Una colosal política con pies de barro

Juan Carlos Martínez REDACCIÓN / LA VOZ

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La locomotora del PP mediterráneo acabó abandonada por su partido al alcanzarla las sospechas de corrupción

24 nov 2016 . Actualizado a las 07:48 h.

Fue la locomotora del Partido Popular en la Comunidad Valenciana que logró arrebatar a los socialistas la primacía y convertir aquel territorio, a partir de los noventa y hasta las últimas generales, en uno de los graneros de votos conservadores en España. Ayudó a consolidar a Mariano Rajoy como líder del PP tras las sucesivas derrotas electorales del 2004 y el 2008, y el presidente del Gobierno la calificó como «la alcaldesa de España» tras 24 años consecutivos al frente del Ayuntamiento de Valencia.

Aunque esquivara las responsabilidades directas, la proliferación de casos de corrupción en su entorno acabó por llevarla a perder el poder, a sufrir que muchos de sus correligionarios le diesen la espalda y, finalmente, a recibir, de parte de los jóvenes de su propio partido, la observación de que «hay vida más allá de la política». El arrebatador don de gentes y la capacidad para conectar con los votantes que la hicieron crecer en sus años dorados tuvieron como contrapunto, al final de su carrera, formas bruscas de respuesta hacia sus detractores, que consideraron sus gestos los característicos de una forma caciquil de entender el gobierno. 

Periodista y economista

Rita Barberá Nolla nació en Valencia el 16 de julio de 1948, primera de las cuatro hijas de una familia acomodada de origen catalán. Su padre, José Barberá, era un periodista «de derechas a más no poder», que llegó a dirigir varios periódicos, entre ellos El Correo Gallego, y que presidió la Asociación de la Prensa de Valencia. Su madre era la heredera de la reputada fábrica de cerámicas Nolla. Hizo sus primeros estudios en un colegio católico de la ciudad, se licenció después en Políticas, Económicas y Empresariales y a continuación marchó a Madrid, siguiendo la senda de su padre, para estudiar Periodismo.

De regreso a Valencia, se empleó en el gabinete de prensa del Gobierno Civil y luego, por oposición, en el sindicato vertical. En esos empleos comenzó a demostrar su capacidad de comunicar.

Con 25 años, en 1973, fue proclamada musa de la Olimpiada del Humor que organizaba el Ayuntamiento. Poco después, en 1976, se convertía en una de las fundadoras de Alianza Popular en Valencia. Por su simpatía y su actividad arrolladora, los populares la eligieron para presentarse a las elecciones autonómicas de 1983. Ya no dejaría la política.

De forma inesperada, alcanzó la alcaldía de Valencia en 1991, gracias a un pacto con Unión Valenciana. En 1995 demostró su tirón electoral al alcanzar la mayoría absoluta, con 17 concejales, dando un vuelco a la tradición valenciana de votar a la izquierda. Fue su popularidad la que, de paso, impulsó a Eduardo Zaplana a la presidencia de la Generalitat. Ese mismo año se convirtió en presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias, cargo que ejerció durante ocho años y que consolidó su imagen en toda España.

Los años dorados de crecimiento económico le permitieron llevar a cabo una transformación de su ciudad que la situó en la vanguardia global. Pero la floración de obras y la prolongación de mandatos son el caldo de cultivo idóneo para la corrupción. A su alrededor dejaron sombras los casos Gürtel, Nóos, Emarsa, Fórmula 1, Feria de Valencia, Ritaleaks. Perdió el poder y pasó al Senado. La muerte, finalmente, la ha liberado de las acusaciones que pesaban sobre ella en el caso Taula.

Los méritos 

Pilar del PP en España. Como motor del Partido Popular desde la capital, Barberá contribuyó a convertir la Comunidad Valenciana en uno de los mayores graneros de votos de la formación conservadora, junto con Galicia, Baleares, Castilla y León y Madrid.

Soporte de Rajoy. En el 2008, tras su segunda derrota electoral, Mariano Rajoy fue confirmado como líder del PP en el congreso del partido celebrado en Valencia. El apoyo de sus anfitriones Francisco Camps y Rita Barberá fue decisivo para vencer a los aznaristas.

Municipalismo. Barberá fue presidenta de la Federación de Municipios y Provincias entre los años 1995 y 2003. Correligionarios y rivales reconocen su papel como impulsora de la independencia de la federación con respecto a los Gobiernos centrales.

Transformación urbana. Durante los sucesivos mandatos como alcaldesa, Valencia ha experimentado una radical transformación simbolizada por la vanguardista Ciudad de las Artes y las Ciencias. Acontecimientos como la Copa América o el campeonato de fórmula 1 proyectaron la imagen de la ciudad internacionalmente. 

Los traspiés 

La Gürtel. El apoyo a su ahijado político Francisco Camps, puesto en cuestión en el año 2009 por recibir trajes a cambio de concesiones, le supuso un fuerte desgaste. Afirmaciones como la de que «todos recibimos regalos» le crearon enemigos incluso en el PP.

El caso Nóos. Aunque finalmente no resultó imputada, sus alegatos de ignorancia sobre los pagos a la red de tráfico de influencias de Nóos por actos organizados en su ciudad le restaron credibilidad.

El «caloret». La oposición halló en su intervención en las Fallas del año 2015, cuando fue incapaz de hablar correctamente en valenciano, la guinda para consolidar sus acusaciones de caciquismo y tolerancia con la corrupción.

El caso Taula. El lunes pasado, Rita Barberá comparecía ante el Supremo para declarar como imputada en un macrosumario de corrupción, que señala prácticas generalizadas de cobro de comisiones en adjudicaciones de las Administraciones autonómica y local valencianas. Aunque defendió su inocencia, la Guardia Civil y la Fiscalía consideran que había contra ella pruebas fehacientes de blanqueo de capitales.