La vida erótica enriquece a las personas y la vida erótica nutre y enriquece a las parejas. Y enriquecer la pareja es enriquecer la familia.
04 dic 2016 . Actualizado a las 09:36 h.Esta semana tuve el gusto de colaborar con un Grupo de Crianza Responsable, llamado La Mi Tribu. Después de un exhaustivo repaso a las cuestiones claves en la Educación Sexual infantil de 0 a 6 años, hice al final un somero recordatorio sobre la importancia de cuidar no solo a nuestros hijos e hijas de esa edad, sino también a la pareja. El recordatorio de la pareja como centro de la familia generó interesantes reflexiones, rostros resignados, otros pensativos y me emplazaron a tratar ese tema en futuras colaboraciones.
Quince años de trabajo en nuestra consulta, haciendo Terapia Sexológica te hace darte cuenta lo difícil que es a veces la vivencia de la maternidad y la paternidad. La aparición de esa tercera personita puede causar un verdadero terremoto en los cimientos de la pareja si no tenemos clara la decisión o si uno de los dos simplemente cede, sin mucho interés, y no se implica en todo lo que supone la crianza. Cada edad tiene una exigencia y es muy importante que ambos miembros de la pareja colaboremos juntos en cada etapa.
En lo que tiene que ver con la primera crianza vamos detectando un cada vez más habitual vuelco del concepto familia. Este concepto es de las cosas que vemos que no están evolucionando del todo bien. Nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc, tenían muy claro que el eje central de la familia, el centro de la familia, es la pareja que decide conjuntamente (y se supone que libremente) incluir en su relación a más personas. Y digo más personas ya que nuestros hijos o hijas no son clones, no son adornos de una relación ni su destino debe ser cumplir aquellos sueños o frustraciones que nosotros y nosotras no fuimos capaces de cumplir. Nuestros hijos e hijas son personas, personitas en construcción, pero personas al fin y al cabo y van a tener su carácter propio, su personalidad propia y, en el futuro, su vida propia. Nuestros abuelos tenían descendencia, y esa descendencia crecía y la tenía a su vez y así. ¿Y quién seguía siendo ese centro familiar? La pareja inicial que la construyó.
Suelo explicar en mis charlas que los hijos e hijas son «cosas» que decidimos incorporar a nuestra relación. Nadie nos obliga, lo decidimos, pero que incorporemos a nuestra relación a estas personitas no significa que tenga que cambiar el centro de la familia, que es siempre y en todos los casos la pareja. No podemos pretender que nada salga bien si la pareja, al tener su bebé, desaparece y ese bebé se vuelve el centro de nuestro universo, la cúspide de nuestra pirámide y nosotros simplemente las esquinas o la base inferior.
¿De parejas a cuidadores?
Pasar de ser pareja a ser simples compañeros o compañeras de piso es solo cuestión de tiempo. Pasar de ser pareja a simples cuidadores o cuidadoras es solo cuestión de tiempo. Acabar viendo a nuestra pareja como alguien con quien repartir tareas y deberes y nada más, aboca a esa familia a una convivencia cada vez más difícil y, muchas veces, a la ruptura. No tenemos hijos o hijas para que rompan la pareja, los tenemos para fortalecerla, para ampliarla a familia, por deseo de ser familia. ¿Pero quienes somos los creadores de esa familia? Nosotros, la pareja, no lo olvidemos.
Ya sabemos que la vida diaria no está diseñada para el placer, está diseñada para producir, para trabajar, para mantenernos ocupados dejando espacios mínimos al disfrute propio y acompañado. Es curioso por que todo lo que tiene que ver con la erótica y la amatoria está muy presente en los medios de comunicación y vivimos en una sociedad bastante erotizada. Eso si, esta erotización no busca que nos arrojemos en brazos de una vida hedonista llena de sensaciones, placeres, deseos, etc. No. Se usa lo erótico desde lo comercial, para vender, como motivador al consumo, como si fuese un objeto de consumo en si mismo.
Una sociedad entregada al placer es una sociedad que consume menos, ya que tiene menos demandas al tener cubierta gran parte de sus necesidades emocionales y eróticas… Pero el modelo de sociedad que tenemos pretende evitar esto, y aquí es donde comienzan a aparecer muchas dificultades en las parejas, que sin darse cuenta, van viendo como sus cimientos se van horadando poco a poco por falta de esa comunicación que significan los Encuentros Eróticos. Da igual que la pareja se quiera, se desee o se apetezca de forma evidente. Esos espacios no aparecen y cuanto menos aparecen, menos los cultivamos y cuando menos los cultivamos, menos aparecen y etc. Y eso acaba con una parte importante en la pareja. Y en muchos casos con una de las partes que nos pueden definir como pareja.
Cuando nos damos cuenta que nuestra relación tiene dificultades y no somos capaces de solventarlas nosotros desde dentro, es el momento de acudir a la consulta de Sexología que te pueda ayudar.
¿Y en qué consiste nuestra labor en estos casos? Simplemente recuperar las sensaciones, placeres y divertimentos eróticos que la pareja ha dejado de compartir. Diseñar espacios y momentos de cultivo así como sugerir y proponer ampliaciones de ese universo erótico que comparten. La falta de espacios puede tener que ver los hijos e hijas, puede tener que ver con los trabajos, puede tener que ver con el cuidado de otras personas o la convivencia con otras personas que, sin pretenderlo, te coartan un poco o un mucho tu intimidad.
La realidad de la pareja
Nuestro trabajo parte de la realidad de la pareja y trata de ajustarse a esa realidad. Obviamente no pedimos sacrificios. Basar parte de los cimientos de una relación de pareja en sacrificios está casi garantizando un fracaso. Hablamos de equilibrios, acuerdos, cesiones, encajes. Muchas veces una pareja ha perdido la perspectiva de su propia relación y no es consciente que hace un tiempo se organizaban perfectamente y tenían estupendos espacios, aunque fuesen negociados y poco espontáneos, para disfrutarse. Dos sencillos ejemplos pueden ser escapadas y citas.
Hay parejas que tienen estupendos hábitos de pequeñas escapadas, con ayuda de una red social o familiar de apoyo (abuelos, tíos o tías, amigos o amigas). Acudir como mínimo una vez al mes a pasar una noche fuera de nuestra casa, en un hotel, pensión, casa rural, etc, es una idea siempre muy recomendada y bastante sencilla de hacer. Una de las dos personas escohe un sitio para cenar, la otra un sitio para dormir y ese simple cambio de escenario, ya puede oxigenar nuestra relación y alimentar nuestro deseo. Y si no tenemos tanto tiempo, hay aplicaciones móviles que te muestran hoteles que te permiten pasar horas concretas en sus habitaciones, a un precio más asequible. Investiguemos.
Otra posibilidad está en el formato citas. Quedar por separado en algún sitio, arreglarnos adecuadamente para ese momento. Encontrarnos, tomar algo, cenar, pasear, bailar o simplemente picar algo y a dormir juntos tranquilamente porque necesitamos dormir, ya sirve para ir mejorando esa comunicación que va faltando en la pareja y que es tan necesaria. Por que cuando vamos viendo que nos hacen falta esos espacios juntos y volvemos a descubrir lo mucho que nos gusta tenerlos, es más fácil motivar ese cultivo.
Hay veces que no es fácil darse cuenta de lo que estamos aparcando o perdiendo pero si te encuentras con que estás perdiendo momentos y no quieres renunciar a ellos, habla con tu pareja. Encuentro sin reproches, orientado a cambiar aquello que nos entorpece. Y si no encontramos forma de hacerlo, busca al profesional de la Sexología que más cerca se encuentre de ti, de tu pareja.
La vida erótica enriquece a las personas y la vida erótica nutre y enriquece a las parejas. Y enriquecer la pareja es enriquecer la familia. El placer no es algo efímero o pasajero, es parte de lo que nos da sentido como personas y como pareja, de lo que más recordamos, de lo que más anhelamos. Tratemos de recuperarlo o dejemos que nos ayuden a recuperarlo. Solo está destinado a formar parte de nosotros y nosotras el resto de nuestra vida y así debemos transmitírselo a nuestros hijos e hijas.