Putin opta por no reabrir la guerra fría con Obama en espera de Trump

Renuncia a expulsar a 35 diplomáticos en respuesta a las sanciones de EE.UU.

AFP
Redacción / Moscú

Barack Obama ha abierto una de las más duras escaladas diplomáticas desde el final de la guerra fría. Vladimir Putin ha optado por rechazar el guante arrojado por el presidente saliente de EE.UU. en espera de la llegada de Donald Trump. En vez de expulsar a 35 agentes estadounidenses como reacción a las nuevas sanciones impuestas por Washington, Putin puso la otra mejilla y optó por invitar a los hijos de los diplomáticos norteamericanos a la tradicional fiesta de año nuevo en el Kremlin.

¿Pretende así desactivar una de las crisis más graves entre Washington y Moscú? Su reacción persigue más bien dejar en mal lugar a Obama. «No le vamos a crear problemas a los diplomáticos estadounidenses. No expulsaremos a nadie. No prohibiremos ni a sus familias, ni a sus hijos disfrutar de sus lugares habituales de descanso en las fiestas navideñas», aseguró en una declaración difundida por el Kremlin. «Reservándonos el derecho a medidas de respuesta, no nos rebajaremos al nivel de una diplomacia irresponsable y de andar por casa», dijo Putin, cuando todos esperaban una andanada de contramedidas «recíprocas», como había anunciado horas antes su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, según informa Efe.

Se refería en particular al cierre de dos mansiones ubicadas en Maryland y Nueva York, que Rusia utilizaba presuntamente con propósitos de inteligencia.

Putin destacó que «la parte rusa tiene todos los motivos para adoptar una respuesta adecuada». Pero a renglón seguido aseguró que «los próximos pasos para el restablecimiento de las relaciones ruso-estadounidenses los tomaremos partiendo de las políticas que proponga la Administración del presidente Donald Trump».

Putin ha negado en numerosas ocasiones en los últimos meses que el Kremlin esté detrás de los ciberataques durante la campaña electoral, afirmaciones que han sido repetidamente secundadas por Trump. «¿Acaso Estados Unidos es una república bananera?», se preguntó en una ocasión.

Como demostró el acuerdo de alto el fuego alcanzado en Siria el Kremlin había dado ya hace mucho la espalda a la Administración saliente y está a la espera de que Trump asuma sus funciones para reanudar los contactos.

Rebajar espacios

Con las sanciones a Rusia, Obama intenta rebajar el espacio de actuación a Donald Trump. La propia asesora del magnate Kellyanne Conway señaló que el objetivo de Barack Obama es arrinconar a su sucesor.

Cuando saltó el caso en la campaña, importantes miembros del Partido Republicano acusaron también a Moscú, pese a que Trump se mostró escéptico y cuestionó a los servicios secretos. Ahora como presidente electo pretende que los servicios de seguridad lo informen. E insta a mirar hacia el futuro. El país debe dedicarse a quehaceres mayores, dijo ayer en una escueta reacción.

Una vez llegue a la Casa Blanca el 20 de enero, Trump podrá anular las medidas de Obama. Sin embargo, si decide hacerlo, se encontrará con resistencia en su propio partido. Hay halcones republicanos que pedían incluso medidas más duras contra Putin. También puede recibir presiones de aliados europeos. Sería la primera prueba a superar por Trump para mostrar hasta qué punto está dispuesto a cumplir con su anuncio de mejorar las relaciones con Rusia.

Los nidos de espías rusos eran dos viejas mansiones

Propiedad rusa desde los tiempos de la Unión Soviética, las lujosas mansiones de Maryland y Nueva York fueron consideradas durante años centros de fiestas y ocio de los diplomáticos rusos, que ahora tendrán que abandonar por orden de Obama. Pero el jueves los funcionarios estadounidenses las describieron como un nido de espías donde los rusos podían conspirar lejos de la vigilancia de Washington. Fue la primera vez que el Gobierno afirmaba de una forma tan contundente que personal ruso ha usado para «actividades de inteligencia» esas casas. Aunque no aclararon qué papel desempeñaron en los ataques al partido demócrata.

El complejo neoyorquino, ubicado en Glen Cove, localidad de Long Island, es la vieja e histórica mansión de Killenworth, edificado en 1912 y que fue hogar del industrial George du Pont Pratt.

Una reja metálica y una espesa maleza obstruye la vista de este verdadero castillo de propiedad rusa, que cuenta con 49 habitaciones. La finca está a menudo casi vacía, de acuerdo con las fuentes policiales consultadas por el diario The New York Times, y solo unos pocos cuidadores rusos la habitan durante todo el año.

En plena guerra fría, algunos vecinos se opusieron a la compra del edificio por parte de los soviéticos por «temor a que submarinos nucleares emergieran del río Chester». En 1982, la Administración Reagan acusaron a los rusos de usar la mansión para espiar a las industrias de defensa y tecnología de Long Island.

El complejo de Maryland está a orillas del río Corsica. Cuenta con varios edificios de ladrillo, una piscina, un campo de fútbol y canchas de tenis. Anatoly Dobrynin, el embajador ruso desde el mandato Kennedy a Reagan, visitaba el lugar con frecuencia.

Una injerencia coordinada desde altos niveles, pero difícil de probar

Washington acusa a Rusia de haber planificado ciberataques para obtener y difundir miles de correos electrónicos demócratas, interfiriendo así en las elecciones. A nivel técnico parece difícil hallar pruebas irrefutables que permitan identificar a los autores. El caso preocupa a Alemania y Francia de cara a las elecciones que celebran en el 2017.

¿Cuándo estallo el caso?

El escándalo estalló en junio, cuando CrowdStrike, una empresa estadounidense de ciberseguridad, reveló que dos grupos de hackers, Fancy Bear y Cozy Bear (que vincula al FSB), habían accedido a los ordenadores del Partido Demócrata. El primero se infiltró para interceptar las comunicaciones y el segundo buscó y robó, desde marzo, documentos relativos a Trump. Un mes después, WikiLeaks comenzó a filtrar correos internos del partido. El 12 de diciembre, el Congreso anunció una investigación.

¿Dispone Rusia de medios técnicos suficientes?

Herederos de la época soviética, cuando la URSS era líder en temas de espionaje económico, se puede decir que los hackers rusos tienen un gran talento. El primer país a quien pasaron factura fue Estonia en el 2007. Tras un desacuerdo diplomático, sufrió un ciberataque sin precedentes que incluso dejó el número de urgencias inoperante durante más de una hora. Ucrania y Georgia, que también mantienen tensas relaciones con Moscú, sufrieron ataques parecidos.

«Pienso más bien que se trata de una coordinación de actores privados y del Gobierno, con actores informales implicados, todos coordinados desde el más alto nivel», explica el redactor jefe de Agenta.ru, Andréi Soldatov.

¿Cuál era el objetivo?

La mayoría de los analistas consideran que simplemente era perturbar la campaña y hacer caer la confianza en la legitimidad de los comicios. Pero un informe de la CIA fue más lejos y dijo que el objetivo era hacer ganar a Donald Trump. Según Soldatov, no es seguro que ese fuera el objetivo, pero si hubo un intento de debilitar a Clinton, considerada por el Kremlin como «una enemiga jurada» desde que respaldó en el 2011 las protestas contra Putin siendo secretaria de Estado.

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