Trágate tus palabras. Una cosa es lo que pensabas que iba a ser la paternidad y otra cosa es lo que es
09 nov 2016 . Actualizado a las 13:04 h.Padre perfecto y moderno, déjate de ideas preconcebidas y asume que esta etapa está llena de nuevas situaciones. Es mejor que las aceptes cuanto antes con una sonrisa. Y para el futuro, ya sabes: no hay que hablar tanto.
1. IR AL CENTRO COMERCIAL
¿Acabar yo en el Marineda City con el niño el domingo? ¿Estás de coña? ¡Ni que no hubiera mejores cosas que hacer! Que no te quepa duda: ese día inevitablemente llega. Allí está Peppa Pig (o Dora o quien sea) y, cuando te quieres dar cuenta, estás haciendo cola para que tu hijo se saque una foto con Bob Esponja. Seguro que en ella verás a un compañero de trabajo en la misma situación. Es lo que hay.
2. PONERLE «CANTAJUEGOS»
¡Ays, esos padres melómanos que quieren que los niños escuchen a The Beatles! Lo harán, si insisten. Pero en cuanto el huracán argentino pase (con sus melodías machaconas y con sus bailes expresivos). No hay vuelta atrás. En los cumples. En el coche. En el iPad. Y, sí, en los espectáculos que recalan en tu ciudad en los que acabarás haciendo la tetera. Ojo, que las canciones se pegan en la cabeza como chicle.
3. PADRES DE SUS AMIGUITOS
Uno de los prejuicios más extendidos entre los pre-padres es el rechazo a las amistades de parque o de colegio. Pero, cuando terminas dedicándole tres horas diarias a los columpios y los cumples de la clase son una constante, terminas ahí con los padres de otros niños que seguramente habrían dicho lo mismo que tú. Un día te sorprendes a ti mismo hablando con ellos de lo que comen y lo que no. Oye, ¡y te caen bien!
4. BOCADILLO A TROCITOS
¿Era el súmmum de la cursilería, verdad? Esas madres con las gafas de sol a modo de diadema hablando en diminutivos. Las que le dan el bocadillo (de jamón york y pan blandito) al niño trocito a trocito para que no se atragante. Bueno, pues descubres que así se lo comen mucho más rápido, liquidas la fase merienda en un periquete y te olvidas del trance del bocata. Luego llega la fruta (cortada en daditos de casa).
5. COMER CON DIBUJOS
El primer gran fracaso del padre moderno llega cuando, desesperado porque el niño no come, accede avergonzado a poner la tablet en la mesa con un capítulo de Pocoyó. ¡Adiós a esa imagen construida a sí mismo de progenitor sueco con salidas para todo! No te preocupes. Les ha pasado a todos. Esa madre perfecta de la guardería que te dice que no lo hace miente: ella también le pone dibujos al suyo a escondidas.
6. DEJAR DE SALIR
Hace falta experimentarlo solo una vez para borrar de un plumazo la idea del padre enrollado de la cabeza. Salir, llegar tarde y despertarse muy temprano con el niño llorando. La mezcla de resaca y llanto supone una de las experiencias más penosas que se pueden padecer en esta fase de la vida. No se sale más. Al tercer Iboprufeno confirmas que no merece la pena una tortura similar.
7. FIESTAS EN CASA
¿Verdad que érais una pareja dinámica y carismática que llenaba la casa de gente? Pues llega un momento que bebé y farra no son compatibles en el mismo hogar. Eso de tener a tus amigos en el salón con el gin-tonic y el niño durmiendo en la cuna al lado no funciona. Verás como muchos de esos amigos ya no vuelven más a tu casa. Dirán que ahora eres un muermo.
8. RECOGER JUGUETES
De rodillas, metiendo en el gran cubo de plástico muñecos de la Patrulla Canina, fichas de Lego, pegatinas de las frutas del Gadis y pelotas de Frozen. O eso o el caos. Sí, porque si quieres que tu hijo algún día recoja por sí mismo los juguetes, tiene que ver cómo lo haces tú. Los hábitos no se generan por ciencia infusa y tampoco quieres andar pisando juguetes por los pasillos.
9. DARLE EL COLO
Esto es como lo del iPad, pero ya en la primera o segunda semana. El niño llora y, a veces, si lo coges en brazos deja de llorar. Lo intentas colocar en la cuna a cámara lenta para que no arranque de nuevo. Pero antes de llegar ya está. Lo vuelves a poner contra el pecho y te mueves lentamente. Y justo ahí alguien sin hijos te dice que hay un libro que dice que eso no se puede hacer. ¡Aghhh!
10. EL «TODO INCLUIDO»
¡Qué tiempos aquellos en los que os sentíais especiales tomando unas Budweiser en el Lower East Side de Nueva York! Asúmelo. Eso es pasado. El modo de viajar ha cambiado radicalmente el día que terminasteis en Lanzarote, con una pulsera de todo incluido y tú bailando con la mascota del hotel con el niño, mientras tu pareja descansa en la piscina infantil de 30 centímetros de profundidad. Sí, eso tampoco lo ibas a hacer.