Trump no se libera de las dudas sobre sus negocios y de los lazos con Rusia
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La Justicia de EE.UU. investigará el papel del FBI contra Clinton en las elecciones
13 ene 2017 . Actualizado a las 12:59 h.Donald Trump llegará a la Casa Blanca en medio de una guerra abierta contra todo y contra todos: los servicios de inteligencia, los medios de comunicación y el Ejecutivo de Barack Obama. «Ningún presidente ha llegado al borde de su toma de posesión con tantos problemas y este nivel de dudas públicas sobre su liderazgo», alerta The Washington Post. Como este diario, otros muchos repararon ayer sobre como lo habitual es que los presidentes lleguen a sus respectivas investiduras entre olas de máxima popularidad. No es el caso de Trump, quien asumirá la presidencia con un índice de aprobación del 37 %, el punto más bajo que obtuvo Obama durante su mandato, según un estudio de la Universidad de Quinnipiac, que indica además que dos de cada tres americanos quieren que el magnate cierre su cuenta de Twitter.
Esa red social volvía a servir ayer de plataforma a Trump para profundizar aún más en la guerra abierta con los servicios de inteligencia. «James Clapper me llamó ayer para denunciar el falso y ficticio informe que circuló ilegalmente. Datos falsos ¡Muy mal!», escribió el magnate.
Efectivamente, el director de la Inteligencia Nacional de EE.UU. llamó al neoyorquino, pero en ningún momento para calificar de falso el dosier que alertaba de que Rusia tenía material comprometedor para chantajear a Trump. Lo que hizo Clapper fue desmarcarse de la filtración expresando su «profunda consternación», pero dejando claro que los servicios secretos no filtraron el polémico documento. Los hechos habían servido al empresario para comparar a la inteligencia de EE.UU. con la Alemania nazi, una semejanza que ayer, colmó la paciencia de Joe Biden: «Es muy perjudicial que un presidente coja una de las joyas de la corona de nuestra defensa nacional y la denigre», advirtió. Biden recibió anoche la Medalla de la Libertad de manos de Obama.
Investigación al FBI
Aún así, lo cierto es que la imagen de esas agencias no pasa por su mejor momento y más después de que ayer se confirmase la apertura de una investigación al FBI, por un posible exceso en el caso Clinton, cuando a pocos días de las elecciones decidió volver a analizar los correos electrónicos de la candidata cuando era secretaria de Estado.
En medio de las preocupaciones sobre el espionaje, Trump ha dado un paso importante nombrando a su fiel amigo y exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, como asesor en ciberseguridad.
Otro de los problemas a los que se enfrenta Trump son las dudas que plantea su plan para desligarse de sus negocios y evitar conflictos de intereses. La decisión de no vender los activos de sus empresas es considerado insuficiente por la Oficina de Éticas Gubernamentales de EE.UU. «Debe ceder sus intereses financieros. Ninguna otra opción resolverá sus conflictos», sentenció su director Walter Shaub. La desconfianza es tal, que incluso en algunas tertulias políticas han retomado la posibilidad del impeachment, tras los rumores sobre un creciente nerviosismo en el seno del Partido Republicano.
Para sorpresa de muchos, la ultraderechista francesa Marine Le Pen fue vista ayer en la Torre Trump. «No se reunirá con nadie de nuestro equipo», aclaró el futuro portavoz presidencial, Hope Hicks. Entre sus acompañantes estaba el vicepresidente del FN, Louis Aliot, y el empresario italiano George Guido Lombardi, vecino del presidente electo -ocupa los pisos 62 y 63- y que es su contacto con la extrema derecha europea.
Los republicanos dan el primer paso en el Senado para desmantelar el «Obamacare»
El Senado de EE.UU. ha dado el primer paso para desmantelar el Obamacare, la ley sanitaria de la que se benefician más de 20 millones de estadounidenses. Los republicanos cumplen así los deseos de Donald Trump, pero sobre todo materializan un largo deseo tras el asedio a la reforma estrella del mandato de Obama desde su aprobación en el 2010.
Con 51 votos a favor y 48 en contra, la resolución aprobada ayer de madrugada da luz verde a varios comités del Congreso para que empiecen a preparar la legislación que desmantelará el Obamacare. Aprobada como medida presupuestaria nacional, la resolución pide a los comités que tengan lista esa legislación para el 27 de enero, lo que permitiría al Congreso revocar la ley sanitaria, o parte de ella, en febrero, a los pocos días de la toma de posesión de Trump.
Jugada legislativa
La resolución es una jugada legislativa, ya que eventualmente permitirá a los republicanos revocar el Obamacare con una mayoría simple en el Senado -que controlan 52 a 48- gracias a su carácter presupuestario y no con los 60 votos que se necesitan para rechazar muchas normas y que requeriría el apoyo de algunos demócratas. Aunque la mayoría de republicanos coinciden en el propósito de revocar el Obamacare, muchos han expresado reparos por la prisa de hacerlo antes de tener un plan alternativo. Por esa razón el republicano Rand Paul optó por votar no.
Se espera que la Cámara de Representantes, donde los republicanos cuentan con una amplia mayoría, apruebe hoy también la resolución. Su presidente, Paul Ryan, aseguró que el equipo de Trump y el Congreso se encuentran en «una completa sincronía» para tumbar la reforma sanitaria de Obama, aunque no detalló de qué manera planean sustituirla.
El líder de la minoría del Senado, Charles E. Schumer, responsabilizó a los republicanos del caos que provocaran con la derogación. «La derogación republicana pondrá a las compañías de seguros de nuevo a cargo de nuestra atención de salud, quitará la cobertura sanitaria a millones de estadounidenses y elevará los precios de las medicinas», dijo la senadora demócrata Debbie Stabenow.
El senador Bernie Sanders, principal representante del partido en este comité de Presupuestos, advirtió que «hospitales rurales tendrán que cerrar».