Ambición sin mano izquierda

Con 39 años, se convirtió en el primer ministro más joven de la historia de Italia. Pero la juventud es enemiga de la prudencia


Redacción / La voz

Cuando, con 39 años, se convirtió en el primer ministro más joven de la historia de Italia, Matteo Renzi sorprendió con su desenvoltura, su ambición y su facilidad de palabra. Era febrero del 2014, y Renzi ilusionó al centro-izquierda europeo con un discurso que era renovador sin caer en el antieuropeísmo de otros nuevos líderes: en su primera comparecencia ante el Senado describió a Italia como un país aplastado por la burocracia y paralizado por la falta de coordinación entre los niveles territoriales de la Administración. Allí mismo dijo a los senadores que no se enteraban de lo que ocurría en la calle. Sus críticos diagnosticaron que las virtudes de la juventud venían acompañadas por sus debilidades: desconocía cómo se rige un país tan políticamente diverso como el suyo.

Tenían razón. La juventud es enemiga de la prudencia. Y su discurso contra la casta política italiana traía un vicio de origen. Su padre, el democristiano Tiziano Renzi, exconcejal en Florencia, es un importante empresario de la distribución periodística y de la publicidad en la Toscana.

Las relaciones del padre facilitaron la ascensión política del hijo, que en 1999, al tiempo que se licenciaba en Derecho, se convertía en secretario general del Partido Popular Italiano (heredero de la Democracia Cristiana) en su provincia. En las elecciones regionales del 2004 Renzi encabezó la lista de El Olivo, y las ganó. Desde la presidencia provincial se hizo notorio en el conjunto del país, al bajar las tasas, aligerar la burocracia y peatonalizar la ciudad de los Médicis. En el 2009 se convertiría en su alcalde.

La alcaldía de la octava ciudad de Italia lo impulsó en el partido. Identificado con la tercera vía de Tony Blair y esgrimiendo propuestas de escasa definición ideológica, aunó voluntades en torno a una idea fuerza: el relevo generacional, lo que le valió el título de Il Rottamatore (el desguazador). En diciembre del 2013, con su correligionario Letta al frente del Gobierno, obtuvo la primacía del partido. La dimisión de Letta lo llevó al cargo de primer ministro.

Ahora lo pone a disposición del presidente de la República precisamente por haber sometido a referendo aquel plan radical de reformas (premiar al partido más votado, desmantelar el Senado, recentralizar) que en unos ha generado miedo y en otros, rechazo. El gran error, señalan los analistas, es haber ligado su propio futuro político al resultado de la consulta popular. Sobrado de energía, parece que le ha faltado mano izquierda para crear consenso en torno a sus propuestas.

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