Alemania celebrará el 24 de septiembre los comicios más reñidos desde la reunificación

Conservadores y socialistas mejoran en las encuestas tras endurecer la política migratoria


berlín / e. la voz

El 2017 será un año decisivo para Europa, que tiene varias citas con las urnas, y Alemania no será la excepción. Tras las legislativas de Holanda, el 15 de marzo, y las presidenciales de Francia, previstas para abril y mayo, la primera economía europea celebrará elecciones generales el 24 de septiembre. Una fecha propuesta ayer en Consejo de Ministros por el titular de Interior, Thomas de Maizière, tras llegar a un acuerdo con los 16 estados federados, y que deberá ser aprobada por el presidente, algo que se da por descontado.

Los comicios, marcados por el auge de la ultraderecha y la crisis del bipartidismo, se perfilan como los más complicados para Angela Merkel, cuya intención es lograr un cuarto mandato como canciller al frente de la Unión Cristianodemócrata (CDU), que la eligió como cabeza de lista en diciembre con el 89,5% de los votos, su segundo peor resultado. Su política de puertas abiertas, unida a episodios como las agresiones sexuales en masa perpetradas la Nochevieja del 2015 supuestamente por inmigrantes, le valió las críticas de sus correligionarios además de una caída en picado de su popularidad a mediados del 2016.

Sin embargo, el último sondeo difundido ayer otorgaba a la CDU de Merkel y a su partido hermano, la CSU bávara, que amenazaba incluso con presentar a un candidato propio para protestar por su gestión de la crisis migratoria, un 38% de los apoyos. Un incremento del 1% con respecto a la semana pasada, que se debe al progresivo endurecimiento del derecho de asilo por parte del Ejecutivo y que se concretó con la aprobación hace unos días de nuevas medidas para proteger al país de la amenaza yihadista, tras el atentado de diciembre en el que murieron 12 personas.

Quien también ha salido beneficiado de ese viraje a la derecha es el Partido Socialdemócrata (SPD), que avanzó un punto hasta el 21%. Sin embargo, la formación atraviesa la peor crisis de su historia, tras formar gobierno con la CDU y la CSU. Ni siquiera ha anunciado todavía quién será su candidato para las generales, aunque todo apunta a que repetirá Sigmar Gabriel, actual vicecanciller. La única posibilidad que tienen los socialistas de arrebatarle el triunfo a Merkel es forjar una alianza con Los Verdes y La Izquierda, cada uno de ellos con el 9% de intención de voto, pese a que juntos no consiguen la mayoría necesaria para formar gobierno. Mientras, los liberales del FDP, con cerca del 6%, tan solo aspiran a volver a tener representación en el Bundestag.

Todos los partidos ensayan ya inéditas fórmulas de coalición a nivel regional, a sabiendas de los esfuerzos que deberán hacer en el ámbito federal si quieren imponerle un cordón sanitario a la nueva bestia negra del tablero político: la ultraderechista AfD, que tras capitalizar el rechazo de la población a la acogida de refugiados, se sitúa como la tercera fuerza más votada, con alrededor del 11%, y amenaza con colarse en el Parlamento. «Después de casi cinco años, estoy más movido por la convicción de que esta Alemania democrática y estable también afronta peligros», dijo ayer Joachim Gauck, en su último discurso como presidente federal antes de retirarse en marzo.

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