Así será EE.UU. si gana Donald Trump

El candidato a suceder a Barack Obama no ha bajado el tono de su discurso y mantiene su intención de llevar adelante algunas de las políticas más drásticas y preocupantes


Hace un año parecía imposible. Y sin embargo a día de hoy hay sondeos que ya colocan al extravagante y polémico Donald Trump en el despacho oval. A una semana de que los americanos se encuentren con las urnas, el candidato republicano empieza a animar unas elecciones ya de por sí extrañas e imprevisibles. Mientras la comunidad internacional y los mercados miran con temor las últimas encuestas, el discurso populista y agresivo de Donald Trump sigue robándole apoyos a Hillary Clinton. De nada ha servido que hasta algunos de los que militan en las filas de su propio partido hayan decidido dar su apoyo a los que antaño fueron sus rivales. Donald Trump suma y sigue, y a día de hoy, los estudios publicados por ABC y The Washington Post sitúan al aspirante republicano por delante de la exsecretaria de Estado.

Poco ha cambiado la estrategia de Donald Trump. Con un discurso que apenas ha bajado de decibelios, el republicano sigue adelante con su insólita campaña. Porque Trump decidió presentarse a las elecciones rompiendo con la tradición discursiva de sus predecesores republicanos, acostumbrados a medir cada palabra tratando de llegar a todos los estratos sociales con mensajes unificadores y sencillos.

Trump rompió. Y venció. Algo que sigue sorprendiendo a muchos. Y es que en junio del año 2015, cuando el polémico empresario decide dar un paso adelante y optar a ocupar la Casa Blanca, Reuters lo colocaba en una posición con muy pocas posibilidades. La agencia aseguraba que entre los 13 candidatos de su partido, él figuraba en el puesto número 12 en intención de voto. Y hay más, porque más de la mitad de los consultados aseguraba que «jamás» votaría por él.

El discurso bronco que ha abanderado desde el principio no ha conseguido espantar a todos los votantes y a estas alturas de la campaña lo cierto es que Trump todavía tiene alguna oportunidad. 

Y si finalmente los pronósticos se cumplieran y el magnate americano aterrizara entre las paredes de uno de los gobiernos más poderosos del mundo, ¿qué sucedería? Tras amenazar al mundo entero con sus presagios y programas electorales, este sería el Estados Unidos que nos encontraríamos después de que las urnas dieran luz verde a las políticas del republicano.

1. Un país separado por un polémico muro

Avisó, causó estupor y, sin embargo, no dio marcha atrás. Donald Trump lo tiene claro. Estados Unidos debe construir un muro a lo largo de toda la frontera con México con el único fin de bloquear los flujos de inmigración clandestina. Y no solo eso. Los vecinos mexicanos deben ser los que aflojen el bolsillo para financiar una obra pantagruélica cuyo coste está valorado en miles de millones de dólares.

«Los líderes de México se han aprovechado de EE.UU. al usar la inmigración ilegal para exportar el crimen y la pobreza de su propio país, un hecho que ha supuesto un coste extraordinario para el contribuyente estadounidense», es el argumento que con uñas y dientes defiende el candidato. Y en caso de encontrarse con la negativa -lógica y esperada- de los líderes mexicanos, existe una solución. El presidente confiscará los pagos de remesas derivadas de sueldos ilegales e incrementará los precios de todos los visados temporales de primeros ejecutivos y diplomáticos del país vecino. Poco le importa a Trump que esta última medida suponga una violación del Tratado de Libre Comercio firmado en el año 1994 entre su país, Canadá y México.

2. Un Gobierno que promueve el odio racial

Para Donald Trump la inmigración es el gran problema de su país. Un inconveniente que se ha comprometido a arrancar de raíz. Cueste lo que cueste. Y vaya si costará. Porque mientras Donald Trump se compromete a devolver a sus países a los 11 millones de inmigrantes indocumentados que actualmente intentan sobrevivir en territorio americano, los que llevan los números ya han sacado la calculadora. 

Porque perder esta mano de obra -realmente barata- supondría un duro golpe para un país que tendría que sacar de la hucha entre 400.000 y 600.000 millones de dólares para iniciar un proceso realmente preocupante. 

Pero sus intenciones van un paso más allá. Mientras expulsa por la puerta de atrás a los inmigrantes que ya tratan de sobrevivir en el país, la otra puerta quedará completamente cerrada para aquellos que tengan alguna intención de entrar. Sobre todo para los musulmanes. Porque el republicano tiene muy claro que ellos no deben poner ni un solo pie en Estados Unidos.

3. Las armas de fuego, como un objeto más

Poseer una licencia de conducir es lo mismo, para el presidenciable, que portar una de armas. Es un derecho constitucional, alega. Y en cuanto aterrice en el despacho oval, llevarlas por la calle será algo de lo más normal. Poco o nada sirven todas las portadas que el país ha protagonizado a causa del mal uso de estos objetos.

4. Unas medidas económicas para los ricos

Él mismo alardeó de haber conseguido eludir a través de maniobras «legalmente dudosas» el pago de impuestos. Por tanto no sorprende que uno de los muros que este candidato espera derrumbar sea precisamente el de la política fiscal. La promesa es sencilla: bajará los impuestos a tasas no aplicadas desde la Segunda Guerra Mundial para cualquier empresa, alcanzando un tope del 15 % (bastante alejado del 40 % existente actualmente). También pasarán por su mano otros impuestos como el de ganancias o el que controla las herencias. 

5. Irán, controlado

Poco le importó que los demás no le acompañaran demasiado en este asunto. Donald Trump pretende imponer su mano de hierro en el país y controlar a la potencia. Y con ello cambiar por completo el acuerdo firmado por el 5+1 (Estados Unidos, China, Rusia, Gran Bretaña, Francia y Alemania) con Irán. Este papel obligaba al país de oriente medio a garantizar que Teherán jamás podría construir una bomba atómica. A cambio, la otra parte se comprometía a ir flexibilizando de manera progresiva y condicional las sanciones económicas internacionales. 

«Irán será una nación tan rica, una nación tan poderosa, que tendrá armas nucleares. Van a controlar partes del mundo que no tenemos idea y creo que al final esto provocará un holocausto nuclear», sentenció.

6. Arabia Saudí, ya no tan aliado 

Arabia Saudí dejará de ser probablemente uno de los grandes aliados de Estados Unidos en Oriente Próximo. Esta zona del planeta puede cambiar totalmente sus relaciones con el país en caso de que Trump llegue a ser presidente. Y es que el republicano ya avisó: el país árabe debería pargar por su alianza diplomática con Estados Unidos. «Les defendemos, enviamos nuestros buques, enviamos nuestros aviones. Y nosotros no obtenemos nada. ¿Por qué? Ellos ganan 1.000 millones de dólares al día. La razón principal por la que estamos con ellos es porque necesitamos petróleo. Pero la realidad es que ahora ya no necesitamos tanto el petróleo», sentenció sin pelos en la lengua para después enfatizar, para aquellos que albergaban dudas: «Ellos deberían pagarnos, porque sin nuestro respaldo, no existirían».

7. La tortura «funciona»

Tortura y terror como fórmula para combatir a los enemigos de EE.UU. Los propósitos de Obama de poner fin a la cárcel de Guantánamo caerían finalmente en saco roto. No solo no la cerraría, sino que aumentaría el número de presos y recrudecería las técnicas allí empleadas. Contra los yihadistas, y el resto de civiles que viven atormentados y presos del terror del Estado Islámico, la misma moneda: más terror.

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