A propósito de una reciente agresión sexual en Avilés y las reacciones que originó en las redes sociales
05 feb 2017 . Actualizado a las 05:00 h.El primer título que barajé para este artículo era algo así como «Diario de un espantado», ya que ese lleva siendo mi estado de ánimo a lo largo de las últimas dos semanas. Hace ese tiempo, una joven de 18 años sufre una agresión sexual a manos, presuntamente, de un chico de 22 y con la presunta colaboración de otro. Como todo el tema judicial todavía está siendo investigado y no ha habido juicio, obviamente casi todo es «presunto»... Una vez hecha la aclaración, pasemos a narrar los hechos que yo viví. Al día siguiente de la agresión, la chica se pone en contacto conmigo y me cuenta su versión de lo sucedido. Cómo se siente es fácil de imaginar: humillada, dolorida, aterrorizada y, sobre todo, muy, muy avergonzada. Le pregunto si ha denunciado, me dice que no y trato infructuosamente de convencerla. Diferentes complicaciones a nivel personal y familiar le impiden dar el paso.
Ese mismo día, sus amigas, con mejores argumentos que los míos, consiguen que denuncie, acudiendo también al hospital a hacerse una revisión. Al mismo tiempo, escribe lo sucedido en un sencillo texto y sus amigas lo publican en las redes sociales, como forma de llamar la atención y dar la voz de alerta a las demás mujeres, ya que los supuestos agresores estaban libres.
¿Y qué sucede a partir de ese momento? De pronto, las redes sociales se llenan de cientos y cientos de personas que se dedican a analizar cada una de las frases y palabras que escribe, diseccionan su texto y la critican, la juzgan y la condenan. A ella. Muchos hombre y muchas mujeres con comentarios del tipo: «No haber bebido», «Eso te pasa por hablar con desconocidos», «Esto es solo una forma de llamar la atención», «Lo ibas buscando», «Estaba claro lo que te iba a pasar, en realidad te lo merecías», «Ya tienes tus 15 minutos de fama», «Haber dicho que NO desde el principio», y un montón de comentarios más de ese pelaje. Por supuesto, también hubo espacio para personas que dieron opiniones con criterio, que se enfadaron por lo que leían, pero cuyos comentarios se vieron ahogados por la maraña de injustificables opiniones, juicios de valor de reproche y condena a la víctima.
Ella los lee, habla conmigo buscando algún tipo de explicación. No la tengo. Le recomiendo que se aleje de esos comentarios y se deje proteger y mimar por sus amigas, volcadas en ayudarla. La víctima se siente mal, no solo ya por la agresión, sino por todo. Por haber salido, por haber bebido, por haber hablado con unos chicos y por haberles acompañado inicialmente, por no haberles dicho que no antes, etc, etc. De pronto todo parece ser culpa suya y, con 18, parece entender que no debe salir nunca más ni celebrar nunca más nada en absoluto.
Mientras, las redes «sociales» siguen ardiendo. «Debería haber gritado más»,«Haberse defendido más» (tiene el cuerpo lleno de marcas y moratones), «Si al principio dijo que SÍ pues ya está que es eso de arrepentirse», «No haber salido», «Por qué anda sola por la calle», etc, etc. En pleno 2017 (¡2017!) jóvenes de ambos sexos cuestionan la libertad individual de las mujeres. No pueden tomar decisiones si no están acompañadas, no tienen capacidad de movimiento si no es acompañadas, si al principio dices que SÍ ya no puedes cambiar de opinión por que tú empezaste, tú provocaste…En pleno 2017 las volvemos a poner como si fuesen ciudadanas de segunda. ¿No es esto lo que antes se llamaba ser el «sexo débil»? ¿No se supone que esto ya estaba superado?
Uno de los temas que trabajo en la Tercera Sesión de nuestro Programa Municipal de Educación Sexual en el Aula «Aprendiendo a Entendernos» es precisamente transmitirles a las chicas y a los chicos cómo toda persona tiene la capacidad de decir sí o decir no cuando considere oportuno. Trabajamos las interpretaciones que a veces decidimos hacer de ese sí o ese no. Y trato de hacerles ver que tú tienes derecho a decir sí o no cuando tú quieras. En cualquier situación, en cualquier circunstancia, en cualquier momento. Sin interpretaciones. Sí es sí y no es no. Punto.
Segundo capítulo
Pero unos días más tarde la historia entra en un segundo capítulo. En una ágil intervención policial, gracias a la clara y nítida declaración de ella (había bebido pero no estaba inconsciente ni nada parecido y, por supuesto, lo recuerda todo con demasiada claridad) se detiene al presunto agresor. Se filtra la noticia de su procedencia, un refugiado africano recién llegado a Avilés. De pronto, las redes «sociales» dan un brusco giro. De ser culpable de lo que le había pasado, de repente ella se convierte en la víctima a arropar y a proteger, mientras que el presunto agresor se convierte en el culpable solo por su nacionalidad y su color. De pronto se estigmatiza a todo un colectivo y se habla de «esos refugiados que en realidad vienen aquí a violar a nuestras mujeres». La opinión de la masa gira entonces del más rancio machismo, al racismo más beligerante. Cómo muestra aun se pueden ver todos los comentarios al pie de la noticia, tanto en prensa como en redes sociales.
Nuestra protagonista había omitido ese detalle en su relato. Con un excelente criterio, impropio de su edad, simplemente quería reflejar una agresión de un hombre hacia una mujer. Ese era el titular, eso era lo importante. Una agresión de un hombre a una mujer. No su procedencia, no si era africano, europeo, asiático o de tu barrio, tu portal o tu vecino. Un hombre había agredido a una mujer y quería que todo el mundo se enterase y se protegiese hasta que la policía lo detuviese. Ella solo buscaba con la publicación de su historia ayudar a las demás, advertir, proteger, tratar de conseguir que no se volviese a dar el caso. La policia fue ágil y esta agresión ya está solo pendiente de juicio y de lo que los jueces decidan pero… ¿y la víctima? Su recuperación física está yendo muy bien, pero ¿y la anímica? No solo tiene que recuperarse de la durísima experiencia que tiene que suponer una violación. También tiene que recuperarse de la insolidaridad de su entorno, de la condena de su sociedad, de hombres y mujeres de su edad, de su edad. Leer los comentarios parecía llevarte a un triste episodio de Cuéntame en 1950.
¿Y que vamos a hacer la sociedad? Creo que es evidente que sigue haciendo falta tanta educación. Hace falta Educación Sexual, Educación Sexual entendida como Educación de los Sexos. De hombres, de mujeres, de personas. De personas que se respetan, se comprenden, que empatizan. Personas libres, independientes, con criterio, con los mismo derechos y deberes, con las mismas capacidades de decisión, de disfrute, de protección.
El «Efecto Máscara» se lleva estudiando desde que aparecieron las redes «sociales». Esas redes en las que creemos que podemos decir lo que queramos, como queramos, cuando queramos y a quien queramos. El «Efecto Máscara» habla de la sensación de impunidad que nos permite ser jueces y verdugos, amparados en una irreal sensación de anonimato. Creo que estamos educando mal en el uso de estas redes. Habrá que insistir. La verdad es que siempre me queda la duda de si seríamos igual de hirientes, ofensivos, y desagradables sin esa máscara. ¿Lo seríamos? Yo prefiero creer que no. Sigamos trabajando.