La respuesta a Rajoy de un asturiano que perdió a su padre en el Yak 42

El presidente argumentó que la tragedia había sucedido «hace muchísimos años». «Hace muchísimos años que yo no tengo a mi padre en mi casa por culpa de un gobierno que no lo evitó a pesar de que lo sabía», asegura Diego Novo

El comandante Antonio Novo, fallecido en el accidente del Yak-42
El comandante Antonio Novo, fallecido en el accidente del Yak-42

Oviedo

Diego Novo sólo tenía 15 años cuando escribió una carta dirigida al entonces ministro de Defensa, Federico Trillo. Planteaba 17 preguntas con las que intentaba entender las razones de un accidente aéreo que ha marcado su vida y la de toda su familia. Una concatenación de circunstancias se habían alineado el 26 de mayo de 2003 cuando su padre, el comandante Antonio Novo, y otros 61 militares españoles se subieron a un avión Yakolev 42, para regresar a casa, tras concluir una misión en Afganistán, a pesar de que habían recelado de que el aparato reuniera las garantías necesarias de seguridad. El avión se estrelló en Turquía y no hubo supervivientes. Los pilotos llevaban 22 horas de vuelo, con estrés y agotamiento; la caja negra no funcionaba, hubo fallos de identificación de los cadáveres e identificaciones falsas, seguros obligatorios de pasajeros sin suscribir y, sobre todo, nulas explicaciones oficiales. Trece años y ocho meses después, aún sigue sin una respuesta que aclare por completo por qué no se evitó el siniestro, si bien el dictamen del Consejo de Estado, que responsabiliza del accidente al departamento que dirigía el entonces ministro de Defensa, les ha devuelto en parte la confianza y la esperanza.

«Nos hubiera gustado que hubiera condenas»

«Es una victoria después de tanto tiempo de lucha. Es un espaldarazo que nos dé la razón. Quedan aún muchas cosas, pero es muy importante para nosotros que un alto organismo del Estado responsabilice a éste del accidente», reconoce Diego Novo. Él, que habla como portavoz de su familia, hubiera querido que esta resolución hubiera venido mucho antes como, por ejemplo, en el año 2012 cuando se solicitó la apertura del juicio oral contra seis mandos militares, incluido el Jefe del Estado Mayor de Defensa, Antonio Moreno Barberá, por homicidio imprudente. Y, de la misma manera, hubiera preferido que no se hubiera cerrado el caso, como ocurrió cuando asumió la presidencia del Gobierno Mariano Rajoy. «Nos hubiera gustado que se hubiera celebrado un juicio y hubiera habido condenas, pero cuando llegó al gobierno Rajoy cerró el caso y  a los pocos días indultó a las personas condenadas por el tema de las no identificaciones», recuerda.    

Esa actitud de Rajoy de dar carpetazo al caso es similar al que han podido apreciar esta misma semana cuando, tras conocerse el dictamen del Consejo de Estado, el presidente del Gobierno se limitó a decir que «eso ya está sustanciado judicialmente» porque «todo sucedió hace muchísimos años»; unas expresiones cuanto menos desafortunadas que han causado perplejidad e indignación en las familias. Diego Novo admite que las declaraciones de Rajoy «nos sorprendieron muchísimo y nos parece una total falta de sensibilidad referirse así a la mayor tragedia aérea y decir que pasó hace «muchísimos años», cuando hace muchísimos años que yo no tengo a mi padre en mi casa y todo por culpa de un gobierno que no lo evitó a pesar de que lo sabía».  

Efectos personales perdidos o borrados

La familia del comandante Novo advierte de que el caso no está cerrado. A partir de ahora, el dictamen del Consejo de Estado se remitirá al  Ministerio de Defensa, que decidirá si reconoce su culpa y, en caso afirmativo, si les indemniza o no simbólicamente y si, en el caso contrario, se puede acudir a la Audiencia Nacional a la vía contencioso-administrativa. «Por ejemplo, en la tragedia del cámping de Viescas, las familias de las víctimas lograron que se reconociese la culpa del Estado y esa sería la última vía que nos quedaría a nosotros», señala Diego Novo.

Al dolor por la pérdida de su padre, se sumaba además la falta de humanidad que percibieron ante la frialdad con la que las autoridades acogieron sus peticiones para recuperar los efectos personales de las víctimas. En julio de 2003, apenas dos meses después del accidente, la familia Novo recibió una nota del gabinete técnico del ministro de Defensa, donde le comunicaba que no había sido posible identificar ninguna de las pertenencias de su padre y les invitaba a reconocer una serie de objetos sin propietario conocido. La familia encontró una cámara réflex, un reloj digital, una navaja y unos sellos que eran del comandante. Paradójicamente, deberían estar dentro de una mochila azul que vieron en una fotografía incluida en una página web turca con otros equipajes de otros pasajeros.

Pero no acabaron ahí sus sorpresas. La familia recuperó una segunda cámara de tipo digital, pero se la devolvieron con la tarjeta de memoria borrada. Cuando la llevaron a dos laboratorios, recuperaron inicialmente siete fotos y más tarde otras 54 imágenes. Curiosamente, entre las recuperadas había testimonio gráfico del embarque en el Yak- 42.

Diego Novo incide en que estos efectos tenían, especialmente, un valor sentimental. «Había recogidas como 20 ó 30 mochilas, equipajes de los fallecidos y ninguna se nos hizo llegar. Me dio mucha rabia. La tarjeta de memoria de la cámara estaba borrada a los dos meses del accidente. Solo pudimos recuperar los objetos que nos dieron al principio. Logramos recuperar su cámara analógica, pero nos la dieron sin la funda, porque era donde en aquella época llevaba todos los carretes, y no tenemos ninguno», lamenta.   

La carta al ministro Trillo

Las familias de los militares muertos en la tragedia trasladarán la próxima semana a la ministra de Defensa, Dolores de Cospedal, su deseo de que su antecesor y ministro en la fecha del siniestro, Federico Trillo, sea relevado como embajador en el Reino Unido. Diego Novo amplía su petición al embajador de España en Suecia, Javier Jiménez- Ugarte, que en el momento del siniestro era secretario general de Política de Defensa y actuó como interlocutor con las familias. «Nosotros no queremos sólo que les cesen como embajadores, sino que además no les permitan estar al frente de cualquier organismo público que pagamos todos los españoles. Se ha demostrado que el que era el máximo responsable del Ministerio en aquel momento no evitó el accidente y viendo lo que hizo con la no identificación de los cadáveres nos convence de que no tiene ningún tipo de moral, ni política ni como persona y el que era su brazo ejecutor me llegó a escribir una carta diciendo que por qué había preguntado en aquel momento a Trillo insinuando esas cosas…No entra en ningún tipo de lógica», argumenta.

En memoria del comandante Novo, la localidad asturiana de Salas conserva una calle con su nombre. En su localidad gallega natal de Guitiriz se alzó un monolito, pero el vandalismo callejero sólo dejó en pie su base. Su familia desearía que la escultura que le recordaba en su pueblo volviera a ser repuesta. Es un símbolo, pero que contiene una gran carga emocional.

A Diego Novo le sorprendió la tragedia cuando sólo tenía 15 años. Escribía cartas porque «quería intentar que se hiciera justicia». La catástrofe aérea le marcó de por vida a él y a su familia. Hoy, trece años después, sigue buscando respuestas. 

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