Lord Jones ha muerto en el PSOE

La estéril batalla de nombres impide a los socialistas centrarse en el debate interno para articular un nuevo proyecto ganador


Madrid / La Voz

Decía Chesterton que «el periodismo consiste esencialmente en decir: “Lord Jones ha muerto” a personas que nunca han sabido que lord Jones estuviera vivo». Y hay que reconocer que algo de cierto hay en la sátira del genial escritor y periodista británico si nos atenemos a lo que se lee estos días en los periódicos sobre la crisis del PSOE. De la noche a la mañana, se han convertido en protagonistas del hecho noticioso personas que resultan ser perfectas desconocidas para la mayoría de los ciudadanos y asuntos que muy probablemente le importen un bledo al común de los mortales, mientras que las cuestiones verdaderamente relevantes siguen sin resolverse.

Y así, de pronto, se presenta como un tema capital para explicar la crisis del PSOE el hecho de que alguien como Susana Sumelzo, cuya fama no traspasaba hasta hace dos días las fronteras mañas, deje de ser portavoz en la Comisión de Cooperación Internacional o el de que la asturiana Adriana Lastra deje de ser portavoz en la de Administraciones Públicas. Ese absurdo solo se debe a que, mientras prepara junto a un grupo irreductible de fieles su plan para retomar las riendas del PSOE, como un Napoleón en la isla de Elba, Pedro Sánchez pretende mantener viva la llama del sanchismo convirtiendo en una purga estalinista el hecho de que la gestora socialista haya relevado en las Cortes a algunos de sus peones, que ocupaban cargos menores, por personas con mayor sintonía con la nueva mayoría en el partido.

En esa nueva mayoría que se impuso en el comité federal, lo que causa asombro es que Pedro Sánchez pretenda que, después de dimitir como secretario general, todo siga igual en el partido en lo que afecta a los cuadros y al discurso, como si nada hubiera sucedido. Recuerdan que la regla básica de la democracia en las fuerzas políticas es que, cuando uno se queda en minoría, da un paso atrás y se pone al servicio del partido, en lugar de conspirar para reconquistar el poder.

Y, aunque no lo dicen en público, causan perplejidad posiciones como la de Margarita Robles, que no es militante del PSOE y que entró en las listas por su compromiso personal con Pedro Sánchez. Consideran inauditas sus críticas a la nueva dirección y sus ataques a Felipe González. Y estiman que, si no se siente identificada con el giro del partido, y no siendo militante, lo coherente tras la caída de Sánchez era dar un paso atrás e incluso abandonar el escaño. Lejos de ello, cuestionó a la gestora hasta que confirmó que seguía como portavoz de Justicia, momento en el cual cesaron sus criticas y llamó a «pasar página». Y, a partir de ahí, pasa, para los sanchistas, a ser una traidora, uniéndose así al portavoz, Antonio Hernando.

Todo esto pinta un cuadro en el que el PSOE sigue enfrascado en una batalla de nombres que esconde una guerra por el poder en un momento crítico de su historia en el que corre riesgo de convertirse en una fuerza menor, y ceder la hegemonía de la izquierda a Unidos Podemos. Algo que impide un debate interno de fondo que permita articular un nuevo proyecto político para reconectar con una mayoría de los españoles. Lord Jones ha muerto, sí, pero lo que importa es que no se muera el PSOE.

Feijoo se mira en el espejo de Felipe González y Fraga

Alberto Núñez Feijoo empieza a ser ya ese tipo de político que pretende trascender las siglas de su partido para convertirse en un referente del país al que le toca gobernar, y cuya huella perdura, para bien o para mal, mucho más allá de su mandato. Los referentes son, a nivel nacional, Felipe González y, a nivel autonómico, Manuel Fraga y Jordi Pujol. Dirigentes cuyo legado va más allá de su gestión política y marca una época. Feijoo está todavía lejos de alcanzar el impacto que tuvieron en España, Galicia y Cataluña, respectivamente, los tres citados. Pero ese es el espejo en el que se mira, en lo bueno, claro, el líder del PPdeG. Y a consolidar ese albertismo es a lo que se va a dedicar en el tercer mandato.

Rueda se consolida como el relevo natural en el PPdeG

Una semana después de la formación del nuevo Gobierno gallego, nadie es capaz de señalar con seguridad quién sucederá a Feijoo en el liderazgo del PPdeG. La teoría de que hay que buscar a ese hombre entre los que ocupen un escaño en el Parlamento gallego porque el presidente de la Xunta podría abandonar el cargo antes de concluir su mandato carece de fundamento, porque Feijoo está decidido a cumplir a toda costa los cuatro años que tiene por delante. Los que lo conocen tienen claro que lo que pretende Feijoo con sus últimos movimientos es, más que dar pistas, borrarlas. Y apuestan por que al final no habrá sorpresas y se impondrá el candidato natural, que no es otro que Alfonso Rueda.

Caballero juega a ser el Susana Díaz de Galicia

Como si se tratara de un diseño fractal, el PSdeG reproduce a pequeña escala la crisis del PSOE. En ese diseño, Abel Caballero es sin duda el Susana Díaz de Galicia. Refrendado como aquella por los votos en su territorio, se considera con todo el derecho a hacerse con el control de los socialistas gallegos, aunque, para no arriesgarse, pretende de momento hacerlo por vía interpuesta para no exponerse a un fracaso que ponga en peligro su liderazgo territorial. Aspira por tanto a que Carmela Silva sea su Javier Fernández, haciéndole el trabajo de limpiar el PSdeG de reductos afines a Gómez Besteiro, que juega a su vez el papel de Pedro Sánchez, pretendiendo mantener desde fuera el control del partido.

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