Merkel se derechiza para galvanizar a su partido en torno a ella

Endurece su política migratoria, acepta incrementar las deportaciones y se muestra a favor de vetar el burka


berlín / e. la voz

Giro a la derecha para galvanizar a su base política sin fisuras en torno a ella. A la canciller alemana le queda menos de un año para ganarse a un electorado que se arrima cada vez más a la formación xenófoba AfD, a su socio en el Gobierno de la gran coalición, la CSU, y sobre todo, al ala conservadora de su propio partido, polarizado como nunca por la crisis migratoria. Consciente de ello, la misma Angela Merkel que en septiembre del año pasado abría la puerta a miles de refugiados que se agolpaban a las puertas de Hungría, una hazaña que estuvo a punto de valerle un Nobel pero que a día de hoy sigue restándole popularidad, apostaba ayer por endurecer su política de asilo.

«Una situación como la que vivimos en el verano del 2015 no puede y no debe repetirse. Ese es mi objetivo político tanto en Alemania como en Europa», declaró la dama de hierro desde Essen durante el congreso anual de su formación, la Unión Cristianodemócrata (CDU), que volvió a elegirla como presidenta de cara a las elecciones generales del 2017 por un 89,5% de los votos. Un resultado nada despreciable que confirma que, tras 17 años al frente del partido, la líder conservadora no tiene rival a su altura. Sin embargo, al mismo tiempo supone un golpe, ya que se trata del menor apoyo que Merkel ha recibido hasta la fecha, después del 88,4 % cosechado en el 2004, y un porcentaje que queda muy lejos del 96,7 % con el que se alzó hace apenas dos años, y aún más de su récord, que estableció en el 2012 con nada menos que el 97,9 %.

Dos semanas después de haber anunciado que optaría a un cuarto mandato, la canciller consiguió arrancar once minutos de ovación a los más de mil delegados allí reunidos. Pero solo después de hora y media de un discurso en el que defendió recortar las subvenciones a los demandantes de asilo o acelerar las deportaciones de aquellos que no tengan perspectivas de quedarse en el país, entre otras cosas. «No todos los 890.000 refugiados que llegaron [en el 2015] pueden y deben quedarse aquí», señaló Merkel la nueva filosofía. La canciller calificó el polémico acuerdo migratorio con Turquía de «decisivo» para frenar a los traficantes de personas y tildó de «vergonzoso» el apoyo que Moscú presta al régimen sirio de Bachar al Asad.

Asimismo, y en un intento por calmar a sus correligionarios más críticos, la mandataria se pronunció por primera vez a favor de vetar el uso del burka «en todos los lugares en los que sea legalmente posible». «El derecho alemán tiene prioridad sobre la sharia. Las leyes deben ser cumplidas por todos, sin excepción. Rigen para todos los alemanes pero también para todos aquellos que han venido aquí a vivir», subrayó la canciller, que pretende evitar las sociedades paralelas.

No obstante, Merkel tampoco olvida al ala moderada de la formación e incluso a los socialdemócratas, sus otros socios en el Ejecutivo. De ahí que haya prometido aumentar la seguridad y no subir los impuestos, como parte de un programa electoral que deberá ser aprobado hoy por las filas de a CDU. «Necesitaré vuestra ayuda» para las próximas generales, que en ningún caso serán «un azucarillo», concluyó la dama de hierro.

Otro crimen azuza el debate migratorio

Entretanto, los políticos de todas las vertientes exigían ayer calma tras la detención el fin de semana de un demandante de asilo, sospechoso de violar y matar a una estudiante en la localidad de Friburgo. Un crimen que, al igual que ocurrió con las agresiones sexuales a mujeres de la pasada Nochevieja en Colonia, ha dado alas al ultraderechista AfD, que lo achaca a lo que llamó la entrada «incontrolada de cientos de miles de varones procedentes de culturas islamistas y patriarcales». El portavoz del Ejecutivo aseguró que, si se confirman las acusaciones, el detenido, un joven de 17 años sin antecedentes penales que llegó a Alemania en el 2015, será castigado. Pero insistió en que se trataría «de un delito cometido por un refugiado afgano», y no por todos los afganos o por todos los refugiados. «Si hubiera sido un alemán, no estaría menos horrorizado», argumentó el alcalde de la ciudad, el ecologista Dieter Salomon.

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