El líder de la oposición interna tiene ahora las manos libres para criticar

El expresidente ha aparecido cada cierto tiempo para zurrar y dar lecciones a Rajoy como guardián de las esencias del PP


madrid / la voz

Aznar designó a Rajoy como sucesor en agosto del 2003. Lo hizo después de que Rodrigo Rato le dijera dos veces que no, como reveló en sus memorias cuando el gallego ya era presidente del Gobierno. De esta forma dejaba caer que no le quedó otro remedio. Es solo una muestra de las pullas que ha lanzado a Rajoy estos últimos años, en los que se ha convertido en el líder de facto de la oposición interna en el PP. FAES, que fue el laboratorio de ideas del partido, se ha convertido en el altavoz crítico del centroderecha. 

Aznar ya cuestionó el liderazgo de su delfín tras su segunda derrota electoral en el 2008 frente a Zapatero. Finalmente la operación que encabezó Esperanza Aguirre para moverle la silla fracasó y Rajoy mantuvo el liderazgo del PP en el congreso de Valencia. En aquella ocasión llamó la atención que ambos políticos ni se saludaran.

El expresidente ha aparecido cada cierto tiempo para zurrar y dar lecciones a Rajoy como guardián de las esencias del PP. Así ha criticado duramente la subida de los impuestos, el aumento de la deuda, el incumplimiento del déficit, la política antiterrorista o la cuestión catalana. Las relaciones estaban tan deterioradas entre ambos que si el presidente de honor daba plantón a Rajoy en la convención de Valladolid del 2014, este le respondía excluyéndolo de la campaña de las elecciones europeas. En el 2015 Aznar aceptó inaugurar la convención nacional, pero fue para volver a lanzar un dardo envenenado al presidente. «¿Aspira realmente el PP a ganar las elecciones?», ¿Dónde está el PP?», se preguntó. Además, criticó al Gobierno por lo que consideraba concesiones respecto a ETA y Cataluña. Tras las elecciones catalanas, advirtió a Rajoy de que el electorado ya le había dado cinco avisos que no podía desoír. Otro momento muy tenso fue la filtración de la inspección que la Agencia Tributaria hizo a Aznar, que este consideró una puñalada debida al fuego amigo. Uno de los últimos dardos que envió a Rajoy fue con motivo de la muerte de Barberá, cuando le afeó que la exalcaldesa de Valencia falleciera «excluida del partido al que dedicó su vida». Los partidarios de Rajoy tampoco se han callado. Así, por ejemplo, han endosado el caso Gürtel a la época de Aznar, insistiendo en que fue Rajoy el que cortó con la red corrupta de Correa.

A partir de su renuncia a la presidencia de honor del PP, Aznar tiene las manos completamente libres para criticar los aspectos de las políticas del Gobierno que no comparte, lo que hace prever que irán en aumento.

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El líder de la oposición interna tiene ahora las manos libres para criticar