Los anticastristas presionan al futuro presidente de EE.UU.
28 nov 2016 . Actualizado a las 09:54 h.El futuro de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana afronta un futuro inmediato incierto, a la vista de las posiciones exhibidas en las últimas horas por allegados y figuras del equipo del presidente electo, Donald Trump, condicionando el mantenimiento de la apertura en los contactos diplomáticos y comerciales a un incremento de las concesiones por parte de La Habana. En 2014 los dos países, separados por medio siglo de enfrentamiento y desconfianza, iniciaron una histórica aproximación. El propio Trump emitió el sábado una nota oficial en la que proclamó que «hará todo lo que pueda» para garantizar la «prosperidad y libertad» de los cubanos, pero sin dar detalles acerca de cómo conseguirá esos objetivos.
Este domingo, Kellywanne Conway, asesora muy cercana de Trump y ex jefa de su campaña, recordó que el presidente electo considera que su antecesor en la Casa Blanca no logró concesiones de La Habana. «Su crítica a lo que ha ocurrido en los últimos dos años es simple, es que no conseguimos nada a cambio» del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, dijo, aludiendo a los derechos de «libertad religiosa, política y económica» de los cubanos residentes en la isla.
Dos senadores republicanos y ex candidatos presidenciales que ahora apoyan a Trump, Marco Rubio y Ted Cruz (ambos hijos de cubanos), también se manifestaron a favor de que la Casa Blanca pise el freno en la relación con Cuba. El senador Rubio se mostró ayer confiado en que el nuevo presidente electo revertirá la apertura hacia Cuba iniciada por Barack Obama, endureciendo de nuevo el embargo económico contra la isla. Rubio, quien tuvo ásperos choques con Trump en el proceso de primarias, expresó que el mandatario electo «ha dejado claro que él siente que los pasos del presidente (Barack) Obama hacia Cuba fueron equivocados». El senador había calificado el comunicado de condolencias que envió la Casa Blanca a la familia Castro de «patético.
A su vez, Ted Cruz se pronunció en favor de mantener el criticado bloqueo económico y comercial a Cuba, medida que a la luz de la aproximación iniciada entre Washington y La Habana debería ser eliminada por el Congreso estadounidense. «La presión económica estaba teniendo efecto real», ha dicho Cruz este domingo, mientras en el café Versailles de la calle Ocho -centro de la disidencia cubana en Miami- ayer se celebraba por tercer día consecutivo la muerte de Fidel Castro y se enarbolaban carteles de campaña de Donald Trump con su eslogan «Hacer a Estados Unidos grande otra vez».El Monumento a los Caídos de Playa Girón, en la Pequeña Haban, será escenario de una concentración el miércoles en la que se pedirá democracia y libertad en Cuba.
Los cubanos de Miami confían en que el presidente electo sea receptivo a los defensores de un endurecimiento de las relaciones entre Washington y La Habana, como el nuev oasesor del Tesoro al equipo de transición presidencial, Mauricio Claver-Carone. El abogado y empresario apoyó al senador Marco Rubio y es miembro del lobby Capitol Hill Cubans, contra las políticas en Cuba de Barack Obama. Su asesoría podría influir en las instancias que deciden las sanciones a empresas que vulneren el embargo.
Rence Priebus, presidente del Partido Republicano y jefe de Gabinete de los republicanos en la Casa Blanca, es también partidario de volver al endurecimiento del embargo. No obstante, ha condicionado la continuidad de la apertura comercial con los Estados Unidos al restablecimiento de determinadas libertades en la isla por parte de Raúl Castro, que dejará el poder en febrero 2018, según su propio compromiso. Priebus opina que «debemos conseguir un mejor acuerdo» con Cuba, y evitar «un entendimiento de una sola vía». Newt Gingrich, defensor la ley Helms Burton cuando era portavoz del Congreso, y a Rudy Giuliani, posible secretario de Estado, también están entre los defensores de terminar con el deshielo estadounidense-cubano.
La maraña del embargo
Por otra parte, con los republicanos en control de las dos cámaras del Congreso, las posibilidades de que el Poder Legislativo inicie el desmonte del enmarañado aparato legal del embargo se tornan más remotas. En el último año, Obama introdujo algunas flexibilizaciones al embargo mediante decretos presidenciales, pero ya en la campaña electoral Trump sugirió que, una vez en la Casa Blanca, podría cancelarlos para retornar a la situación previa. El legislador conservador Michael McCaul, líder de la Comisión de Seguridad Interna de la Cámara de Representantes, apuntó en una nota que se sentía «confiado en que la nueva administración repensará esta política de aproximación» a Cuba.
En el otro lado, los partidarios del fin del embargo esperan que Obama acelere en sus últimas semanas como presidente las medidas para poner fin a las medidas de castigo económico de Estados Unidos contra Cuba. En sus condolencias al pueblo cubano por la muerte del viejo líder revolucionario, el gobierno estadounidense intentó reforzar el compromiso de la Casa Blanca con la actual política de aproximación. Obama extendió el sábado «una mano de amistad» a los cubanos y defendió la actual política, basada «no en nuestras diferencias sino en las muchas cosas que compartimos como vecinos y amigos».
En tanto, el secretario de Estado, John Kerry, afirmó categóricamente en su mensaje que «Estados Unidos reafirma su apoyo a la profundización de nuestro compromiso con el pueblo cubano, hoy y en los próximos años». «Un retroceso en el proceso de normalización significará que Estados Unidos se aislará nuevamente mientras Cuba se sigue moviendo hacia una reforma política y económica», señalan fuentes partidarias del deshielo.
A su vez, Jason Marczak, del Atlantic Council, de Washington, coincidió en que «la muerte de Fidel remueve la principal queja de los que se oponen a la actual política» de la Casa Blanca. «El cambio está llegando para quedarse en Cuba. Estados Unidos puede ser parte de ello o sentarse a un costado por los próximos cuatro años», señaló Marczak.