Los asturianos prefieren la jornada intensiva a calentar la silla

Trabajadores, sindicatos y expertos en Derecho coinciden en la necesidad urgente de regular un cambio horario. La patronal aboga por un modelo no intervencionista. El cambio de huso se suma a la corriente


Redacción

Ni trabajadores, ni empresarios, ni sindicatos o expertos en Derecho tienen dudas. Los asturianos rechazan la cultura laboral de calentar la silla, esa que de forma diplomática se denomina «presencialismo». Todos abogan por un sistema que premie la eficacia y el rendimiento y que permita conciliar la jornada en la empresa con la familia y el ocio. El guante lanzado por el Gobierno para implantar un horario que concluya a las seis ha sido recogido en el Principado. Es necesario cambiar leyes, firmar nuevos convenios colectivos, adelantar el prime time en televisión y, fundamentalmente, tener voluntad. Así lo demuestran empresas asentadas en la región como el Grupo Lacera, que ya hace diez años que adoptó este tipo de medidas. «La jornada de ocho a ocho es cosa del siglo pasado. Tenemos que mentalizarnos», señala Belén Luzuriaga, responsable de cumplimiento normativo de la firma. No es la única. Capsa Food ha recibido recientemente un galardón por sus buenas prácticas en recursos humanos.

La necesidad imperiosa de cambiar el modelo es un principio que defiende tanto Gilberto García Buelga, secretario de Acción Sindical de Comisiones Obreras (CCOO), como Luis Antonio Fernández Villazón, profesor titular de Derecho Privado de la Universidad de Oviedo; o el coordinador para Asturias de la Asociación por la Racionalización de los Horarios Españoles (Arhoes), José Canseco. La patronal hace algunas puntualizaciones. El director de apoyo corporativo de la Federación Asturiana de Empresarios (Fade), Ignacio García, reconoce que es deseable pero reclama que se haga de forma individualizada en las empresas y sin imposiciones externas. Los más escépticos son quizá los autónomos. Creen que sería «complicado» para su sector, aunque están dispuestos a participar en todo aquello que suponga racionalizar. Así lo explica la presidenta de la Asociación de Trabajadores Autónomos de Asturias (ATA), Patricia Oreña.

Antecedentes  

No es la primera vez que este tema centra el debate político, social y empresarial en Asturias. Ya en octubre del año 2013, se constituyó la Primera Mesa Regional para la Racionalización de Horarios en Asturias, en la Junta General del Principado. En ella estuvieron presentes, además de los grupos parlamentarios, representantes de la Universidad de Oviedo, del Gobierno regional, de los sindicatos, de la patronal Fade, autónomos y también del colectivo Arhoes. Este primer paso supuso llevar la problemática a la Cámara asturiana, al igual que ha habido grupos de trabajo en el Congreso de los Diputados. El problema es que toda esta labor previa todavía no ha fraguado.

Desde el derecho

El profesor de Derecho Privado Luis Antonio Fernández Villazón reconoce que es necesario un gran pacto de Estado para impulsar el cambio, porque la legislación es muy variada y afecta al Gobierno central a las comunidades autónomas y las convenios colectivos. Pero Fernández Villazón añade que, junto con las leyes, será necesario «impulsar un cambio cultural, social y educativo, y eso no se hace con normas».

En manos del Gobierno central está, por ejemplo, modificar el Estatuto de los Trabajadores, ajustar la hora a la que comienza el horario nocturno y las condiciones en las que debe remunerarse. Este especialista explica que en la actualidad ese horario es desde las diez de la noche hasta las seis de la madrugada y que sería más racional hacer como en otros países de Europa y establecer el límite a las seis de la tarde. Otras herramienta sería establecer más normas imperativas, como obligar a que fuera de esa jornada el sueldo suba hasta un 40%. No cree que esta sea la estrategia que vaya a seguir el PP, porque choca de forma frontal con las políticas desarrolladas en los últimos años y con las reformas laborales que tienden a flexibilizar y no a regular. «Hay otras vías menos intervencionistas pero también menos eficaces que es implicar a patronales y sindicatos y darles facilidades para que lo apliquen en los convenios colectivos», argumenta Fernández Villazón. Reconoce que el cambio será «a largo plazo» y que, como superará una legislatura, requiere de la implicación de todos los partidos.

La Federación Asturiana de Empresarios aboga, precisamente, por esa vía menos intervencionista. Ignacio García reconoce que esta racionalización «es deseable, no cabe ninguna duda, y es algo que afecta no solo a los horarios laborales sino a las costumbres sociales». Ciñéndose al ámbito laboral, el portavoz de la patronal indica que es un asunto que se debe abordar «dentro de la negociación colectiva, en el marco de las relaciones entre empresarios y trabajadores». A su juicio, es en  el seno de la empresa «donde se debe concretar ese horario en atención a sus necesidades específicas». No considera que deba aplicarse una norma general porque «cada sector, cada empresa necesita libertad para adaptarse, sin poner en riesgo la productividad y sin imposiciones». Incluso, afirma que ya hay muchas empresas que están aplicando medidas de flexibilidad y conciliación.

Ejemplos reconocidos

El Grupo Lacera estableció su primer plan de conciliación en el 2006 y un año después implantó el plan de igualdad. Belén Luzuriaga explica que durante dos años recibieron multitud de premios y distinciones regionales y nacionales y que participaron, prácticamente todos los meses, en charlas y jornadas en favor de la conciliación. Entonces, llegó la crisis y el silencio. La flexibilización se guardó en un cajón y nadie volvió a mencionarlo hasta ahora. «La lectura positiva que sacamos de estos es que, si se vuelve a hablarse de ello es porque la recesión está pasando», ironiza. 

El año pasado Fade creó un premio a la gestión eficiente de los recursos humanos. En la primera edición, la compañía distinguida fue Capsa Food. La patronal valoró «la alineación de la política de recursos humanos con la estrategia de la compañía, su labor de desarrollo del talento profesional y sus políticas de conciliación». El plazo para presentar candidaturas para la segunda edición concluye, precisamente, esta semana.

Otras voces

Los sindicatos, en cambio, piensan que hay mucho camino aún por recorrer. Gilberto García Buelga afirma que es un tema viejo y que lo que necesitan los trabajadores «es que se tome en serio ya». El secretario de CCOO teme que la forma de presentar la iniciativa del Gobierno llame a engaños. «Esto no se trata de aprobar una ley y ya nadie trabaja después de las seis», explica, es, más bien, un cambio social en el que «se impulsan las jornadas intensivas, se premia el trabajo bien hecho y no el estar por estar». No está de acuerdo con que esto sea una barrera cultural que no se puede cambiar. En el pasado no era así.

García Buelga defiende que se ataquen muchos frentes a la vez, que se adelante el prime time en la televisión pública -«nadie creía que se pudiera ver fútbol a las cuatro de la tarde y se está haciendo por motivos económicos», afirma- y que se comience por esos colectivos que dependen de las administraciones públicas. Dentro de la negociación colectiva, pueden conseguir que se generalice la jornada intensiva y, en aquellos sectores en los que no sea posible, la partida con menos tiempo para comer. Esto ayudaría al sector servicios y al comercio a tener también horarios más racionales y a poder cerrar antes, porque sus clientes también harían la compra con antelación. ¿Seguirían existiendo los turnos? El responsables de Comisiones explica que hay profesiones que por su carácter no echan el cierre a las seis de la tarde. Seguirá habiendo turnos porque la policía, los hospitales o los bomberos son necesarios.

Cambio de huso horario

José Canseco señala que todo va en el mismo paquete, la racionalización de los horarios y el cambio de uso horario. Ambas medidas tienen como objetivo conseguir una mayor eficiencia en el trabajo, disponer de más tiempo libre y mejorar la organización de la vida. Coincide con la importancia de adelantar la programación de las cadenas de televisión y apunta la necesidad de adaptar los horarios de colegios e institutos a la realidad sociales de las familias. Esa organización llegaría incluso a la hostelería porque ajustaría los horarios de las comidas. El coordinador para Asturias de la Asociación por la Racionalización de los Horarios Españoles (Arhoes) asegura que el Gobierno debe dar el marco legislativo y que después empresas, trabajadores y organizaciones sociales tienen que ponerse a trabajar juntas. 

Aboga por erradicar el «presentismo, un vicio de todas las sociedad latinas, con la excepción de Francia». Lo importante, a su juicio, «no es el número de horas que se trabaja si no el rendimiento; en Suecia, ya tienen programas piloto con jornadas de seis horas, que son en las que la mente humana es realmente eficaz». No le vale como excusa el tamaño de la empresa. «Si se organiza bien y existe un liderazgo adecuado da igual que sea pequeña o grande», insiste. Lo que hace falta es voluntad.

Ve a los políticos de su lado. Su organización ha hablado con todos los grupos de modo formal, salvo con Podemos. Han tomado nota y parecen convencidos. «Es sencillo pero hay que hacerlo», reconoce Canseco.

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