Ruido de sables en el equipo que prepara la transición de Trump
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Su proximidad con Putin enfrenta a los republicanos con los asesores del magnate
16 nov 2016 . Actualizado a las 19:11 h.«Era cuestión de tiempo». «La guerra ha comenzado», repiten los analistas de los canales estadounidenses. Por mucho que sus más fieles se esmerasen ayer en transmitir una imagen de unidad en el equipo de Donald Trump, la realidad habla de algo bien distinto entre los afines al presidente electo y los halcones del Partido Republicano. El excongresista Mike Rogers, una de las voces más respetadas en el ámbito de la seguridad nacional, anunció ayer su dimisión del equipo. «Fue un privilegio preparar y aconsejar las políticas en todos los aspectos de la seguridad nacional», dijo Rogers al despedirse, sin especificar los motivos de sus marcha.
Varios medios apuntan a que la charla telefónica entre Trump y Vladimir Putin habría agotado la paciencia de Rogers, quien nunca estuvo de acuerdo con la política de mano tendida al presidente ruso. Cómo él, muchos pesos pesados republicanos en Washington habrían mostrado su desacuerdo y alertando de una futura profunda controversia con el Pentágono, donde los líderes militares y civiles se oponen a una colaboración con Rusia y menos en lo referente a Siria. Para añadir más leña al fuego, Al Asad dijo ayer que Trump será un «aliado natural» si lucha contra el «terrorismo».
La alerta ya había llegado días antes de las elecciones de la mano del jefe del Pentágono, Ash Carter, quien tiene diferentes informes listos para ser entregados al equipo de transición «algún día de esta semana», según su portavoz, Gordon Trowbridge.
«Están enfadados y son arrogantes. Manteneos alejados. Será feo», alertó Eliot Cohen, exfuncionario de la Administración Bush, sobre la tensión existente en el equipo de Trump. Mientras, la CNN hablaba de «una lucha mortal» y la CBS denunciaba un «estancamiento» porque Mike Pence, líder de la transición y vicepresidente electo, no ha firmado los papeles necesarios para gestionar el traspaso de poderes.
Carson se descarta
En el ruido de sables también participó el excandidato Ben Carson, quien había sonado como secretario de Sanidad. «El doctor Carson no cree que esa sea la mejor forma de servir al presidente electo», anunció su portavoz.
En paralelo y lejos de querer alimentar la polémica, Paul Ryan negaba la mayor. «Bienvenidos al amanecer de un nuevo Gobierno republicano», decía tras ser designado por unanimidad candidato a repetir como presidente de la Cámara de Representantes. «Podemos hacer América grande», añadía, olvidando cualquier riña pasada con el multimillonario.
Trump y Pence se reunían a puerta cerrada en la torre Trump para gestionar la crisis existente. También participó Steve Mnuchin, exbanquero de Goldman Sachs a quien muchos ya ven como el próximo secretario del Tesoro, aunque la composición del nuevo Gobierno sigue siendo un misterio. Eso sí, algunos ya comienzan a dar pistas. «Si Rudy [Giuliani] quiere, lo será», decía Newt Gringich en Fox News, sobre la posibilidad de que el exalcalde de Nueva York sea secretario de Estado. «Él tiene prioridad para elegir», confirmaba otra fuente consultada por AP.
Para la jefatura de la diplomacia americana había estado sonando con fuerza el nombre de John Bolton, exembajador de EE.UU. para la ONU, pero el lunes, el propio Giuliani al ser preguntado sobre si había alguien mejor para el puesto respondió: «No sé, quizás yo». Horas más tarde era Kellyanne Conway, jefa de campaña de Trump, quien contestaba con un«podría».
Obama alerta contra el auge del «nacionalismo burdo»
Desde la victoria de Donald Trump, Barack Obama no ha dejado de insistir en dos conceptos: fortaleza y unión. Ayer los volvió a reiterar en Atenas, tras su encuentro con el primer ministro Alexis Tsipras. Su última gira internacional está marcada por el creciente nerviosismo entre sus socios europeos, que caminan todavía a ciegas sin saber qué les espera con el multimillonario en la Casa Blanca.
«Debemos estar vigilantes ante el aumento de una especie de nacionalismo burdo o identidad étnica o tribalismo», alertó Obama ante la amenaza de los movimientos populistas a un lado y otro del Atlántico. Fue su primera advertencia. La segunda, vino en forma de recordatorio: «Sabemos lo que ocurre cuando los europeos empiezan a dividirse y a enfatizar diferencias. El siglo XX fue un baño de sangre».
«Nunca me disculparé por decir que el futuro de la humanidad y el futuro de la mundo va a ser definido por lo que tenemos en común, a diferencia de aquellas cosas que nos separan y, finalmente, nos llevan a un conflicto», añadió ante la prensa. Obama repitió que le sorprendió la victoria de Trump y la justificó por «las ganas [de los votantes] de intentar hacer algo para ver si las cosas pueden cambiar».
Quiso tranquilizar a sus socios europeos y aseguró que trabaja para que Trump como comandante en jefe sea consciente de la importancia del mantenimiento de las relaciones trasatlánticas. «Pensamos que una Europa fuerte, próspera y unida no es solo positiva para los pueblos de Europa, lo es también para el mundo y para Estados Unidos», comentó en alusión a lo dicho por Trump en campaña sobre las relaciones con los europeos y en un anticipo de lo que tratará en la cumbre de Berlín.
Tsipras, que llegó al poder como líder de un movimiento populista, evitó dar su opinión sobre Trump, pero se alineó con la posición de Obama. Grecia está preocupado. El demócrata ha defendido reducir la deuda griega, pero es poco probable que Trump haga lo mismo. Obama visitará hoy la Acrópolis y pronunciará un discurso sobre los desafíos de la globalización, antes de tomar poner a Berlín.