a la totalidad.

La mala noticia para el PSOE es que esa situación de desunión no tiene visos de solucionarse a medio plazo y amenaza con prolongarse incluso más allá del próximo congreso. Si la gestora, o más bien la presidenta andaluza, Susana Díaz, que fue la que, apoyada por un buen número de barones, impuso la salida de Sánchez, pensaba que apartándolo se allanaba el camino, se equivocó de plano. Sánchez está dispuesto a recuperar un liderazgo que entiende que le ha sido usurpado por los poderes fácticos. Y pretende hacerlo, además, redoblando el enfrentamiento, al defender abiertamente la alianza con Podemos y la negociación con los partidos independentistas. Algo que augura un choque en el próximo congreso que va más allá de un cambio de liderazgo y que puede provocar una fractura en el PSOE entre quienes, como Susana Díaz y Javier Fernández, consideran que el PSOE se ha «podemizado» y esa es la causa de sus males, y quienes, como Sánchez, ven inevitable aliarse con los de Pablo Iglesias y renunciar a la hegemonía de la izquierda. Por tanto, un mes después del traumático comité federal, los problemas del PSOE no solo no se han solucionado, sino que se han agravado y van para largo.

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