2017: otro año de crecimiento con poco empleo nuevo en Asturias

Sindicatos y empresarios vaticinan un ligero enfriamiento de la actividad económica con una expansión del 2% del PIB y una lenta reducción del paro. La subida de los tipos de interés en Estados Unidos, el encarecimiento del petróleo y la incertidumbre política actuarán como freno


Oviedo

La economía asturiana arrastra unas dudas existenciales que el crecimiento no resuelve. Nadie cuestiona -ni los observatorios independientes ni los agentes sociales y económicos de la comunidad autónoma- que en el 2017, por cuarto año consecutivo, el producto interior bruto de la región volverá a aumentar. Vista a través de la lente de la macroeconomía, la crisis empieza a quedar muy atrás, pero los frutos de la nueva etapa expansiva son más difíciles de saborear para las personas en sus hogares y centros de trabajo. Lo que nadie espera del nuevo año es un recorte sustancial del paro ni un crecimiento acelerado de los salarios. A los sindicatos les preocupan el abandono de los planes de formación de los desempleados y la ausencia de detalles sobre las inversiones pactadas en el nuevo acuerdo de concertación, los empresarios echan de menos nuevos enfoques en una gestión económica que consideran demasiado rutinaria y apegada desde hace años a las mismas fórmulas, y los analistas alertan de que la nueva fase expansiva puede tener bases endebles y verse sacudida por las incertidumbres de una política internacional cargada de incógnitas y la segura subida de los precios del petróleo. En otras palabras, vienen curvas y la velocidad se va a reducir.

«Seguimos y seguiremos en los próximos meses en la ola del crecimiento, y eso es positivo. Pero el PIB crecerá menos porque la economía mundial no tira con la fuerza suficiente. No van ni la Eurozona ni los países emergentes. Todos lo vamos a sentir», resume el decano del Colegio de Economistas de Asturias, Miguel de la Fuente. Los gabinetes de estudios han revisado a la baja sus previsiones para el cierre del 2016 y calculan que, una vez hecho el balance definitivo del ejercicio, el Principado habrá crecido en esos doce meses entre el 2,1% y el 2,3%. Sobre esa cifra, hay que esperar un descuento que, si se cumplen sus pronósticos, dejará el aumento del PIB en el 2017 alrededor del 2%.

Con esas tasas, un problema inmediato que sigue sin solucionar es el desempleo. Después de cuatro años seguidos de resultados positivos, Asturias aún acumula más de 80.000 parados (la cifra definitiva se conocerá cuando estén disponibles los resultados de diciembre), ya se midan según la metodología de la Encuesta de Población Activa o con las inscripciones en el Servicio de Empleo. Por ese lado, el secretario autonómico de UGT, Javier Fernández Lanero, ve muchos motivos para ser sobrio en su análisis. «No soy pesimista ni niego que haya datos y números positivos. Pero Asturias no habrá salido de la crisis hasta que ya no estén en ella todos los asturianos y, de momento, estamos dejando atrás a un montón de personas. Es una razón que impide a cualquier país presumir de avanzado», resume.

Un análisis similar procede de CCOO, cuyo máximo responsable regional, Antonio Pino, reparte la responsabilidad por la atonía del empleo entre la falta de estímulos públicos y el desinterés del sector privado. «Más allá del crecimiento, necesitamos empleos, y empleos de calidad. La inversión pública es claramente insuficiente y lo que aporta el compromiso de las empresas con la investigación, el desarrollo y la innovación es muy poco», apunta. Los sindicatos, además, tienen en el punto de mira el aumento de la desigualdad y las tensiones que desencadena en las economías familiares más débiles. El seguro de desempleo no cubre ni siquiera a la mitad de los parados asturianos (solo lo percibe el 46,3% del colectivo) y más de 48.000 personas (unos 25.000 perceptores titulares y quienes dependen de ellos) necesitan el salario social para sobrevivir. Esa partida ha supuesto en el 2016 un desembolso de 109 millones de euros para el Gobierno regional. En casi uno de cada tres hogares de la comunidad autónoma, la principal fuente de ingreso es la pensión de un mayor.

Por ese motivo, a los sindicatos no les parece una buena noticia, sino un mero gesto paliativo, necesario pero insuficiente, el peso del gasto social en el presupuesto regional. «Gastamos más en prestaciones sociales que en ayudas al desempleo. Hemos abandonado la formación para los parados mayores y de larga duración. Y se ha consolidado ese concepto nuevo y terrible del trabajador pobre. Todo eso seguirá en el 2017», vaticina Lanero. UGT y CCOO coinciden en sus ataques a la Consejería de Empleo por no haber tramitado en todo el año que acaba las partidas para la formación de los desempleados.

No solo las organizaciones sociales ven el vaso medio vacío. De la Fuente, aunque optimista sobre el 2017, insta a no aplazar la lucha contra los problemas enquistados de Asturias. «Estamos a la cola de muchas cosas y deberíamos movernos de ahí. Fallamos por el envejecimiento de nuestra población, por el pequeño tamaño de nuestras empresas y por la falta de inversiones en tecnología», diagnostica. Al Colegio de Economistas le preocupa también la debilidad de las exportaciones en los últimos trimestres. «La demanda interna no tira al alza por sí sola, y quizá también necesitamos otro marco fiscal y tributario para hacerlo, hasta cierto punto, más atractivo», diagnostica.

Los empresarios, mientras tanto, comparten la existencia de incertidumbres, tanto en el marco internacional (el Brexit, la presidencia de Donald Trump), como en el nacional (la posibilidad de que la reforma laboral de la primera legislatura de Mariano Rajoy quede sin efecto), pero mantienen el optimismo. «Quizá las tasas de crecimiento en el 2017 no sean tan fuertes como las de este año, pero la cifras que esperamos son de las más altas de la Unión Europea y están por encima de la media», expone Alberto González, director general de la Federación Asturiana de Empresarios (Fade). La organización se remite a las protecciones de la patronal nacional CEOE para estimar un crecimiento del 2,3% en el 2017 para el conjunto de España y una cifra similar, aunque ligeramente más baja, en Asturias. Pero, además de las incertidumbres políticas, vislumbra dos problemas puramente económicos que ya asoman a la vuelta de la esquina: una subida de los tipos de interés en Estados Unidos, ya anticipada por la Reserva Federal, y el reciente acuerdo de los países productores de petróleo agrupados en la OPEP para subir el precio del crudo.

Los empresarios comparten las críticas al Principado por la falta de inversión pública prevista en los presupuestos regionales. «Es ya el enésimo año consecutivo», recuerda González. En cuanto al empleo, Fade tampoco lanza las campanas al vuelo. «Hay posibilidades de reducir el paro, pero no creo que tengamos bases firmes para hacer que el proceso coja velocidad», señala.  La patronal señala que, en el mejor momento anterior a la crisis, había 53.000 parados y que en los peores momentos de la depresión posterior a 2008 la cifra se disparó por encima de los 110.000. Ahora está en un territorio intermedio y González cree que seguirá ahí mientras Asturias no resuelva sus problemas pendientes con la apertura de las empresas al exterior y la competitividad de sus productos. A los políticos les achaca cierta falta de imaginación que se plasma en la adhesión continuada a las mismas recetas, en la repetición de los métodos y los remedios aunque los resultados sean modestos: «Estamos en unos tiempo nuevos que requieren nuevas políticas y nuevas formas de actuar, no los mismos procedimientos de siempre. Sin embargo, los presupuestos repiten demasiadas partidas, cuantías y objetivos. El Principado nos entiende, pero no nos atiende».

En algo están de acuerdo los empresarios y los sindicatos. Asturias debe conservar su base industrial, que representa más del 20% de la actividad económica de la comunidad. El País Vasco, con sus fábricas y su pequeño pero muy rentable sector agrario, es el ejemplo cercano que atrae las miradas.

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