Rajoy se reservó hasta minutos antes de ver al rey el nombre de los ministros

Solo De Cospedal supo antes que el resto que sería la responsable de Defensa


madrid / colpisa

Apenas faltaban 50 minutos para que Mariano Rajoy accediera el jueves al palacio de la Zarzuela con la lista de sus ministros bajo el brazo cuando el teléfono de Dolors Montserrat sonó en Mataró, en pleno funeral por un amigo cercano. La llamada entrante era de la Moncloa. Al otro lado de la línea no tardó en escucharse la voz del presidente del Gobierno que, apurando los tiempos al máximo, comunicaba a la diputada del PP catalán sus nuevas responsabilidades en el Consejo de Ministros.

Poco antes, a primera hora de la tarde, en el norte del país, en Santander, los alumnos de la Escuela de Enfermería hacían un receso. El alcalde de la ciudad acababa de sacar de clase a la profesora, su pareja. Tenía algo urgente que comunicarle: ya no iba a poder seguir ejerciendo como regidor. Rajoy había decidido que el destino de Íñigo de la Serna iba a ser el Ministerio de Fomento y los dos tomaban un vuelo rumbo a la capital para la toma de posesión del viernes.

El móvil de Alfonso Dastis sonó a las cinco menos diez. El número llevaba el prefijo español. Desde Bruselas, quien unas horas más tarde se convertiría en ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, atendió la llamada. Esa misma noche dormía ya en Madrid. Cuando Juan Ignacio Zoido, el que fue alcalde de Sevilla entre el 2011 y el 2015, se puso al teléfono, tampoco esperaba que el jefe del Ejecutivo tuviese reservado para él un sillón en su Gabinete como sucesor de Jorge Fernández Díaz.

Lo cierto es que ninguno de los cuatro figuraba en los pronósticos del PP, pese a que los populares contaron con cinco días extra para afinar las predicciones desde que Rajoy fue investido el pasado sábado. Así, cuando el jueves, a las 18.55, la secretaría de Estado de Comunicación, Carmen Martínez, hizo pública la composición del Ejecutivo, no se registraron acertantes en las apuestas. En realidad, la continuidad de la vicepresidenta en el Ejecutivo era la única jugada totalmente segura en las porras del PP. También vaticinaron los dirigentes del partido, salvo dudas de última hora, que su secretaria general entraría en el Gabinete.

María Dolores de Cospedal fue la primera en conocer su futuro. Rajoy no tuvo que ponerse en contacto con ella el mismo jueves para desvelarle que a partir de ahora coordinará a las Fuerzas Armadas. Según explican fuentes próximas a la número dos del PP, la dirigente ya sabía que ocuparía el Ministerio de Defensa. Había cerrado con el jefe del Ejecutivo que se haría cargo de un departamento de corte institucional y, como dedujeron en el partido, que no abandonaría su puesto directivo en la formación.

Pactos y equilibrios

A nadie le extraña el modo de proceder del presidente. Enemigo de las filtraciones a la prensa y obsesionado con la discreción, suele conceder un escaso margen de tiempo para que sus elegidos se hagan a la idea y lo compartan con las personas de su entorno más cercano. Cuenta un exministro que en su caso sucedió así. En el contacto telefónico en el que le comunicó que entraría en el Gobierno, Rajoy le dejó claro que en media hora lo haría público. «No acepta un no por respuesta», aseguran sus colaboradores. En el caso de Cospedal es distinto. Ya en el 2011 colaboró de forma estrecha con el líder de los populares sondeando a posibles ministrables. Pero la discreción está garantizada. Mientras ella pactaba en la Moncloa, los populares la situaban hasta en tres carteras, Interior, Defensa y Fomento. E incluso hubo quien decidió lanzarse, aun a riesgo de quedar desacreditado, y, en el colmo del morbo, vislumbró a la número dos del partido quedándose con parte de las competencias de Sáenz de Santamaría al desgajarse la vicepresidencia y la portavocía. Finalmente, las dos eternas rivales, escuderas del jefe de filas, no se repartieron los despachos de la Moncloa.

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