El relevo forzoso de Gallardón que llegó por vía gallega

Sustituyó al político madrileño tras un controvertido mandato y el fracaso del proyecto de ley del aborto


Redacción / La voz

Rafael Catalá fue nombrado ministro de Justicia en septiembre del 2014, cuando hubo de sustituir a Alberto Ruiz-Gallardón tras un controvertido mandato que no dio más de sí al fracasar el proyecto de ley del aborto y decaer parcialmente la ley de tasas judiciales. Catalá fue presentado como un funcionario neutral, de larga experiencia en la Administración. Pero solo dos meses después de su nombramiento tuvo que digerir la dimisión del fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, cansado de las presiones recibidas para que los fiscales actuaran de forma inmediata contra Artur Mas. A partir de ahí pudo verse que, además de un gestor público pragmático, Catalá es también un defensor vehemente de los planteamientos políticos de su partido, para disgusto, en ocasiones, de jueces y fiscales.

Su acercamiento a la cúpula popular llegó por vía gallega. Era subdirector general de Política de Personal de Sanidad en 1990, el año del traspaso del Insalud a Galicia. En la negociación se ganó el aprecio de Francisco Villar, director general del Sergas, y de Ana Pastor, entonces directora de la institución en la provincia de Pontevedra. Cuando Aznar nombra a Rajoy ministro de Administraciones Públicas, en 1996, este se lleva a Madrid a Villar y a Pastor. Al paquete se incorpora Catalá, que es nombrado director general de la Función Pública.

Sus dos años en el ministerio se han visto condicionados por dos conflictos de peso que siguen vivos: la cuestión catalana y la inquietud de la Justicia por las injerencias políticas y por la falta de medios humanos.

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