Alemania inicia las deportaciones masivas de afganos

Angela Merkel ha asegurado que no volverá a ofrecer asilo a otros 890.000 refugiados como hizo en 2015


berlín / e. la voz

Hace unos días, Angela Merkel trató de ganarse a sus correligionarios con un mensaje inequívoco: no volverá a ofrecer asilo a otros 890.000 refugiados como hizo en 2015. Un objetivo que se hizo ayer evidente, con la primera deportación colectiva de afganos llevada a cabo por el Gobierno alemán. Según medios locales, se trata de un grupo de 50 personas a las que las autoridades denegaron el permiso de asilo, por considerar que su país de origen ha dejado de ser inseguro, y que fueron enviadas en un vuelo chárter desde Fráncfort a Kabul. El semanario Der Spiegel asegura que después serán trasladadas a las regiones de las que proceden, y que este podría ser solo el primero de los muchos aviones que despeguen de Alemania con el mismo objetivo en los próximos meses.

Aunque la información no fue confirmada por las autoridades ni por la policía de fronteras del aeropuerto, el ministerio del Interior ha insistido desde hace tiempo en la necesidad de enviar una señal a Afganistán que sirva para frenar la llegada de demandantes de asilo. Es más, la propia canciller ya habló de la posibilidad de forjar con el país asiático un acuerdo migratorio similar al que sellaron en marzo Turquía y la Unión Europea. Y es que, después de sirios e iraquíes, los afganos constituyen el tercer mayor grupo de refugiados que llegó el año pasado a Alemania. De ahí que el Ejecutivo de la gran coalición defienda las expulsiones de inmigrantes de esta nacionalidad, alegando que en Afganistán existen ahora zonas seguras como las ciudades de Masar-i-Sharif o Herat, en las que se puede hacer vida normal.

No piensan lo mismo las oenegés ni los varios cientos de activistas que protestaron ayer frente al aeropuerto de Fráncfort con pancartas y octavillas que rezaban «No a las deportaciones hacia Afganistán», al tiempo que advertían de que el país, controlado parcialmente por los talibanes, está lejos de ser seguro para los inmigrantes, susceptibles de convertirse en víctimas de torturas y represión. También la capital alemana fue escenario el fin de semana de numerosas manifestaciones. «Enviar a la gente a Kabul, dejarla allí y abandonarla a su suerte es irresponsable», denunció el gerente de Pro Asyl, Günter Burkhardt. Entretanto, la medida ha abierto un debate y se ha colado en la agenda política, después de que el líder de la CSU, Horst Seehofer, dijera que confía «en que esta no sea una deportación aislada».

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