bruselas / corresponsal

Ni el mal tiempo ni el obtuso rechazo de la Unión Europea a abrir las puertas a los migrantes han podido evitar que el Mediterráneo fuese testigo en las últimas 24 horas de dos nuevos naufragios frente a las costas libias. Al menos 239 personas, la mayoría guineanas, han desaparecido en el mar al hundirse las dos lanchas neumáticas en las que viajaban. Dos testigos de los 29 supervivientes que fueron rescatados por cinco buques desplazados a la zona aseguraron a Acnur que fueron embarcados a la fuerza desde un puerto cercano a Trípoli a pesar del mal tiempo y tras una espera de dos meses hacinados en unos barracones de la ciudad libia. Todos ellos están siendo atendidos por sanitarios en la isla italiana de Lampedusa. Por el momento solo se han podido recuperar 12 cadáveres. Entre los muertos se hallan un niño de dos años y la portera de la selección de fútbol de Gambia, Fatim Jawara.

Con estas nuevas tragedias el Mediterráneo supera la cifra de muertos del 2015 (3.771) alcanzando los 4.130, a pesar de que los flujos entre Turquía y Grecia han caído un 95 %. La Organización Internacional para las Migraciones achaca estas cifras al deterioro de las embarcaciones que parten desde el norte de África y al mayor hacinamiento de personas que viajan a bordo, una práctica que está reportando enormes beneficios a las redes de traficantes de personas. 

Al descarnado drama al que asisten las organizaciones humanitarias en el Mediterráneo central, desesperadas por la falta de apoyo institucional, se suma la indiferencia de Bruselas en torno al trato que reciben los migrantes que alcanzan la orilla del Viejo Continente. Amnistía Internacional (AI) denuncia en un nuevo informe los «maltratos» y «abusos terribles» que han sufrido centenares de demandantes de asilo en centros italianos. La oenegé apunta a las autoridades italianas y directamente a Bruselas. «Las presiones de la UE han desembocado en expulsiones ilegales  y en algunos casos, torturas».  Entre las prácticas coercitivas que habrían empleado los agentes para forzar la identificación y toma de huellas dactilares se incluyen golpes, descargas eléctricas y humillaciones sexuales. Hombres, mujeres y niños han sido víctimas de estos abusos, según AI, que acusa a la UE de querer frenar la llegada de inmigrantes sin reparar en su obligación de respetar los derechos humanos de las personas desplazadas. La portavoz comunitaria Natasha Bertaud se defendió de los ataques y aseguró que la Comisión se mantiene «vigilante» para garantizar que se respetan los derechos humanos.

Los ojos de Bruselas también están puestos en Turquía. El acuerdo migratorio se puede tambalear después de las últimas detenciones arbitrarias contra periodistas opositores. «Estamos preocupados», aseguran fuentes comunitarias. Pese a la evidente restricción de libertades en el país otomano, las negociaciones de adhesión y liberalización de visados siguen su curso. 

El Consejo de Europa también ha lanzado una llamada de atención a Hungría. Budapest se enfrenta a varias acusaciones por supuestos maltratos en centros de detención. «Nos preocupan especialmente las denuncias de menores no acompañados», reconoció ayer el organismo que recopilado un «número considerable de casos de abuso físico y verbal».

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Dos nuevos naufragios elevan a más de 4.000 los migrantes ahogados este año