Distintos políticos asturianos analizan la trascendencia de la figura de Fidel Castro y los temores que despierta la presidencia de Trump en las relaciones con Cuba
26 nov 2016 . Actualizado a las 19:44 h.Dictador, libertador, hombre de gran cultura o autor de interminables discursos que las masas seguían firmas bajo el sol o la lluvia, carcelero y también líder de la resistencia frente al imperio (americano). La visión sobre la figura y el legado de Fidel Castro ha estado tan polarizada a su muerte como lo estuvo a lo largo de su vida. Para el portavoz parlamentario de IU en la Junta General, Gaspar Llamazares, el presidente cubano fue protagonista de «esperanzas y decepciones».
También le describió como «protagonista de una revolución contra la historia, aislada en América, marcada por la guerra fría y sitiada por el imperio» y añadió que «quedarán las ideas, la dignidad nacional y de América latina, las conquistas sociales y una solidaridad internacional sin limites» en un futuro en el que deberá llegar «el fin del embargo y el respeto a la soberanía de Cuba para la apertura política, económica y la consolidación de derecho».
Para el expresidente asturiano, hoy diputado en el Congreso, Antonio Trevín, la herencia de Castro es de valoración compleja. «Me quedo con lo que dicen los cubanos, en varios programas que he escuchado y que recogían opiniones de gente muy joven y también de otros mayores que vivieron la dictadura de Batista. En ellos había un elemento común en la preocupación por la mejora de la economía pero con la idea de que había que conservar los valores de igualdad, la sanidad y la educación con acceso para toda la población. Ese legado es un elemento común que la población reivindica para una isla que para los españoles es muy importante afectivamente».
Para el concejal ovetense Roberto Sánchez Ramos, la talla de la figura de Castro es la de «un personaje que nadie puede discutir, el último gran personaje del siglo XX que hace un recorrido impresionante por la historia». Para Rivi resulta especialmente llamativo que el presidente cubano llegara a liderar una revolución social partiendo de orígenes acomodado, «a pesar de su extracción social Fidel siempre se batió por los perdedores, tomó un camino diferente a lo que indicaba ese origen». Destacó que en una de las conversaciones que mantuvo con el papa Juan Pablo II le pidió que permitiera la educación religiosa en la escuela y que cuando se negó le reprochó que él había estudiado con los jesuitas «por eso precisamente no puedo permitir más que una educación laica». Rivi también recordó su papel frente al apartheid en Sudáfrica «y Mandela en sus memorias se lo agradeció por encima de cualquier otro líder europeo y americano». Fue un dirigente, a su juicio, «que convirtió una isla de la extensión de Andalucía y que era una colonia y un prostíbulo de los ricos norteamericanos, en una patria y en uno de los países más cultos y solidarios sobre la faz de la Tierra».
Para el expresidente asturiano y hoy portavoz socialista en el Senado, Vicente Álvarez Areces, fue «uno de los iconos revolucionarios del siglo XX que formará parte de la historia de las revoluciones, de cómo el sueño de unos visionarios, de un grupo muy reducido de personas que acabó con la dictadura de Batista y que fue un elemento mítico cómo fueron conectando con el pueblo cubano». Areces recordó que, en sus inicios, el régimen de Castro no era socialista y cómo «las circunstancias de la Guerra Fría le fueron derivando hacia la Unión Soviética», también cómo el bloqueo de EEUU «coartó el desarrollo de Cuba».
Todos ellos, Trevín, Areces y Sánchez Ramos coincidieron en manifestar su preocupación por las implicaciones que tendrá la presidencia de Donald Trump para el futuro de la isla caribeña. «Un personaje que puede apretar el botón de los misiles», para el concejal de IU, que podría ahogar la etapa de distensión abierta por Obama, para Trevín y que, según Areces «es esa relación esperanzadora lo que dea la mayoría de la población joven en la isla y también en el exilio». Una además, «en la que España y Asturias puedne jugar un papel y no debemos dejar que EEUU dé un paso atrás. Asturias tiene allí un gran prestigio institucional y en la raíces históricas, que son muy profundas y la gente se siente orgullosa de esa herencia».