El ala dura de la CDU impone a Merkel acabar con la doble nacionalidad para los hijos de emigrantes

La canciller tacha la moción de «errónea» e insiste en que ni se aplicará «en esta legislatura» ni se incluirá siquiera en la campaña para las generales del 2017


BERLÍN / E. LA VOZ

«Necesitaré vuestra ayuda», había reclamado el día anterior la canciller alemana, Angela Merkel, a sus correligionarios de la CDU para cerrar filas de cara al próximo año, en el que deberá enfrentarse a tres elecciones regionales y unas generales, que debido al auge del ultraderechista AfD, se perfilan como las más difíciles de su historia. Pero parece que su partido, no contento con el viraje de Angela Merkel en política migratoria, que quedó de manifiesto en un discurso en el que apostó por acelerar las deportaciones, recortar las subvenciones, y hasta vetar el burka en los lugares públicos, le exigía ayer que se derechice aún más durante el cierre del congreso anual de la formación en Essen.

El ala más conservadora de la CDU aprovechó el congreso para aprobar una declaración a favor de enterrar la doble nacionalidad para los hijos de padres extranjeros nacidos en Alemania, una ley que fue aprobada en 2014 por el gobierno de la gran coalición a petición de los socialdemócratas. La medida, que afectaría sobre todo a la comunidad turca, implica que los jóvenes deberían escoger entre la nacionalidad alemana y la de sus progenitores tras haber cumplido 18 años. Sin embargo, poco después de la clausura, Angela Merkel reaccionó al desplante de sus correligionarios tachando la moción, que fue aprobada por mayoría, de errónea. Es más, insistió en que ni se aplicará «en esta legislatura» ni se incluirá siquiera en la campaña para las generales del 2017, en las que aspira a un cuarto mandato.

En la jornada previa, la dama de hierro salió reelegida con el 89,5 % de los votos, su segundo peor resultado de la historia y claramente inferior al récord del 98 % que obtuvo hace cuatro años. «La despedida de la eterna jefa ha comenzado», rezaba ayer un editorial del semanario Der Spiegel, que pone en duda la capacidad de Merkel para acallar las voces más críticas de su formación, dividida por la crisis de refugiados. Consciente de ello, la mandataria intentó demostrar liderazgo, al afirmar que la CDU está preparada y que a principios del 2017 presentará la hoja de ruta para el programa electoral junto a la CSU, su socio más conservador en el Ejecutivo.

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