Cismas familiares agrietan Lladró

Un fondo inversor español se hará con el 100 % de la firma de cerámica si la víspera de Reyes la familia lo ratifica


Redacción / la voz

Lladró, la compañía valenciana que tanto éxito ha cosechado, sobre todo fuera de España, con sus inconfundibles figuras de porcelana artística, se quedará en la segunda generación de empresa familiar. A la vuelta de las fiestas navideñas, la víspera de Reyes, la familia Lladró decidirá la venta de la empresa a la firma de capital riesgo PHI e intentará frenar, de este modo, el paulatino deterioro de gestión y resultados de lo que hasta hace poco fue una gran firma de lujo, reconocida internacionalmente y cuyas creaciones superaron, por inimitables, los intentos de copia de gigantes de producción industrial.

Los tres hermanos fundadores (Juan, José y Vicente), los tres ya octogenarios, verán incumplida la promesa que le hicieron a su madre de permanecer unidos. No ha podido ser. Mientras estuvieron al frente de Lladró -se iniciaron en un pequeño taller creado en la trastienda de la casa familiar valenciana (años 50)- forjarían un imperio, primero con unas naves a las afueras de la ciudad del Turia hasta levantar museos en Madrid o Nueva York. Fueron años de expansión, sobre todo por la aceptación que sus figuras de porcelana -elaboradas de forma artesanal con un sello específico en el perfilado a base de colores suaves y la cocción que todavía perduran- alcanzaron en EE.UU., Reino Unido, Canadá o Japón. Sus cifras de negocio con el cambio de siglo alcanzaron los 200 millones de euros y el número de empleados superaba los 2.000.

Si en aquella etapa de esplendor, en el que un Lladró era sinónimo de lujo y distinción, la toma de decisiones entre los tres hermanos ya generaba tensión, la incorporación de la segunda generación al consejo de administración supuso un punto de inflexión en la marcha de la firma. Cada hermano aportó dos hijos (tenían tres cada uno) que se irían rotando en la presidencia de forma periódica. La fórmula no funcionó. Se repartió el capital en tres partes iguales (33 %). Y tampoco. Entonces Juan, el mayor, se hizo con el 70 % de la compañía y puso al frente a su primogénita, Rosa, pero fue demasiado tarde.

La marca de lujo intentó entonces escuchar al mercado con nuevos diseños con el propósito de recuperar posiciones. Varios ERE redujeron la plantilla a 700 empleados y a fin de este año apenas se alcanzará los 36 millones de euros de facturación.

Pese a los innumerables desencuentros, la familia, con sentimientos encontrados, ahora sí se ha puesto de acuerdo: vender y apartarse, aseguran fuentes conocedoras de la operación. Quizás porque 60 años después ni el patrimonio personal ni el enfoque de seleccionar desde el consejo de administración las creaciones del equipo de escultores -en vez de responder a las demandas del mercado- sirvan ya para esquivar la caída. El fondo español PHI, especializado en la gestión de empresas, se hará con el 100 % de Lladró si los Lladró al fin consienten. El inversor industrial alquilará las instalaciones durante 10 años y mantendrá el empleo.

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