La alternativa ideal para paleodietistas crudiveganos
21 nov 2016 . Actualizado a las 12:50 h.Tras el tremendo éxito cosechado por la dieta paleolítica, les presento la dieta pleistocénica o parantrópica, basada en los hábitos alimenticios de Paranthropus, un género de robustos homíninos que poblaron África hace unos 2 millones de años, a comienzos del Pleistoceno. Y una alternativa ideal para paleodietistas crudiveganos.
Aunque más bien cabe hablar de la nueva -y más apetecible- dieta parantrópica. El análisis morfológico de las masivas mandíbulas y piezas dentales del registro fósil, del patrón de microsurcos de éstas, así como su contenido isotópico, había permitido concluir que estos parientes lejanos comían casi en exclusiva correudas plantas de hojas fibrosas, rizomas, raíces y bulbos. Todos los cuales demandan una exhaustiva masticación para que resulten mínimamente digeribles.
Sin embargo, un nuevo y exhaustivo análisis de los patrones de microsurcos dentales ofrece una muy diferente perspectiva acerca de su dieta, en la que ahora -bueno, en realidad de aquella- primarían las plantas crasuláceas, como las euforbias, que se caracterizan por almacenar agua en el interior de sus hojas, lo que les confiere un aspecto cactiforme (de cactus, vaya). Y por tanto, mucho más suculentas, jugosas y tiernas. Que se verían complementadas con la ingesta de crustáceos, moluscos e insectos armados con duros caparazones, conchas y exoesqueletos que justificarían la necesidad de tamañas mandíbulas.
Así pues, la nueva dieta parantrópica aboga por alimentarse a base de cactus y euforbias con euforia; y acompañarlas con cangrejos, caracoles, cucarachas y todo bicho viviente con armadura incorporada.
Y lo mejor del cuento (ojo, el de los hábitos alimenticios de Paranthropus; que lo otro corre de mi cuenta), es que la nueva dieta viene avalada por un estudio realizado por investigadores de la Universitat de Barcelona y financiado con fondos públicos. En los tiempos que corren en España en el ámbito de la investigación y la ciencia, eso sí que es un milagro y no lo de las dietas.